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Ara Malikian
Ara Malikian.

Ara Malikian, un violinista virtuoso y muy festivo

El 25 y el 26 de octubre se presenta, en Medellín y Bogotá, Ara Malikian, virtuoso violinista libanés de origen armenio, educado en Alemania y Gran Bretaña y radicado en España. Todo un coctel de musicalidades que unen al Oriente con Occidente y América Latina.

Por: Eduardo Arias

Virtuosismo y fiesta. Rigor técnico e imaginación. Máxima concentración y carisma. No resulta fácil encasillar a Ara Malikian, el violinista que se presenta en Colombia este 25 de octubre en el teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín y un día después en el Jorge Eliécer Gaitán, de Bogotá. Estos conciertos forman parte de la gira que ha denominado Intruso, que es también el nombre de su último álbum.

Este título hace referencia a la sensación que ha tenido siempre de sentirse extranjero. De ascendencia armenia, nació en Beirut en 1968 y encontró en la música un refugio durante la guerra civil libanesa y a los 14 años viajó a Alemania. Esto significa que, según él, en Líbano lo consideran armenio, pero para los armenios es un libanés y para los europeos también es un foráneo. Por esa razón piensa que siempre ha sido un intruso que, eso sí, valora y agradece toda la diversidad cultural de la que se ha permeado y que le ha permitido fusionar diversos géneros musicales como el jazz, el flamenco, el tango y la música clásica.

A los 14 años obtuvo una beca del Gobierno alemán para estudiar en la Hochschule für Musik und Theater Hannover, y más tarde perfeccionó su arte en la Guildhall School of Music and Drama de Londres y después de varios años de permanecer en ambos países, se radicó en España.

Malikian ha visitado Colombia en varias ocasiones y ya se ha presentado en escenarios como el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el Jorge Eliécer Gaitán, Sus presentaciones se destacan por su capacidad para conectarse con las audiencias. Sin dejar de lado el rigor en su ejecución del violín, se acerca al público gracias a su naturalidad y sentido del humor. CAMBIO hablo con él acerca de sus presentaciones en Colombia y su relación con el violín y las diferentes tradiciones musicales de las que se ha alimentado.

CAMBIO: ¿Cómo es la presentación que va a hacer en Bogotá, qué tipo de repertorio puede esperar el público de los dos conciertos en Medellín y Bogotá?

Ara Malakian: Aparte de mi violín habrá un piano, una guitarra, una batería y un contrabajo. El repertorio lo componen temas míos, casi el 70 por ciento, y algunos de otros compositores que yo admiro como Ástor Piazzolla, Paco de Lucía, Jimmy Hendrick y algún arreglo que vamos a hacer de Nicoló Paganini. La temática del concierto es ‘intruso’, porque en mi carrera, un poco gracias al papel de ser intruso, he aprendido muchas cosas. Gracias a ser intruso en diferentes situaciones, grupos, músicas, he aprendido a forjar mi propia personalidad, mi propio camino. Artistas como Piazzola, Paco Lucía o Jimmy Hendrick al principio de sus carreras también fueron un poco intrusos. Eran tan innovadores y revolucionarios que los puristas a veces no les entendían y hasta se enfadaban con ellos. Entonces, el concierto es un homenaje a este tipo de música y de músicos.

CAMBIO: Su carrera desde muy niño ha sido como estar mirando detrás de la puerta, golpear. ¿Cómo han sido esas búsquedas desde distintos lugares?

A. M.: Cuando tenía 14 años me marché del Líbano a Alemania. Dejé todo. Mi familia, mis amigos, mi vida para empezar una nueva. Un poco la dejé por obligación porque el país estaba metido en una guerra donde no había ningún futuro para los jóvenes. Así que se me dio esta oportunidad de viajar a Alemania con el pretexto de estudiar violín y música. Tuve mucha suerte gracias a la música, porque un niño de 14 años tiene muchas tentaciones para desviarse al lado oscuro. Sin ningún control, sin nadie que te guíe. Al estar enfocado en mi pasión, que era el violín y la música, he quedado en enfocado hacia la luz. Gracias a la música me mantuve enfocado.

CAMBIO: ¿Cómo llegó usted al violín, cómo era el contexto de la música en Líbano ese momento?

A. M.: Mi padre estaba obsesionado con el violín y la música. Entonces él decidió por mí. No es lo más lo más sano del mundo, porque si tus padres deciden por ti lo que quieres hacer también puede salir muy mal, porque lo puedes odiar. Pero hoy día lo agradezco.

