
La ‘Perse’ en balineras
El barrio La Perseverancia, en pleno centro de Bogotá, se unió el pasado sábado en torno a una competencia de careras de carros de balineras, una tradición de la comunidad del barrio que se ha consolidado y transmitido de generación en generación. El evento, denominado MoPerse, fue el acto central de una extensa jornada cultural.
Por: Eduardo Arias
El pasado sábado 13 de diciembre, como parte del cierre del programa Barrios Vivos en el barrio La Perseverancia, en el centro de Bogotá, se disputó una muy singular competencia. Una serie de carreras de carros de balineras en la calle 32, la vía principal del barrio, que fue el acto central de una jornada en la que se organizó una amplia zona de emprendimientos, interpretaciones culturales en la tarima principal en el parque del barrio y una exposición fotográfica en el Fotomuseo.
Hace 50 o 60 años era común que niños y jóvenes de cualquier lugar de la ciudad y de cualquier estrato tuvieran su carro de balineras, casi siempre fabricado por ellos mismos para rodar por las calles empinadas de la capital. Esta tradición, que se perdió en muchos lugares de la ciudad, se ha mantenido en el barrio La Perseverancia, que además tiene unas cuestas bastante pendientes que permiten que quienes son aficionados a esta actividad la puedan practicar sin tener que desplazarse a otro lugar de Bogotá.
El evento se denominó MoPerse, acrónimo de La Perseverancia en Movimiento. De acuerdo con los organizadores, este es un laboratorio de oportunidades que “fomenta el trabajo comunitario y preserva el legado cultural del barrio mediante la recuperación de la tradicional carrera de carritos de balineras (que se hará anualmente), presentada en formato de feria tipo Car Audio como un espacio de encuentro, creatividad y participación ciudadana”.

Se inició a las 10 de la mañana con una serie de actividades en el parque del barrio y sus alrededores. La competencia de carros de balineras se realizó en una tarde soleada entre las 3:30 de la tarde y las 5, en un tramo de 100 metros de longitud de la calle 32, la vía principal del barrio, de pendiente bastante pronunciada. Se realizaron varias carreras en distintas categorías en las que participaban tanto hombres como mujeres.
El público estaba apostado a ambos lados de la vía, así como en la salida y el punto de llegada, las dos señalizadas con una gran bandera. Muchos de ellos portaban pequeños banderines a cuadros blancos y negros. Una pareja de locutores se encargó de animar al público a través de micrófonos y un sistema de amplificación, y con mucho humor ofrecía información acerca de los competidores. “La Perseverancia vence lo que la dicha no alcanza”, repetía el locutor, mientras que la voz femenina de su colega recordaba que los vehículos de balineras ya estaban al día con el SOAT, la revisión tecno-mecánica y la revisión de gases.
Era inevitable recordar el par de versos de una ya muy vieja canción de Joan Manoel Serrat, que dice: “vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta”.
Botarse cuesta abajo con un carro de balineras puede parecer sencillo, pero realmente no es tan fácil dominar estos vehículos. El eje delantero se guía con una cabuya para determinar la dirección. Pero es muy factible para los pilotos perder el rumbo, por lo que hubo bastantes ‘andeneadas’. Algunos incluso rodaron por la calzada, aunque sin consecuencias graves porque todos llevaban rodilleras, coderas y casco protector.
Una tradición muy bogotana que se niega a desaparecer
Los carros de balineras siempre han estado en el corazón y en la mente de los habitantes de La Perseverancia, sin importar la generación a la que pertenezcan. Por esa razón, esta jornada debe verse como algo mucho más profundo que una simple actividad de esparcimiento. “Estamos reviviendo una práctica cultural tradicional que antes utilizaban nuestros padres y nuestros abuelos para desarrollar las distintas actividades de la vida cotidiana”, dice Priscila Millán, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio La Perseverancia. Esta carrera ya tiene más de 40 años y, de acuerdo con Miguel Chinchilla, integrante de Persevarte Collective y anfitrión del evento, “hemos estado intentando que las nuevas generaciones se apasionen y continúen con nuestras tradiciones como la carrera de carritos de balineras”.
Como dice Santiago Trujillo, secretario de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, Barrios Vivos es una estrategia que le propone a la comunidad soñar en equipo y hacer realidad esos sueños. “Algunos proyectos buscan recuperar tradiciones que están totalmente apropiadas en espíritu de la comunidad, mientras que en otras es inventarse nuevos hitos comunitarios. Tanto en las unas como en las otras siempre hay de por medio un espíritu de colaboración, de trabajo en equipo, de soñar conjuntamente, de colaborar, de resolver los problemas”, dice. Y agrega que siempre es difícil conversar y llegar a acuerdos, sobre todo en una sociedad tan polarizada. “Pero cuando logramos encontrar ese pretexto, esa excusa, ese gran sueño que nos vincula a todos, que nos une a todos, salen grandes proyectos”, explica.

