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Grandes álbumes deb2025

Álbumes de 2025 que usted debe oír

Otro año próspero para los lanzamientos musicales. Entre novedades, relanzamientos y reediciones, el catálogo del rock vive y convive dignamente con estos tiempos extraños. Un año que no olvidaremos porque, además, marcó la partida de varios grandes del rock: Ozzy Osbourne, Rick Davies (Supertramp), Ace Frehley (Kiss), Chris Dreja (Yardbirds), Danny Thompson (Pentangle), John Lodge (Moody Blues) y Gary Mounfield (Stone Roses y Primal Scream).

Por: Jacobo Celnik

Buckingham Nicks: Buckingham Nicks (Rhino)

Antes de integrarse al universo de Fleetwood Mac y convertirse en artífices del giro estético y sonoro del grupo a partir del álbum homónimo de 1975, esta pareja hippie de California grabó un buen disco de folk rock que, con el paso de los años, se convirtió en un verdadero incunable. Muy buscado por los fanáticos más devotos de Fleetwood Mac, su aura de objeto de culto tiene una razón simple: nunca se editó en CD y sus escasas ediciones en vinilo alcanzaron precios dignos de los especuladores del centro de Bogotá. La pregunta de fondo es por qué tardó tanto tiempo en reeditarse y la respuesta es simple: el álbum se grabó para Polydor, hoy parte de Universal Music, y Fleetwood Mac históricamente ha sido parte de Warner. Así que no me cabe la menor duda que Rhino no la tuvo fácil para lograr algo que parecía imposible. Lo más valioso de este disco, además de un puñado de buenas canciones como “Frozen Love” (con un Buckingham impecable en la voz y que terminó sellando su suerte en la banda de Mick Fleetwood), “Long Distance Winner (que ofrece pistas melódicas de lo que años más tarde se usaría en Fleetwood Mac hasta el cansancio en temas como “Landslide”), “Without a Leg to Stand on” o “Crying in the Night” (de lo mejor del disco) es poder rastrear el ADN que cambió la carrera de Fleetwood Mac con el disco Rumours en 1977. Basta con escuchar “Crystal”, que luego apareció en el homónimo del 75 para comprender el origen de un sonido que fue muy popular durante buena parte de la década de los setenta. “Las mejores canciones de Buckingham apuntan a sus triunfos posteriores. Su voz se esfuerza en el registro alto durante el estribillo de “Without A Leg To Stand On”, mientras que la melodía en sí suena sin esfuerzo, como si hubiera sido construida por una máquina. Esta tensión entre el oficio meticuloso y el abandono eufórico, ‘ebrio’ de música, se convertiría en su sello”, dice Pitchfork sobre el tono y la forma de un disco que mereció mejor suerte en su momento. Un relanzamiento que además ayudó a mejorar la muy mala relación entre Buckingham y Nicks, y que abre la puerta para una posible reunión de despedida de Fleetwood Mac.

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