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Abelardo contra Abelardo: el promesómetro del nuevo gobierno
CAMBIO reunió 58 declaraciones de campaña y de programa de Abelardo de la Espriella. Analizamos su viabilidad y las evaluamos, una por una, contra los límites que enfrentará en los próximos 4 años.
Estos son los retos para lograr la “Patria Milagro”
El abogado de 48 años conquistó la Presidencia con un discurso cargado de promesas para transformar el rumbo del país y “cambiar la política para siempre”. Sus ambiciosas apuestas fueron el combustible para convencer en las urnas a más de 12,9 millones de colombianos y convertirse en el mandatario más votado en la historia de Colombia. Sin embargo, a partir de este 7 de agosto, el litigante, que nunca ha ocupado un cargo público, tendrá el reto de demostrar que sus iniciativas pueden ir más allá de los discursos de campaña.
Una vez superada la transmisión de mando con Gustavo Petro, De la Espriella tendrá que cambiar las plazas públicas por los despachos, los discursos por las decisiones y las promesas por los resultados. Con la banda presidencial terciada en el pecho, sus anuncios dejarán de medirse en aplausos para ser evaluados por su capacidad de convertirlos en leyes, decretos y políticas públicas.
CAMBIO reunió las principales propuestas, que estará siguiendo durante los próximos cuatro años, y las sometió a una rigurosa evaluación en cuatro puntos: el presupuestal, ¿hay plata para financiarla?, que cumplen 29 de 58; el político, ¿le da el Congreso para aprobarla?, que cumplen 34; el jurídico, ¿aguanta el examen de las cortes?, que cumplen 29; y el del tiempo, ¿cabe en cuatro años?, que cumplen 24.
El resultado general de la evaluación: 8 propuestas viables, 28 inciertas y 22 improbables.
Abelardo arranca su mandato con mayorías
El presidente arranca su mandato con mayorías construidas tanto en el Senado como en la Cámara. Sin embargo, la coalición oficialista es frágil y dependerá de la disciplina de partidos en los que, históricamente, la fuga de votos ha alterado las cuentas del gobierno de turno en momentos decisivos para el trámite de sus proyectos. De hecho, el primer campanazo de alerta para el ministro del Interior, Rodrigo Lara, fue su derrota en la elección del presidente del Senado.
De la Espriella espera reunir el respaldo de 62 senadores, diez votos por encima de la mayoría simple necesaria para sacar adelante sus proyectos en la plenaria: 62 aliados frente a 41 de oposición en las 103 curules del Senado.
En la Cámara, el margen sería aún más holgado: la coalición oficialista alcanzaría 118 de las 182 curules, 26 votos más de los requeridos para que sus iniciativas reciban luz verde, frente a 64 de oposición.
Esa ventaja numérica tiene un punto débil. La coalición oficialista es tan ajustada que una ruptura con el Centro Democrático —partido con el que el gobierno entrante ha protagonizado tensiones— bastaría para poner en riesgo las mayorías en ambas corporaciones. Además, las principales reformas deberán superar el filtro previo de las comisiones constitucionales, donde el Gobierno tendrá que negociar el avance de cada proyecto para evitar que se hunda antes de llegar al recinto de la plenaria.
Una de las promesas medidas contra este filtro es “vamos a propiciar el fin de la JEP”: ¿una batalla perdida en el Congreso?
De la Espriella versus las togas
Las principales apuestas de De la Espriella deben superar una tercera prueba de fuego: el control de las altas cortes. El poder judicial, con su tradición de contrapeso e independencia para frenar los excesos de gobiernos de izquierda y derecha, será un muro de contención ante el cual chocarán los 90 decretos anunciados, así como declaraciones de emergencia y reformas promovidas por el primer mandatario.
Un ejemplo es la promesa de “cadena perpetua para violadores y asesinos de niños”, una de las banderas de campaña que choca de frente con la jurisprudencia constitucional.
La Corte Constitucional está integrada por nueve magistrados. Además, en el próximo Gobierno terminarán sus períodos los magistrados Jorge Enrique Ibáñez, Paola Meneses y Natalia Ángel. Su salida abrirá la puerta a una reconfiguración de fuerzas al interior de esa alta corte: durante la segunda mitad del gobierno De la Espriella habrá cuatro relevos.
El panorama es menos predecible en la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, donde las cargas están más repartidas y es difícil hablar de mayorías o tendencias ideológicas.
A ese tablero institucional se suman otros dos movimientos clave: en marzo de 2028 terminará el periodo de la fiscal general, Luz Adriana Camargo, y en enero de 2029 concluirá el del procurador Gregorio Eljach. En ambos casos, De la Espriella podrá ternar a un aliado para contar con representación en esas entidades.
La olla raspada que hereda De la Espriella
El presidente heredará la olla raspada de las finanzas públicas y una chequera poco abultada para financiar sus ambiciosas promesas. El Gobierno Petro radicó ante el Congreso un Presupuesto General para 2027 por 575,6 billones de pesos, en el cual hay un hueco de 30 billones en los ingresos que la administración entrante tendrá que asumir. Por eso, para impulsar sus proyectos iniciales y tener margen de maniobra, De la Espriella tendría que presentar la que sería la reforma tributaria más ambiciosa de la historia.
De los 575 billones de pesos del presupuesto, 367 están comprometidos a funcionamiento y otros 118 al pago de la deuda. Así, todo el margen del nuevo Gobierno le queda a discreción: de cada 100 pesos del presupuesto, apenas 16 dependen de su voluntad política, unos 90 billones.
La administración entrante también recibirá números en rojo. Según las proyecciones del Marco Fiscal de Mediano Plazo, este año el Estado recaudará 325 billones de pesos y gastará 431. El déficit de 106 billones condicionará el margen para financiar nuevas promesas y obligará al nuevo mandatario a equilibrar dos objetivos difíciles de conciliar: cumplir las expectativas con las que llegó al poder sin profundizar el desbalance de las finanzas públicas.
Contra ese presupuesto se mide la promesa de “reducir el tamaño del Estado hasta una cuarta parte”, el recorte que promete liberar recursos en un presupuesto ya comprometido.
El tiempo: el último filtro
El factor tiempo será el último filtro que mida el alcance de las principales promesas de De la Espriella. Fiel a la narrativa de eficiencia que lo llevó al triunfo, el mandatario electo ha establecido los primeros 100 días de su administración como el periodo crítico para implementar ambiciosos planes de choque. Otras quizás no se logren en cuatro años, como la promesa de construir megacárceles bajo el modelo Bukele.
El calendario difícilmente avanzará al ritmo de las promesas de campaña. Iniciativas como la reestructuración del sistema de salud o las contrarreformas pensional y agraria requieren ocho debates en dos vueltas consecutivas. En ese recorrido, un revés en las cuentas del Gobierno podría dejar en el limbo los proyectos más importantes de su agenda.
El balance
De las 58 propuestas que medimos contra la plata, los votos, la Constitución y el reloj, así quedó el tablero con el que arranca el gobierno: 8 viables, 28 inciertas y 22 improbables. Vamos a seguirlas una por una durante los próximos cuatro años.