“APERTURAR”, UNA HAZAÑA

Esta semana se lanza MacLamus a explorar el oscuro mundo del lenguaje bancario, salpicado de sinuosidades, pequeñas trampas, trucos burocráticos y falsas palabras que se usan para distorsionar la comunicación. Como el verbo “aperturar”.
Entre los términos raros
que en estos días se usan
los bancarios sí que acusan
un lenguaje nada claro
que se emplea sin reparo.
Hay que hacer antes un curso
para entender el discurso
que un simple trámite entraña.
Se convierte en una hazaña
que exige ingentes recursos.
En el banco, el otro día
quería abrir otra cuenta
con lo poco que mi renta
me deja de plusvalía.
Mas mi sorpresa sería
mayúscula: el asesor
que me atendió en su labor
me dijo que “aperturar”
la cuenta exigía pasar
previamente a un inspector.
Pedí hablar con el gerente;
me pareció exagerado,
ineficaz y enredado
que una cosa tan corriente
concerniera a tanta gente.
Pero el muchacho agregó
algo que me sorprendió:
“Será el ‘guía de experiencia’
quien responda a su exigencia;
lo de ‘gerente’ cambió”.
Así me enteré de paso
que no se llama gerente
el puesto del dirigente
que examina cada caso,
cada cuenta, cada plazo.
Mientras que yo cavilaba
si proseguir en mi intento,
aquel joven, muy atento,
me dijo que el ‘guía’ no estaba,
que al otro día regresaba.
Mas, para colmo de males,
debía “agendar” una cita,
pues de manera fortuita
las consultas oficiales
no se daban “como tales”.
Sin embargo, iba a “escalar”
mi petición, a indagar
si en mi calidad de cliente
después de un limpio expediente
me podían “fidelizar”.
“Mi lenguaje está desueto”,
concluí de mi visita.
Si paso a agendar la cita,
ya me pliego por completo
a un proceso sin objeto.
Decidí no aperturar
la cuenta que iba a activar,
más bien registré en mi agenda
no dar mi dinero en prenda
y “colocarlo” a hibernar.
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