
No hay palabras suficientes para describir la tragedia que vive hoy Venezuela. La ciudadanía, liderada por María Corina Machado y el candidato Edmundo González, recobró la esperanza en una transición democrática por las vías electorales. Ante la abrumadora derrota, Maduro reaccionó con desespero y violencia, con mentiras y amenazas, para consolidar un fraude electoral generalizado.
El presidente Petro ha tratado de ganarle tiempo a la dictadura. Los dirigentes del Pacto Histórico con su presencia, apoyo y silencio han conseguido darle ánimo, oxígeno y aliento a Maduro. Esa tolerancia, complicidad y silencio del petrismo ante lo que ocurre en Venezuela debe alarmar a los colombianos. ¿Es posible que la cercanía ideológica de Gustavo Petro y la complicidad del Pacto Histórico con Maduro se traduzca en una imitación de sus métodos autoritarios y represivos en Colombia?
La invocación de Petro a un poder constituyente por fuera de las instituciones tiene un inconfundible sabor a autoritarismo chavista. Esa fue la vía que Hugo Chávez y Maduro utilizaron para tomarse el poder. El desprecio hacia la separación de los poderes públicos y la vigencia de la ley -que para ellos son obstáculos a la revolución y al cambio- son otro punto de convergencia entre el ideario petrista y el chavista. El señalamiento maniqueo a las élites ladronas, al fascismo de los dirigentes, a los oligarcas narcotraficantes, llamados reiterados y compartidos en el discurso de Maduro y de Petro, tiene el propósito de sembrar un odio de clases que justifique sus arbitrariedades.
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