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ELOGIO DE LA DIFICULTAD

ELOGIO DE LA DIFICULTAD
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

ELOGIO DE LA DIFICULTAD

El 21 de noviembre de 1980 la Universidad del Valle le otorgó al pensador Estanislao Zuleta el doctorado honoris causa. Al recibirlo, alertó magistralmente sobre el peligro del unanimismo. El Elogio de la dificultad es un ensayo que sirve para hablar de muchas cosas, pero en especial de eso. Dijo Zuleta que ese pensamiento en bloque que aplasta la pluralidad llega cuando:

“En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro —y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo—, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo… la exigencia de una entrega total a la causa absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión”.

Un mes después de que Abelardo de la Espriella asumiera como presidente de la República, se amontonan los poderes para entonar un bloque de aplausos que silencie todas las maneras en las que el nuevo gobierno ha violado la Constitución (esa que prometió defender.)

El poder empresarial viajó completico al Chocó a sudar al lado del presidente; la mayoría de los partidos en el Congreso se declararon gobernistas; varios grandes medios de comunicación y sus estrellas están consagrados a complacer al irritable mandatario. Qué nadie haga preguntas, ni críticas, ni caricaturas, ni se nombren las palabras prohibidas. Silencio. Todos en silencio a formar una línea en el patio que el presidente va a pasar lista.  

Todos menos unos pocos, entre ellos los jueces. Solos en sus despachos, los convoca la fuerza de la Constitución y la ley. Claro que cometen errores y alguno que otro vende su conciencia. Pero en mi experiencia hablando ante la justicia, ella está compuesta por personas comprometidas con el Estado de Derecho. Y los hay de distintas ideología, clase, género e historia personal, pero suelen estar llamados a hacer respetar las normas que nos rigen.

Por eso los únicos que han frenado algo de la avalancha inconstitucional que emprendió de la Espriella en tantas aristas del Estado son quienes imparten justicia. Como el juzgado laboral de Bogotá que le ordenó disculparse por vulnerar la neutralidad religiosa del Estado con el acto confesional que incluyó en su posesión presidencial; o los que le ordenaron abstenerse de bombardear zonas donde haya menores reclutados forzosamente; o el que frenó los bombardeos en el Cauca, o el que suspendió la aspersión aérea con glufosinato en el Putumayo.

¿Será por eso que el proyecto de Presupuesto General de la Nación le otorgó a la rama judicial 34,8 % menos de lo solicitado? Únicamente para funcionamiento, los jueces necesitan 14,61 billones de pesos, pero solo les asignaron 9,91. Esta semana la Judicatura advirtió que el proyecto no cubre la inflación, por lo que en realidad implica una reducción efectiva del dinero que le gira la billetera central del Estado.

Además, una reforma de 2024 a la ley estatutaria de administración de justicia (la Ley 2430) ordena que el 3 % del presupuesto vaya a la rama, mandato que este proyecto de presupuesto no solamente incumple, sino que contraría. En todas las esquinas del Estado se empiezan a ver recortes y congelamientos en las entidades que de la Espriella quiere asfixiar lentamente.

Plata o no, cada decisión judicial ha desatado una indignación estruendosa del brazo mediático y digital del gobierno. Un representante a la Cámara preguntó si esos jueces están al servicio del narcotráfico; un medio afanado por defender al presidente titula: “¿Hasta qué punto los jueces pueden gobernar?” A los agitadores de la ultra derecha que gobierna se les ve emocionados de volver a su papel de enemigos de la justicia y dejar atrás cuando la enarbolaban como la guardiana de la democracia. Ese mismo sector aplaudió las decisiones que, con razón, detuvieron los abusos de Petro, pero ya no ve ninguna utilidad a los frenos y contrapesos en la patria milagro.

Claro que es más difícil gobernar un Estado de derecho que una corte de lagartos. Garantizar el disenso y las voces de la prensa crítica, respetar las decisiones judiciales y comprometerse con las formas del poder tripartito es más complejo, pero nos sirve de contención del populismo que se mueve al vaivén del que esté al mando. “El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo”, dijo Zuleta.

El presidente, su gobierno y sus aplaudidores pretenden gobernar sobre una formación colectiva que no cuestione, pero tal vez ignoran que la única arista de la rama judicial en la que reina el unanimismo es el compromiso de pensar por sí mismo. Cada uno en su escritorio contrastando la realidad con las normas. Y que en esa tarea seguirán los jueces, incluso si deben ejercer su labor con las uñas (no sería nada nuevo), sofocados por expedientes en algún despacho abandonado de un pueblito en cualquier montaña del país o en los tormentosos edificios que albergan a nuestro desfinanciado sistema de justicia.  

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