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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

Yo lo que quiero es ganar

“Yo lo que quiero es ganar, no hacer folclore”, dijo Julio Anguita a un periodista del diario El Mundo de España. Anguita, más conocido como el ‘Califa Rojo’ fue un líder incorruptible, pragmático, constitucionalista y victorioso. “Ganar” es el verbo rector que debe guiarnos hasta el próximo 21 de junio. Ese es el horizonte de los 9.688.361 colombianos y colombianas que el pasado 31 de mayo sufragamos por el tándem compuesto por Iván Cepeda y Aida Quilcué. Son días para la acción y para multiplicar la votación progresista. No hay tiempo para la especulación teórica ni el catastrofismo.

Más que una operación política estamos ante un desafío logístico: mover hasta las urnas a millares de electores. Los cargos electos y líderes regionales del progresismo no pueden seguir pegados al culo de Iván Cepeda para aparecer en la foto. Los líderes y lideresas —como si estuvieran enfrentando una ocupación extranjera— deben volver a sus provincias, barrios y caseríos para organizar a la base social que, durante el Gobierno de Gustavo Petro ha visto mejorar su existencia. El entusiasmo y la creatividad de los estudiantes  —siempre los estudiantes— exhibida en los días posteriores a la primera vuelta son una lección para los “viejos” que dicen estar “preocupados” por los resultados del 31 de mayo. La remontada, Viejo Topo, se consigue con decisión y acción. La postración es la impronta de los cobardes.

Abelardo, como ocurre con su aliado Daniel Noboa en Ecuador, puede llevar a Colombia por un despeñadero de violencia e incertidumbre. Abelardo, como su copartidario José Antonio Kast en Chile, puede ser una estafa política. Abelardo, emulando al desequilibrado Javier Milei en Argentina, podría convertir el Palacio de Nariño en un circo y empobrecer a las clases media y popular a través de recortes en el gasto social. Abelardo, contrariando al multilateralismo, puede convertirse en un mero peón de Washington.

Hay que volver a la mística: ese espléndido valor que ha caracterizado a los luchadores y luchadoras colombianas en los momentos de adversidad. Recuerda, Viejo Topo, a esa gente de la Unión Patriótica que no se amilanó ante los planes de exterminio. En ese entonces eran pocos, ahora son cientos de miles los progresistas en todo el país que cuentan además con una potente fracción parlamentaria, amén de cuadros que se han formado en las instancias del Estado y un movimiento social experimentado y combativo. ¿Cuál es el miedo entonces? Hagamos que  21 de junio quede en la historia política de Colombia como una fecha épica.  
 

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