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María Claudia Parias Durán
Puntos de vista

Las niñas y los niños en el centro: una reflexión a propósito de la Tercera Bienal Internacional de Artes para la Infancia de Bogotá

Hace 15 años Bogotá tomó la determinación de crear una entidad pública para cumplir una misión muy sencilla y tremendamente compleja a la vez: llevar el arte a la vida cotidiana de todas las personas que habitan nuestra ciudad. 

El Instituto Distrital de las Artes (Idartes), en efecto, ha dedicado sus esfuerzos a diseñar y fortalecer múltiples estrategias que tienen el propósito de enriquecer los días –de mañana a noche– de los ciudadanos, procurando garantizar que tengan una relación estrecha con las prácticas artísticas. ¿Por qué? Porque para la Alcaldía Mayor de esta ciudad, los derechos culturales son derechos humanos, derechos que deben estar en el centro de cualquier visión relacionada con el desarrollo territorial. 

Además de estrategias que tienen una altísima apropiación por parte de las y los bogotanos, como lo son los festivales Al Parque; Libro al Viento; el Festival de Teatro y Circo de Bogotá; el Festival Danza en la Ciudad; los programas de formación artística Nidos y Crea; la programación permanente de la Cinemateca de Bogotá, de la Casona de la Danza, de la Galería Santa Fe, del Planetario de Bogotá y de los teatros públicos de la ciudad –el Jorge Eliécer Gaitán, el Ensueño, el Teatro El Parque, por citar solamente algunos ejemplos–, Idartes también cuenta con proyectos que cruzan la gestión del conocimiento con la puesta en escena de creaciones artísticas que son ejemplo para América Latina.     

Este es el caso de la Bienal Internacional de Artes para la Infancia de Bogotá, una iniciativa que nació en 2022 como Bienal de Artes para la Primera Infancia y que desde 2024 se ha expandido no solamente al universo de las infancias, sino también en términos de su conceptualización como espacio académico y de circulación de contenidos de alto valor para los artistas formadores, académicos, niños y niñas y familias de Bogotá.  

Pero, ¿por qué es importante garantizar la formación artística de nuestros niños y niñas? Ya lo afirmaban María del Sol Peralta y Marcela Tristancho en sus orientaciones pedagógicas para la educación inicial:  “en la educación inicial, las niñas y los niños aprenden a convivir con otros seres humanos, a establecer vínculos afectivos con pares y adultos significativos, diferentes a los de su familia, a relacionarse con el ambiente natural, social y cultural; a conocerse, a ser más autónomos, a desarrollar confianza en sí mismos, a ser cuidados y a cuidar a los demás, a sentirse seguros, partícipes, escuchados, reconocidos (…).” (1).

En efecto, tras 13 años de implementación de los programas Nidos y Crea, Idartes ha comprobado que las experiencias pedagógicas que se promueven durante las infancias marcan, para siempre, la vida de las personas en su fuero íntimo y en su modo de relacionarse con el mundo y con los demás. Por esta razón, promover espacios de diálogo, de intercambio de conocimientos y saberes, es fundamental para promocionar nuevas miradas y enfoques contemporáneos para enriquecer los procesos formativos de la ciudad. 

La Bienal, por lo tanto, se concibe como un espacio privilegiado para la profundización en torno al papel fundamental de las artes desde la primera infancia y a lo largo de toda la trayectoria vital de las niñas y los niños y como una plataforma excepcional para reconocer una vasta diversidad de enfoques y metodologías, así como conocer las múltiples propuestas que se están desarrollando en los diferentes lenguajes artísticos en diversos lugares del mundo.  

Entre el 18 de octubre y el primero de noviembre de este año celebraremos, entonces, la Tercera Bienal cuyo eje temático, Juego y Territorio, propone una reflexión crítica y poética sobre el jugar como una práctica humana situada. Este eje se aleja de las visiones utilitarias o instrumentalistas que reducen el juego a una herramienta de aprendizaje o preparación para la vida adulta. 

Por el contrario, el eje busca reivindicar el juego –siguiendo a Lucía Mantilla– como una forma legítima de habitar el mundo y un lenguaje propio de la infancia que no responde a finalidades externas, sino a los acuerdos internos de su propia lógica. Inspirados en experiencias como Territorio do Brincar, el pensamiento de Cas Holman sobre los dispositivos abiertos y el enfoque de André Stern sobre el juego como motor vital, la Bienal explorará el jugar como una práctica estética y cultural en la cual la infancia no es objeto de intervención pedagógica, sino sujeto pleno de creación, capaz de transformar su entorno a través del asombro y la libertad.

Ben Bolden, Clarice Cardell, Cas Holman y el colectivo Liebre Lunar, con sus enfoques innovadores en esta materia, serán algunos de los invitados. Y lo serán porque en Bogotá las artes son un derecho y las niñas y niños, titulares de garantías fundamentales y personas con voz y valor propio. 

(1) El arte en la educación inicial. Documento No. 21, serie Orientaciones pedagógicas para la educación inicial en el marco de la atención integral. Ministerio de Educación Nacional, Bogotá, 2014. 

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