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León Valencia
Puntos de vista

La postal de Claudia y Petro

La política es adictiva. Claudia López ha estado siempre entre la política y la academia, pero gana siempre la política. Claudia, desde antes de los veinte años, se involucró de manera directa con el país, con su vida pública. Fue una de las jóvenes que enarboló la bandera de una nueva Constitución para modernizar un país que no cambiaba desde 1886. El movimiento de la Séptima Papeleta significó la limpia definitiva que se necesitaba para borrar a la vez la Constitución decimonónica y los vestigios del Frente Nacional.

Aguerrida, arriesgada, Claudia entendió, desde los años noventa, que la política era también una puesta en escena. Aprendió que cada vez que tuviera al frente un micrófono hablaría en titulares de prensa. Eso lo llaman ahora a hablar en bullets. Hace unos diez años se encaminaba a ser la primera mujer presidenta de Colombia. Ganar la Alcaldía de Bogotá en el 2019 ratificaba esos augurios. Y justo le tocó la pandemia y el ‘estallido social’ y, aunque sus detractores piensen le contrario, salió indemne, al punto de que tuvo la suficiente gasolina como para aspirar a la Presidencia en las pasadas elecciones y no le fue bien.

Hace poco la volví a ver. Se veía liberada, reposada, la tormenta amainó. Las heridas que ha sufrido en las contiendas electorales no han sido en vano. “Lo más usual en unas elecciones es que uno pierda”, dijo hace poco en una entrevista. Las derrotas la ubicaron en el espectro al que ella pertenece: el de centroizquierda. Sus contradictores afirman que ella siempre ha sido de derecha porque ha reconocido que su padre en la política es Enrique Peñalosa. Hace veinticinco años, el ex alcalde de Bogotá era reconocido, en una célebre portada de la revista Credencial, como uno de los rostros de la nueva izquierda. Bastante agua ha pasado debajo de los puentes y las personas siempre cambian. Hoy, aunque Claudia le agradece a Peñalosa ese primer espaldarazo, está en la ribera opuesta al exalcalde.

Claudia está dispuesta a recordar lo que siempre ha sido: una académica con la fuerza suficiente para estar en los tormentosos ríos de la política. Su investigación sobre el paramilitarismo en Antioquia la encumbró como una mujer a la que no le temblaba oponerse, desde el pensamiento, contra un presidente, Uribe, el más popular en los últimos cincuenta años, y quien tenía más del 70 por ciento de favorabilidad.

En esa investigación, que publicamos con el apoyo de Suecia y que vendió más de 30.000 ejemplares, Claudia López señalaba a ultra poderosos de la ‘seguridad democrática’ en la misma cuna del uribismo, y por eso salieron a relucir nombres como el de Mario Uribe, a quien se le acabó la carrera gracias a la rigurosidad de López y el mismísimo José Obdulio Gaviria, quien contrarrestó nuestro libro con un compilado de ensayos publicado en su momento por la editorial Planeta, y que fue un rotundo fracaso. Además de publicar una columna en El Tiempo dedicada a ella y que llevaba como título ‘La Torquemada del siglo XXI’, una exageración no desprovista de humor viniendo de uno de los grandes inquisidores que ha dado la derecha en este siglo.

Los grandes líderes se forjan, como el acero, en el fuego, y Claudia ha demostrado aprender de las derrotas. Por eso buscó esa foto con Petro divulgada ampliamente en redes sociales. Esa publicación la devolvió a algo que es vital en la política de nuestros días: ser tendencia. Necesita tener aire en la camiseta de cara a lo que se viene: las elecciones regionales de octubre del 27, en donde hacer un frente unido entre izquierda y centro será vital para contrarrestar el fuego fatuo de la Patria Milagro.

Y la vuelve a encausar al terreno del progresismo. Claudia es la mujer que ayudó a denunciar la parapolítica, antes que el mismo Petro lo hiciera, y tiene más afinidades que diferencias con el expresidente. Pero creo que es una foto que va más allá de buscar un efecto mediático: es el símbolo de la reconciliación entre el centro y la izquierda después de la borrasca.

Claudia ha entendido perfectamente que la política colombiana se mueve, por el momento, de manera diferente a la de España. Allá, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), anclado desde siempre en la centroizquierda, dirige la alianza de las izquierdas. Acá le ha tocado al Pacto Histórico —un partido característico de izquierda— liderar la coalición de las fuerzas progresistas.

Pero al Pacto Histórico y sus lideres, Gustavo Petro e Iván Cepeda, deben entender que no es hora de echarle culpas al centro, y que lo que impera es el llamado a la recomposición y a ordenar casa de cara al gran reto que se viene dentro de un año: la elección de alcaldes y gobernadores. Ahí es donde empezará la remontada. Más allá de cualquier nombre o partido, lo que está en juego, en los próximos meses, es la democracia colombiana. 
 

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