
Miguel Uribe Londoño y un aterrizaje forzoso que agitó al Centro Democrático: ¿imposición o consenso?
Su llegada a la baraja de aspirantes del Centro Democrático estaba casi cantada desde el sepelio de su hijo, el senador Miguel Uribe Turbay. Aun así, su precandidatura agitó la campaña interna del partido. ¿Fue una decisión acordada? ¿Qué generó en la colectividad? ¿Cuáles serán las consecuencias de esta movida electoral?
Por: Claudia Quintero
“Hijo amado, yo me haré cargo”, trinó Miguel Uribe Londoño el martes, 26 de agosto, cuando lanzó su candidatura presidencial con el mismo nombre y las banderas de su hijo asesinado, el senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Habían pasado 15 días desde que despidió al senador y precandidato presidencial en la Catedral Primada de Bogotá, donde pronunció un discurso llenó de dolor que dejó ver sus intenciones políticas.
Hijo amado @MiguelUribeT .
— Miguel Uribe (@migueluribel) August 26, 2025
YO ME HARÉ CARGO#TodoPorColombia pic.twitter.com/rCjkEsA9Gp
Hoy, Miguel Uribe Londoño es el quinto elemento del Centro Democrático, partido que ayudó a fundar y que dirige el condenado expresidente Álvaro Uribe Vélez. Aunque se le conoce como una figura cercana a la colectividad, su llegada a la competencia interna no fue consensuada del todo y según algunas voces quedó un pequeño sinsabor entre algunos precandidatos. Esa jugada política, que para muchos es “respetable”, cambia la estrategia del partido de cara a 2026. Algunos de los competidores internos tienen que reconfigurar su campaña y hasta planear nuevas movidas. ¿Cómo se definió la llegada, qué sensaciones internas y consecuencias trae esta decisión?
Del pacto de Llanogrande a la definición del quinto competidor

Con el atentado que sufrió el senador Miguel Uribe Turbay el 7 de junio, el Centro Democrático y algunos precandidatos de otros partidos detuvieron sus campañas, como una forma de demostrar el luto y protestar por las medidas de seguridad. Sin embargo, un mes después, las campañas se reactivaron porque, pese al dolor, no podían dejar enfriar a sus electores.
El 23 de julio, poco más de un mes después del atentado, el expresidente Álvaro Uribe Vélez convocó a sus precandidatos y a los voceros de la bancada. La reunión fue en Llanogrande, un sector del oriente antioqueño y, según dos asistentes del encuentro, allí se definió que el partido continuaría la campaña con los cuatro precandidatos que permanecían: María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín y Andrés Guerra. Acordaron, no obstante, que esperarían a Miguel Uribe Turbay.
La espera tendría dos fechas. La primera en octubre de este año. Si para entonces no se había recuperado, el partido adelantaría la encuesta para definir a su candidato definitivo. Sin embargo, si después de octubre había una recuperación, el ganador abandonaría su candidatura y le dejaría las banderas a Miguel Uribe Turbay. Esa última espera sería hasta febrero de 2026, fecha límite para inscribir a los candidatos que van a las consultas interpartidistas de marzo.
Hasta ese punto, todo parecía en calma. Cada quién reactivó su campaña mientras que Uribe Vélez seguía su proceso judicial. Pero con la muerte de Miguel Uribe Turbay, el panorama cambió y un gran interrogante surgió: ¿Se cumplirá el pacto de Llanogrande o llegaría un quinto? Lo único claro era que figuras como Cabal no aceptarían a un externo en la ecuación.
“Aquí no puede entrar nadie que no haya estado en un proceso que viene de hace más de un año. Si alguien más quiere entrar, tendrá que recoger firmas o buscar el aval de un partido y presentarse a la consulta de marzo”, dijo la senadora María Fernanda Cabal. La sentencia estaba clara, pero la opinión de su jefe máximo no iba por ese camino.
