
Democracia sustancial
Mauricio García Villegas analiza por qué las democracias pueden deteriorarse incluso con elecciones libres y plantea que, más allá del voto, su supervivencia depende de instituciones sólidas, igualdad social y una ciudadanía capaz de controlar el poder.
Hay dos preguntas sobre la democracia que vale la pena abordar y diferenciar. La primera es ¿cuáles son los requisitos mínimos para que exista un régimen político democrático? o, en otros términos, ¿qué debe contener una definición mínima de democracia?, y la segunda es ¿qué circunstancias favorecen el desempeño del sistema democrático? La primera pregunta se la hacen los politólogos, la segunda los sociólogos. Cada uno tiene sus debates internos y su canon bibliográfico, pero están más conectadas que lo que sus autores respectivos piensan.
En este ensayo respondo a las dos preguntas y muestro las conexiones que hay entre ellas.
Especial Imaginar la Democracia
1.
En la segunda mitad del siglo XX, el debate clásico sobre la democracia enfrentó a quienes tenían una visión procedimental con los que defendían una visión sustancial de ella. Entre los primeros estaba Joseph Schumpeter, autor de un libro muy influyente titulado Capitalismo, socialismo y democracia (1942), en el que sostenía que la democracia es un arreglo institucional para llegar a decisiones políticas mediante una lucha competitiva por el voto popular. En esta misma línea, Robert Dahl sostuvo que la democracia es un conjunto de garantías procedimentales (elecciones libres, sufragio inclusivo, libertad de asociación, fuentes alternativas de información) que conforman un sistema reglado al que denominó "poliarquía". La democracia, según estos autores, y otros como Giovanni Sartori y Samuel Huntington, es el "conjunto de reglas de juego" que, como dijo alguna vez Norberto Bobbio, se usa para saber quién decide y cómo decide, no para saber qué se decide.
Los detractores de esta perspectiva sostienen que la democracia no se puede reducir a los procedimientos electorales, sino que debe tener en cuenta la calidad del debate democrático y la igualdad social. Jürgen Habermas (en Facticidad y validez, 1992) decía que la legitimidad democrática no viene del recuento de votos sino de la calidad del proceso deliberativo, es decir, de que las decisiones sean el resultado de un debate público libre e inclusivo entre iguales. Amartya Sen y Martha Nussbaum, por su parte, argumentan que la democracia solo tiene sentido si se mide por su capacidad para expandir libertades reales (económicas, sociales) y no solo por la existencia de elecciones limpias.
Jürgen Habermas (en Facticidad y validez, 1992) decía que la legitimidad democrática no viene del recuento de votos sino de la calidad del proceso deliberativo, es decir, de que las decisiones sean el resultado de un debate público libre e inclusivo entre iguales
Los defensores de la visión procedimental, que es más fuerte en los Estados Unidos, temen que, al exigir que la democracia tenga igualdad, deliberación y derechos sociales, termine sirviendo de justificación a regímenes socialistas autoritarios. De otra parte, los partidarios de la visión sustancial, más fuerte en Europa, temen que reducir la democracia al procedimiento electoral la convierta en un mero "ritual mediático" que se hace pasar por una democracia plena.
Al terminar el siglo XX, las visiones procedimentales parecían haber ganado el debate; sin embargo, sus falencias se hicieron evidentes con el llamado 'retroceso democrático' (democratic backsliding), que se refiere a la posibilidad de llegar al poder a partir de elecciones irreprochables, para luego erosionar el sistema democrático por dentro, con mordazas a la prensa, presiones a los jueces y desmonte de los controles institucionales. Son regímenes que cumplen con las reglas de la democracia electoral, pero que se comportan como un enemigo interno que mina dichas reglas, como ocurrió en la Hungría de Orbán (quien reivindicó explícitamente el término 'democracia iliberal' en 2014), en El Salvador de Bukele, en la India de Modi, en la Turquía de Erdoğan, e incluso en los Estados Unidos, en Polonia y en Israel.
El retroceso democrático no es ajeno al ascenso de la plutocracia, sobre todo en los Estados Unidos. Desde finales del siglo pasado los dueños de las grandes corporaciones digitales se dieron cuenta de que el crecimiento de sus empresas dependía, en buena medida, de su capacidad para impedir que el Estado les pusiera límites a sus negocios. De ahí su empeño (exitoso) en financiar campañas presidenciales y legislativas destinadas a cooptar legisladores, jueces y la mismísima Presidencia.
Desde finales del siglo pasado, los dueños de las grandes corporaciones digitales se dieron cuenta de que el crecimiento de sus empresas dependía, en buena medida, de su capacidad para impedir que el Estado les pusiera límites a sus negocios
Los defensores de la visión procedimental pensaban que la democracia era un ideal difícil de alcanzar y sobre todo difícil de definir con criterios sustanciales (deliberación, equidad, etc.) cuya valoración tiene mucho de subjetivo. Por eso concluyeron que la competencia electoral era un criterio objetivo y claro, así fuera minimalista. Hoy, sin embargo, vemos que este criterio también es manipulable y que la contienda electoral no es una garantía fiable de que la democracia exista y mucho menos de que se mantenga. La crisis de la visión procedimental le ha dado visibilidad e importancia a la teoría sustancial.