Esta estrategia intenta recobrar la cultura en los rincones de los barrios de Bogotá. “Recuperar el patrimonio, la memoria histórica y todas esas prácticas culturales que muchas comunidades creadoras desarrollan y que solamente a través de darles una oportunidad en el barrio logran salir a flote”, afirma Mauricio Gaitán, gerente de la Estrategia de Innovación Cultural Territorial Barrios Vivos.
“El proyecto fue un proceso de participación en talleres y laboratorios donde todos los participantes proyectaban ideas de lo que querían ver como un hito cultural y finalmente se consolidó en esta jornada”, añade Priscilla Millán.
Gracias al proyecto se han recuperado protagonistas que antes habían opuesto resistencia a este tipo de iniciativas concertadas y que hoy construyen en equipo. Eso asegura Gaitán, quien menciona a la Junta de Acción Comunal, los líderes barriales, hiphoperos, raperos y hasta madres cabeza de familia que fabricaron los banderines de la carrera, a los que mucho tiempo atrás hicieron patrimonio con los carros esferados. ”Ha sido una construcción común. Pienso que la resistencia se da cuando logramos ponernos de acuerdo, cuando tenemos un objetivo común al estilo de la película La estrategia del caracol, o la de la serie de televisión Don Chinche. Ahí es donde todos somos barrio y somos comunidad”.
Ver tantos promotores jóvenes muestra que no se trata de un ejercicio de nostalgia y recuerdos de los mayores, sino que también es un evento anclado en el presente. “Niños, jóvenes, adultos contemporáneos y nuestra población de adultos mayores estamos unidos. Por dentro todos somos igual de jóvenes y de alegres: es la alegría que nos caracteriza en el barrio La Perseverancia“, dice Chinchilla.
Ejemplo de dignidad y resistencia
La Perseverancia nació como un barrio obrero el 7 de marzo de 1913. “Es el primer barrio obrero de Bogotá y a lo largo de estos 113 años nuestra comunidad ha tratado de reivindicar distintas cosas que permiten el tejido comunitario y que sigamos en el centro de la ciudad, pero que también seamos un barrio con historia, con tradición y con memoria colectiva y de resistencia”, señala Priscilla Millán. En efecto, es un barrio que ha mantenido casi que intacta su fisonomía desde hace muchísimas décadas. Se caracteriza por sus manzanas muy rectangulares, con cuadras muy cortas en sus calles y muy largas en sus carreras. Eso permite que en un plano de Bogotá sea muy fácil de identificar, a vuelo de pájaro, la forma tan peculiar de sus manzanas.

Puede decirse que las personas que bautizaron el barrio fueron profetas, porque en ese barrio la perseverancia es un valor, y no es solamente un nombre como decir La Soledad o el Divino Salvador: es el reflejo de una actitud. Sin embargo, no es su nombre original. Al comienzo se llamaba barrio Obrero, pero el párroco de la época de la parroquia Jesucristo Obrero resaltaba la perseverancia de las personas que vivían en el barrio. “Lo hacía tanto, que finalmente nos convertimos en el barrio de La Perseverancia y hoy en día todas las personas que vimos acá no solo perseveramos, sino que alcanzamos”, dice Chinchilla.
Pero no ha sido nada fácil. Es un barrio que ha sufrido toda suerte de estigmatizaciones, que está amenazado por la especulación inmobiliaria y que ha sobrevivido a crisis muy fuertes. “Las transformaciones económicas y culturales de la ciudad de Bogotá sí han afectado significativamente la permanencia de los residentes y moradores tradicionales del barrio. Los despidos masivos de la fábrica Bavaria a principios de los años 30 afectaron también a la comunidad. Seguimos acá las familias tradicionales, reivindicando esa historia con nuestros niños, con nuestros jóvenes, haciendo que permanezca ese arraigo comunitario”, advierte Priscila Millán.
Como dice Gaitán, los carros esferados son sólo el comienzo de este proceso: “Continua con esos hombres y mujeres que componen canciones y letras con una originalidad impresionante, que resisten a través de la música. También tenemos baile de adultos mayores, emprendimientos propios del barrio, que van desde lo artesanal y lo autóctono hasta lo que es responsable ambientalmente”. Resalta que han encontrado personas que viven hace más de 40 o 50 años y que dicen con mucho orgullo: “Yo vivo acá en esta esquina y mi fachada es esta”.
Agrega de la filosofía de Barrios Vivos es intentar “un punto de encuentro, de carne y hueso, de podernos tocar, sonreír. Vamos a tener diferencias y tensiones. Hemos tenido tensiones. Pero lo más lindo es llegar a una concertación y decir: ‘Hombre, el mundo se desbarata y nosotros no nos podemos acuerdo en cómo hacer un carro’…”.
Para Chinchilla, esta fue una experiencia muy agradable. “Hemos puesto a la gran mayoría de los agentes culturales del barrio La Perseverancia a trabajar en equipo, a trabajar en comunidad. Esto permite escuchar las diversas voces y las diferentes opiniones de lo que cada una de las personas considera, que es el arte, la cultura, las tradiciones y el patrimonio de La Perseverancia”.
Como balance de la jornada, Trujillo piensa que primero debe devolvérsele a la ciudadanía el poder de gestionar su propio destino. “Pero también hay que devolverle a la sociedad el poder de una institucionalidad honesta, abierta, horizontal, que sea capaz de trabajar en equipo con la gente. No se trata de negar institucionalidad ni de ponerle a lo institucional remoquetes o prejuicios en donde todo pareciera siempre atravesado por un manto de duda. Pero tampoco hay que seguir dudando del poder que tienen las comunidades de sacar adelante sus apuestas. Que la comunidad quiera conversar y trabajar con nosotros es una apuesta por construir confianza. Una sociedad no sale adelante si no hay confianza entre las instituciones y su ciudadanía y en eso estamos empeñados”, afirma.
Agrega que es la única manera de recuperar la ciudad, la sociedad y sacar adelante de Colombia. “Así sean ejercicios pequeños, son pequeñas apuestas que van construyendo esa urdimbre que a veces es tan compleja de tejer, pero tan fácil de romper. Eso estamos haciendo en más de 200 Barrios Vivos que hicimos entre los laboratorios de co-creación de la Secretaría de Cultura, así como Artefacto, de Idartes, y los Recreo Lab, del Instituto de Recreación y Deporte. Lo que estamos aquí demostrando es que el sector cultura quiere conversar con la ciudadanía, con las comunidades. Quiere construir afectos y quiere tejer confianza”, concluye.
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