De encuestas, reuniones con la familia de Miguel Uribe y “el consenso” final

Durante los dos meses que Miguel Uribe estuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Fundación Santa Fe, una de las figuras más visibles fue su esposa, María Claudia Tarazona. En algunos sectores se pensaba que ella podría tomar sus banderas. De hecho, políticos de la derecha sugirieron que en una encuesta de Cifras y Conceptos se le preguntara a la ciudadanía si estaría o no de acuerdo con que Tarazona fuese candidata presidencial. Los resultados salieron en julio de este 2025: el 72 por ciento aseguró que no. Solo el 28 por ciento estaba de acuerdo con que ella se lanzara.

En ese mismo mes, Tarazona les dijo a Los Informantes que no tenía intenciones de participar en política. El tema, entonces, parecía haber quedado ahí. Además porque, luego del sepelio, Tarazona y sus hijos salieron del país.
Cuando el duelo aún no había pasado, empezó a moverse el rumor de que, sin Tarazona, un externo podría llegar a ese quinto lugar en la contienda. Un sector del partido comenzó a mover el nombre de Juan Carlos Pinzón, ministro de Defensa en el gobierno de Juan Manuel Santos y embajador en el de Iván Duque: dos expresidentes que no caen bien en el uribismo.
En esa misma semana, el condenado expresidente subió una foto con Pinzón y acompañada por un mensaje en el que les pedía a los militantes de su partido que lo liberaran de “cualquier prevención por ser ministro del Gobierno que lo sucedió”.
Me he reunido con el doctor Juan Carlos Pinzón. Tengo el más alto concepto sobre él. Trabajó en nuestro gobierno como representante de Colombia en el Banco Mundial y viceministro de Defensa. Pido a nuestros compañeros militantes del Centro Democrático que se supere cualquier… pic.twitter.com/KL8NAXbiVl
— Álvaro Uribe Vélez (@AlvaroUribeVel) August 16, 2025
Pero la incomodidad comenzó a ser visible y la senadora Cabal fue clara: “Yo estoy de acuerdo con lo definido en Llanogrande y ahí no quedó escrito que entrara un quinto (…). El compromiso era que si regresaba Miguel (Uribe Turbay), él sería el candidato. Pero el expresidente Uribe nos manifestó que la familia quiere poner a alguien y estamos definiendo si será Andrés Forero. Nosotros no tenemos inconveniente mientras sea de adentro”, dijo la senadora el 19 de agosto.
Las conclusiones que le puedo dar al país del encuentro con los precandidatos de nuestro partido. Las reglas claras, lo que firmamos en Llano Grande. pic.twitter.com/FnusbNZ6is
— María Fernanda Cabal (@MariaFdaCabal) August 19, 2025
Según dos políticos cercanos a Andrés Forero, sí se habló de que el representante a la Cámara se sumara a la contienda. Pero una reunión se le atravesó en el camino.
Dos fuentes cercanas a la colectividad indican que el jueves 21 de agosto Miguel Uribe Londoño llegó a la finca del expresidente Álvaro Uribe acompañado de su esposa y del empresario Manuel Santiago Mejía, quien es cercano a la familia y se mencionaba como uno de los financiadores de campaña de Uribe Turbay. En ese encuentro, el expresidente le ofreció a Uribe Londoño ser la cabeza de lista al Senado, pero el padre aseguró que quería ser el quinto precandidato presidencial del Centro Democrático.
Un político que conoce del proceso y prefirió no ser citado aseguró que el expresidente le preguntó a Uribe Londoño varias veces si se trataba de una decisión de toda la familia, incluyendo a María Claudia Tarazona y a María Carolina Hoyos. La respuesta fue que sí. Sin embargo, otra fuente aseguró que esa decisión incomodó al ex primer mandatario, que no fue capaz de cerrar esa puerta por el aprecio que siempre le ha tenido a la familia.
Por esa razón, un militante del partido cercano al sector que respaldaba a Uribe Turbay aseguró que Uribe Londoño miente al decir que el expresidente lo invitó a participar en la contienda interna de la colectividad. “Él se impuso para ser el candidato y deja al partido en una posición difícil, porque en esa situación de dolor uno no puede decir nada”, aseguró.
