
China conmemora y Occidente se sacude
China celebró la conmemoración de los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. En el evento, el país asiático realizó una exhibición de su poderío militar y dejó ver el avance tecnológico que han implementado. Como invitados estuvieron algunos de sus aliados como lo son el presidente de Rusia, Vladímir Putin y Kim Jong-un, mandatario de Corea del Norte.
Por: Iván Serrano
Pekín recordó los 80 años de la victoria sobre Japón con un desfile militar hecho para ser visto por el mundo: 26 helicópteros dibujaron el número ‘80'en el cielo y, en la tribuna, Xi Jinping apareció flanqueado por el presidente ruso Vladímir Putin y el norcoreano Kim Jong-un. La jornada cerró con más de veinte acuerdos firmados con Moscú. Por su parte, Estados Unidos tomó nota y Trump reaccionó con un mensaje sarcástico: “Den mis saludos a Putin y a Kim mientras conspiran contra Estados Unidos”.
El estruendo rompió el silencio ceremonial de la plaza de Tiananmen. A las nueve de la mañana, 80 salvas de cañón fueron disparadas con parsimonia, recordando, en cada detonación, uno a uno los años transcurridos desde el 3 de septiembre de 1945, fecha en que China marcó el Día de la Victoria en la guerra de resistencia del pueblo chino contra la agresión japonesa, durante la Segunda Guerra Mundial.
El costo de este conflicto fue descomunal: entre 14 y 20 millones de muertos y, en total, más de 35 millones de víctimas (entre muertos y heridos); a esto se sumaron entre 80 y 100 millones de desplazados y una devastación profunda de la base industrial y agrícola del país. El ejército imperial japonés empleó armas químicas en el frente chino y la infame Unidad 731 realizó experimentos biológicos en prisioneros; Nankín fue escenario de ejecuciones sumarias y violaciones masivas; y miles de civiles acabaron en campos de concentración en la China ocupada.
Después de las 80 salvas de artillería, 80.000 palomas y 80.000 globos cubrieron el firmamento para no dejar lugar a dudas de que, ochenta años después, el mundo y la balanza de poder ya no son los mismos.
¿Por qué es tan importante lo que mostró China en el desfile?
Este ha sido el mayor despliegue militar durante el mandato de Xi Jinping en una conmemoración de la victoria. Por primera vez en un mismo desfile, mostró la tríada nuclear —capacidad de lanzar armas desde tierra (misiles como el DF-5C y el DF-61), mar (el JL-3, desde submarinos) y aire—, además de misiles hipersónicos antibuque, drones y sistemas láser. La señal es clara: disuasión y capacidad para obstruir el ingreso de fuerzas adversarias al Pacífico occidental. Todo ocurrió en una puesta en escena de 90 minutos, revelada al mundo en una transmisión de televisión.
Durante su discurso, el presidente Xi afirmó que el mundo se encuentra en una “encrucijada entre la paz y la guerra” y exhortó a los países a tratarse como iguales, vivir en armonía y ayudarse. Cerró con una idea de resiliencia nacional —en plena disputa arancelaria entre Estados Unidos y China, iniciada en 2018 por la administración Trump—: la nación china no se deja intimidar y siempre sigue adelante.
La foto que dice todo
La tribuna encuadró a Xi como protagonista: Putin a la derecha, Kim Jong-un a la izquierda. Abajo, delegaciones de más de veinte países de fuera de Occidente; en contraste, la ausencia de Estados Unidos y de buena parte de Europa. Hubo un guiño dinástico: Kim Ju Ae realizó su primer viaje internacional conocido. Dos días después de la cumbre de la OCS en Tianjin, el desfile reveló un mapa de alianzas.
Rusia y Corea del Norte son piezas funcionales para la estrategia de Pekín. Rusia garantiza a China energía estable (y con descuentos), un socio diplomático que coordina posiciones en foros como la ONU, la OCS y los BRICS, y un mercado que elevó el comercio bilateral a máximos recientes. En Pekín, Xi y Putin firmaron más de veinte documentos de cooperación que cubren energía, aeroespacial, Inteligencia Artificial y alta tecnología, agricultura, inspección y cuarentena/aduanas, salud, investigación, educación y medios. También se mencionó el gasoducto Power of Siberia 2, con avances declarados, pero sin detalles cerrados.
Corea del Norte, por su parte, aporta munición, misiles y personal a Moscú, según evaluaciones de Ucrania y de gobiernos aliados. En 2024, Pyongyang y Moscú firmaron un tratado de asociación estratégica integral con cláusulas de asistencia mutua; este año, Putin agradeció públicamente a Kim por el apoyo militar y habló de sacrificios de tropas norcoreanas, mientras Kim reiteró su disposición a “ayudar con todo”. Para China, ese flujo hacia Rusia prolonga el desgaste de sus rivales sin involucrarse de forma directa.
Por eso, la imagen de Xi, Putin y Kim en la tribuna no es solo escenografía: es una declaración de alineamientos con efectos inmediatos. En una sola toma se enlazan energía y tecnología (eje Pekín–Moscú) y capacidad bélica (Pyongyang). En Ucrania, ese triángulo se traduce en más munición norcoreana para Rusia y en cobertura política desde Pekín, lo que alarga la resistencia del frente ruso. En el noreste asiático, refuerza la disuasión de Pyongyang y obliga a Tokio y Seúl a elevar sus alertas. Para Washington, el mensaje es claro: no fue un gesto ceremonial, sino una coordinación sostenida —económica, militar y narrativa— que seguirá operando más allá del desfile.
Trump reacciona y Tokio se pone en alerta
La fotografía de Xi, Putin y Kim puso a Donald Trump a trinar. Desde Truth Social, lanzó un mensaje sarcástico: felicitó a Xi, envió “saludos” a Putin y a Kim “mientras conspiran contra Estados Unidos” y reclamó reconocimiento a la “sangre y el apoyo” que su país dio a China en 1945.
En Asia, la imagen causó cautelas: Tokio pidió a gobiernos de Asia y Europa evitar enviar representantes de alto nivel a Pekín, según despachos de Kyodo y Reuters; China, por su parte, presentó una protesta formal. En Taipéi, el presidente Lai Ching-te afirmó que Taiwán “no conmemora la paz con el cañón de un fusil”. Y en Manila, el ministro de Defensa, Gilberto Teodoro, calificó el despliegue de “intimidación” y “amenaza, especialmente para países pequeños”.
La gala del poder
Después del desfile, Xi ofreció una recepción en el Gran Salón del Pueblo, con Vladímir Putin, Kim Jong-un, más de veinte jefes de Estado y altos dirigentes chinos (entre ellos, Cai Qi y Wang Yi). En el imponente palacio, atendido con cuidado y disciplina milimétrica por decenas de meseros, el brindis de Xi dejó un mensaje: “recordar la historia, honrar a los mártires, valorar la paz y construir el futuro”.
¿Qué sigue? La normalización de la foto Xi–Putin–Kim como señal de un mundo sin un único liderazgo; una alianza práctica con Moscú y Pyongyang (energía, tecnología, armamento y cobertura diplomática); un mensaje de disuasión en el Pacífico —capaz de elevar costos a Estados Unidos y a sus aliados—; y una guerra larga en Europa si persiste el flujo de munición norcoreana a Rusia. Todo, en disputa con relatos históricos: Pekín reivindica 1945, Tokio recela y Washington responde reclamando su papel en la historia y, previsiblemente, con nuevos controles comerciales.
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