CAMBIO: El estudio del violín es muy exigente. Uno toca la tecla de un piano y suena la nota, pero con el violín hay que aprender a frotar la cuerda, la posición de la mano en el arco, que el instrumento esté bien apoyado para que empiece a sonar bien. Difícil para un niño aprender violín. ¿Cómo lo vivió usted de niño?

A. M.: Fue difícil. Pero mi padre era violinista, amaba al violín y consiguió transmitirme su pasión. A veces me costaba porque yo quería jugar con mis amigos, pero en vez de esto me quedaba encerrado en una habitación estudiando escalas, lo que odiaba también. Gracias a mi padre aprendí la disciplina y yo creo que en esa profesión es muy importante la disciplina. Uno puede tener talento, buenos profesores o buena disposición y tiempo. Pero sin una disciplina bien ordenada, es muy difícil salir adelante en nuestra profesión.

CAMBIO: Se nota que usted tuvo una formación clásica muy sólida, pero también se siente su libertad cuando interpreta piezas que pueden ser de, no sé, como toque árabe, mucho toque andaluz, pero también como gitano. ¿Cómo ha sido ese diálogo entre su formación clásica y la música de origen popular?

A. M.: Al principio mi sueño era ser un violinista clásico, pero luego la vida me llevó a otras partes también sin haberlo calculado. Yo tenía que sobrevivir, tenía que trabajar, entonces me metía en grupos diferentes tocando en bodas, en bares, en restaurantes, en las calles. Al principio me daba vergüenza porque yo quería estar en un teatro, pero sin saberlo aprendí muchas cosas. Aprendí músicas que me dejaron fascinado, aprendí otras técnicas para tocar el violín, otros modos de vivir. Creo que, por haber sido un intruso, porque me he metido en grupos a los no pertenecía, aprendí cosas que hasta los clásicos extrañan. Esa fue mi fuerza para luego redirigir mi carrera. No ser un violinista normal y corriente sino hacer las cosas a mi manera y encontrar mi voz y mi libertad.

CAMBIO: En su opinión, ¿cuál es esa magia que tiene el violín que atrae tanto a la gente?

A. M.: Conocemos mucho el violín en su versión clásica de los grandes compositores, pero va por mucho más. Hasta los grandes compositores tipo Brahms, Rahmaninov o Schumann quedaron fascinados por las músicas folkóricas y por las músicas de los zíngaros. Muchos de ellos compuisieron música inspirada por los zíngaros y hoy día creo que para ser violinista hay que asimilar la técnica zíngara de tocar el violín. El violín es clásico, pero también es muy zíngaro por naturaleza. La forma zíngara de tocar lleva siglos perteneciendo a la tradición de tocar el violín.

CAMBIO: ¿Cómo llegó usted a España?

A. M.: Un poco por casualidad. Yo vivía entre Londres y Alemania en aquella época y tuve una gira por España. Me gustó. No estaba muy satisfecho de mi vida entre Alemania y Londres y me mudé a España sin tener ningún contacto, ningún trabajo y me encantó, me enamoré del flamenco y descubrí al mismo puente que existe entre España y Latinoamérica. Descubrí todo un mundo que hasta entonces para mí era desconocido. Quedé impresionado con todos los ritmos y las músicas latinoamericanas. Para mí fue un cambio de vida y de cultura muy importante que se reflejó mucho en mi arte.

CAMBIO: Y de alguna manera también era un puente entre España y lo árabe: de pronto era completar un círculo.

A. M.: Absolutamente. Lo árabe ya lo tenía asimilado.

CAMBIO: Y el flamenco es acercarse de nuevo a lo árabe.

A. M.: Absolutamente. Era volver a mis raíces que también están en España. Claro.

CAMBIO: Usted alguna vez dijo en una entrevista que al principio se preocupaba mucho porque se había equivocado en una nota y que cayó en cuenta de que lo importante es la conexión con el público, que casi nunca nota los errores a menos de que sean demasiado evidentes. ¿Cómo fue ese cambio de mentalidad?

A. M.: Eso la aprendí al empezar a desviarme del mundo clásico. El mundo clásico es muy disciplinado, muy riguroso y se fija mucho en la perfección. Todo tiene que ser perfecto. Es más importante no fallar que no emocionar. Entonces, durante muchos años, cuando subía al escenario y fallaba entraba en una depresión y una tristeza enormes. Pero poco a poco vi las caras del público y me di cuenta de que el público no es tu enemigo, no está para juzgarte ni criticarte. El público gasta su tiempo para venir a verte, y entonces tiene que emocionarse, tener algo más que simplemente una perfección. Fue un antes y después que vino bastante tarde en mi vida. Tengo la suerte de contar con una base técnica sólida, pero ahora mismo lo que tengo que hacer es trabajar las emociones. Primero emocionarme a mí, relajarme y luego emocionar al público.

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