No pasaron más de 24 horas cuando Uribe Vélez citó a sus precandidatos y “les transmitió el mensaje”, como le dijo a este medio el senador Andrés Guerra. “Fue muy democrático, nos hizo un resumen de la conversación y nos dijo que nos tenía un mensaje de la familia y nos hizo opinar a cada uno. Para mí era respetable que ellos quisieran tener a un quinto candidato, porque su dolor lo entiendo”, aseguró.
Otro político que supo lo ocurrido en la reunión le dijo a este medio que, por respeto a la decisión familiar, Paloma Valencia y María Fernanda Cabal no hicieron público su descontento. Pero las señales de incomodidad en el Centro Democrático fueron difíciles de ocultar. Por ejemplo, al lanzamiento de la campaña de Uribe Londoño no asistieron figuras cercanas a su hijo, como el representante Andrés Forero, el concejal Daniel Briceño y miembros de la familia Turbay.
De hecho, en la colectividad aseguran que la decisión que tomó el expresidente Uribe de mover la encuesta para diciembre fue una forma de “darle un contentillo a la senadora Cabal”, como le dijo a este medio un político del partido.
Además, el concejal paisa Andrés Rodríguez, que apoya la campaña de la senadora Cabal, le dijo a CAMBIO que tuvo que calmar a algunos militantes que sentían que el partido les cerraba las puertas a las mujeres.
De incomodidades y “una desventaja” en marzo: las consecuencias de la forzada llegada de Miguel Uribe Londoño

La primera consecuencia es esa incomodidad interna, que es silenciosa, porque pocos se atreven a hablar públicamente sobre el tema. Pero es claro que este nuevo episodio vuelve a dividir a los precandidatos en el Centro Democrático, que tras el atentado a Miguel Uribe se habían unido en torno a una causa común: defender la seguridad.
Además, tendrán que definir si se mantienen en la carrera presidencial o si se bajan, porque diciembre también es el límite para las inscripciones al Congreso. Si todos esperan a la encuesta, se quedarían sin una curul. De hecho, se ha hablado de que figuras como Paloma Valencia, Andrés Guerra y Paola Holguín dejarían sus candidaturas para mantenerse en el Senado.
No obstante, los tres han desmentido esas afirmaciones. “Vamos para 19 meses en este proceso que implica un desgaste físico, emocional y económico, para que ahora vengan y le digan a uno que si se va a bajar. No”, le dijo a este medio el senador Guerra.
Otra de las consecuencias que ven algunas voces dentro y fuera del partido es que esa jugada política pone al Centro Democrático en desventaja de cara a marzo de 2026. Primero, porque dicen que el discurso de Uribe Londoño, que se sustenta en las tragedias personales y la seguridad, le puede alcanzar para ganar en la consulta interna, pero no para hacerlo en marzo.
Irse con esas banderas parece el camino fácil, pero también es un riesgo. Como dijo un concejal del partido, “puede pasar de la solidaridad a la indignación si se explota demasiado”. Justo ese es uno de los retos de la campaña de Uribe Londoño: lograr que sus banderas no se vean como un discurso gastado.
“El dolor y la rabia que ha generado este caso son sentimientos importantes en las elecciones, pero mantenerlos durante un año será muy difícil. Además, Uribe Londoño le habla a un electorado mayor que el uribismo no necesita convencer. Pero, en cambio, no le habla al electorado joven, de centro y a los descontentos con el Gobierno”, como le explicó a CAMBIO Sergio Guzmán, director de la consultora en riesgos políticos Colombia Risk Análisis.
Dentro del partido hacen el mismo análisis. Un integrante de la colectividad aseguró que esta jugada le da oxígeno a Abelardo de la Espriella, porque tendrá al frente a un competidor que puede ser fácil de derrotar con votos. “En este panorama vamos a perder en marzo. Entonces se convierte casi que en una fórmula para entregarle el partido a De la Espriella, que se ha plegado a las bases de la colectividad. Todo el mundo lo tiene claro ya”, dijo.
Habrá que ver si la estrategia del mártir le sirve al Centro Democrático para convertir en votos, o si “lo encierra en un círculo discursivo sin propuestas”, como dice el analista político Yann Basset.
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