
Llegar del FICCI es reconocer el aporte social de un espacio como estos, la importancia del trabajo en red, del reconocimiento de procesos con muchos años de trabajo, de la actividad económica y turismo local. Es darle valor a la intersección que ocurre con la academia y con otras instituciones que tienen todo que ver con el arte o la cultura.
En el caso del FICCI y seguramente de los más de 70 festivales de cine que existen en Colombia, todo esto se debe a la Ley 814 de cine. Este es, sin duda, el comienzo de un desarrollo cinematográfico en nuestro país. Lo más interesante para mí de ver cine es que es el reflejo de la cultura, en el caso colombiano reflejo del conflicto, el narcotráfico, el patriarcado, todos siempre visibilizan la diversidad cultural, así como aspectos estructurales que definen nuestros valores (incluidos los valores estéticos) como individuos que hacemos parte de un colectivo. En el cine podemos ver y escuchar un conjunto de ideas que reflejan bienes materiales y espirituales.
Por eso, el corto Aribada, dirigido y producido por Simon (e) Jaikiriuma Paetau y Natalia Escobar, llamó tanto mi atención, este corto cuya historia transcurre entre un mundo fantásitco y otro real narra la historia de convivencia de las mujeres trans de una comunidad embera en el Eje Cafetero expulsadas de su resguardo por su decisión de ser trans. El corto empieza en una selva espesa con la neblina entre las montañas de Santuario, Risaralda, y así entre un mundo onírico o shamánico se plantean las vicisitudes de una cotidianidad cargada de memoria. Mujeres trans, mujeres indígenas ¿qué puede ser más trasngresor que estos dos elementos juntos? Y es precisamente por esta razón que se hace necesario entender que todos aquellos aspectos que identifiquen a un grupo o a un colectivo se trata de elementos estructurales y culturales. Para estas siete mujeres significa ser reconocidas por el Estado, que su pequeño terreno sea reconocido como un resguardo indígena, pero también se trata de ser reconocidas por otros emberas, la transición que ellas plantean es de hombre a mujer y su primer recurso es el uso de atuendos y de las okamas, que son los collares de chaquiras por ellas tejidos y que significan el camino recorrido a partir de sus propias experiencias, estos son un accesorio sagrado y de uso exclusivo para todas las mujeres. También lo hacen con la pintura facial que está ligada con su concepción del mundo, en el caso embera, la pintura significa que se identifican y son aceptadas en el plano cotidiano y que, además, se pueden comunicar con el mundo de los espíritus. Ellas no piden ni quieren cambiar de etnia, se sienten emberas hasta los tuétanos, solo piden ser aceptadas como mujeres embera, lo hacen invitándonos a que no le tengamos miedo a lo desconocido. Algo que pareciera permea el día a día de nuestras vidas, ¿no será esta la razón del permanente debate, la defensa de posturas rígidas?
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