La segunda pregunta se refiere a las condiciones que favorecen el desarrollo de la democracia. Esto supone que no basta con que un pueblo decida organizarse democráticamente ni siquiera con que promulgue una Constitución en tal sentido, para que ese objetivo se consiga. La democracia es un ideal que nunca se alcanza del todo, que requiere constancia y trabajo en favor de las condiciones que la hacen posible. En eso se parece a las recetas que se usan para hacer cosas, por ejemplo en culinaria: si no se siguen los pasos previstos, digamos para hacer una tortilla, el resultado es deficiente o simplemente es un fracaso.
La democracia es un ideal que nunca se alcanza del todo, que requiere constancia y trabajo en favor de las condiciones que la hacen posible
Así pues, una democracia necesita de: 1) un aparato estatal con capacidad coercitiva y administrativa para recaudar impuestos, prestar servicios básicos de salud y educación, excluir a los grupos armados ilegales y garantizar la paz y la convivencia social; 2) buenos diseños institucionales, conectados con las realidades locales, sobre la estructura del poder (régimen unitario o federal; sistema parlamentario o presidencialista), sobre el sistema de pesos y contrapesos, sobre el sistema electoral, sobre la protección de la libertad del votante y sobre la organización del poder judicial; 3) una relativa igualdad social, bajo el entendido de que un país en el que unos pocos concentran todo o casi todo el poder económico y la gran mayoría vive pobremente, destruye el interés general y menoscaba la legitimidad de las instituciones; 4) una cultura ciudadana favorable al respeto de las reglas institucionales, depositaria de consensos esenciales sobre la vida en sociedad, la resolución pacífica y judicial de los conflictos y el fortalecimiento del debate democrático; 5) una economía operante que genere riqueza y prosperidad para el conjunto de la población, y 6) un contexto internacional en el que sea posible ejercer la soberanía nacional.
Lo digo en términos sintéticos: una democracia requiere de un Estado soberano, capaz de garantizar la paz social, de alentar un crecimiento económico con justicia social, de instituciones acordes con las realidades sociales del país con capacidad de permear el tejido social y determinar los comportamientos ciudadanos, todo eso respaldado por acuerdos básicos entre las fuerzas sociales y políticas y por una ciudadanía vigorosa capaz de controlar a las élites en el poder y de difundir una cultura de cumplimiento de reglas.
Una democracia requiere de un Estado soberano, capaz de garantizar la paz social, de alentar un crecimiento económico con justicia social, de instituciones acordes con las realidades sociales del país con capacidad de permear el tejido social y determinar los comportamientos ciudadanos
Esta no es, por supuesto, una fórmula simple y fácil de manejar, como la de Schumpeter, pero es más realista y sobre todo más exigente, lo cual, en estos momentos en los que todos los gobernantes dicen defender la democracia, es necesario. Hay que evitar tanto el minimalismo procedimental (basta con una elección limpia) como el maximalismo difuso (cualquier cosa buena es 'democrática').
Muchos de los artículos publicados aquí, en Imaginar la Democracia, se refieren a estos ingredientes condicionantes. Rodrigo Uprimny, por ejemplo, ha escrito extensamente sobre el punto 2, mientras Sandra Borda ha escrito sobre el punto 6 y Alejandro Gaviria sobre el punto 5.
Hay que evitar tanto el minimalismo procedimental (basta con una elección limpia) como el maximalismo difuso (cualquier cosa buena es 'democrática')
4.
¿Qué conexión existe hoy entre la primera pregunta sobre la definición mínima de democracia y la segunda sobre sus condiciones de posibilidad? Que ambas están en una relación de dependencia o, mejor dicho, que no se puede responder a la pregunta sobre la definición mínima de democracia sin tener en cuenta aquello que la hace posible.
Como ya lo señalé, el fracaso de la visión procedimental lleva al rescate de la visión sustancial de la democracia; no basta con la celebración rutinaria de elecciones periódicas y por eso la lista de ingredientes que favorecen el desarrollo democrático puede servir para encontrar aquello adicional a las elecciones que es esencial a este régimen político; es decir, aquello sin lo cual deja de ser lo que es.
Hay muchos autores que exploran esta definición ampliada, incluso social, de la democracia. Ya mencioné a Habermas, Amartya Sen y Nussbaum; a esta lista puedo agregar a Ronald Dworkin y a Robert Putnam. Quizás también podría agregar a Wolfgang Merkel con su idea de que la democracia implica unas condiciones de anclaje (embedded conditions), como el contexto socioeconómico, la sociedad civil y la integración internacional. En América Latina destaco lo dicho por Roberto Gargarella, con su idea de democracia deliberativa con igualdad estructural real, y por Rodrigo Uprimny, con su defensa de la democracia constitucional con un fuerte arraigo en los derechos sociales.
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