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Lucia González Duque
Puntos de vista

Carta abierta al Pacto Histórico

El país necesita hoy más que nunca una oposición legítima. Para lograrlo, el Pacto Histórico debe emprender la tarea inmensa, difícil pero urgente, de recuperar la credibilidad y ocupar un lugar moral que le permita hacer seguimiento al gobierno, señalar sus faltas y evitar que actúe impunemente contra la Constitución y los derechos históricamente adquiridos.

Por ser la oposición, el Pacto Histórico tendrá la atención de los medios, de los influenciadores, de los opinadores y, por tanto, será la voz de muchos ciudadanos. Esperamos que asuma esta responsabilidad, con entusiasmo y grandeza, porque lo que los demás hagamos o digamos quedará en los márgenes de la opinión, máxime cuando los grandes medios ya se han plegado al gobierno.

Este partido tiene una deuda con el país, con la historia política, consigo mismo, con sus miembros y con quienes creemos en la necesidad de avanzar en equidad, en democracia y en la búsqueda de la paz. No lo vimos actuar al partido de gobierno con la fuerza que esperábamos, y el gobierno terminó siendo una expresión más del presidencialismo supremo.

Su reivindicación y futuro será posible si, en el proyecto de refundación que propone, es capaz de hacer examen de conciencia, contrición de corazón y propósito de enmienda. Es decir, si es capaz de poner públicamente en blanco y negro, con toda la honestidad, tanto sus logros como sus faltas. No sé si valga la pena insistir en que el expresidente mismo haga un balance sincero. Creo que al Pacto Histórico le corresponde una responsabilidad aún mayor, no solo con el pasado, sino con el presente y con el futuro de la nación y de las poblaciones que lo respaldaron y requieren de un proyecto político que las represente y las proteja de la venganza que ya ejerce este gobierno sobre las comunidades más necesitadas, los sectores demócratas y los derechos logrados. Hacer un verdadero balance de lo ejecutado en el pasado le permitirá al Pacto y a todos los demócratas del país saber, a ciencia cierta, qué logramos, qué debemos cuidar y así poder defender los logros y oponer argumentos a la mentira.

Quienes en algún momento tuvimos fe en las promesas del “cambio” sabemos que hubo avances importantes, muchos de ellos simbólicos, pero no por ello menos importantes, como la inclusión de “los otros” en la narrativa de la nación y su llegada a cargos de poder; y otros concretos de gran valor, como los avances en la agenda social y en la reforma agraria, la restitución de tierras, el reconocimiento de los campesinos como sujetos de especial atención, el alza del salario mínimo y la reforma pensional, entre otros. Sin embargo, tampoco tenemos datos oficiales que nos permitan enfrentar con certeza y coraje lo que este gobierno quiere destruir.

Saber dónde están las deudas, qué no se hizo y qué se hizo a medias trazará una ruta clara para los miembros del partido en el Congreso y para los gobernantes locales, actuales y por elegir, que representan al Pacto o a sectores progresistas. Esperamos que estar en la oposición no signifique solo combatir los actos de este gobierno, sino seguir luchando con propuestas y acciones concretas por la promesa del cambio.

Muchos asuntos merecen un análisis serio y riguroso, pero de manera urgente identifico tres: encarar y aclarar los lamentables hechos de corrupción y los innumerables hechos aun oscuros, como los relacionados con la familia del presidente; con la Laura Sarabia; con las hermanas Guerrero; la actuación del comisionado de paz Danilo Rueda; el lugar de Benedetti y Quintero en el gobierno; lo sucedido con el Ministerio de la Igualdad, entre otros. Por lo que representa como restauración o fuerza moral, el Pacto debe hacerse parte de las investigaciones y contribuir a develar la verdad de los hechos vergonzosos, que terminaron por descalificar al gobierno, fortalecer a la oposición y, sobre todo, quitarnos a los demócratas o progresistas los argumentos y el entusiasmo para defender las promesas del cambio.

Segundo: aclarar en qué situación quedó el Sistema de Salud en Colombia y cuál es la propuesta que se llevará al Congreso para contribuir a restablecer, lo más pronto posible, las condiciones de atención a la población, incluida la investigación y la asunción de responsabilidades de quienes tuvieron a su cargo las entidades intervenidas.

El tercer asunto: develar el estado en el que quedó la UNGRD tras el saqueo del que fue objeto, para contribuir seriamente a restablecer sus competencias. Será uno de los instrumentos más necesarios para enfrentar el Fenómeno de El Niño y la crisis climática.

Para ello tiene la obligación de llegar a los acuerdos necesarios para consolidar la unidad, superar las contradicciones y apartar a quienes se usufructúan del Pacto y le hacen un inmenso daño; dar respuesta pública al libro blanco o Libro de la Verdad que entregó el presidente Abelardo de la Espriella; convocar a la población no solo a la desobediencia civil o a salir las calles, sino también a actuar a través de las acciones previstas en la ley frente a los poderes legislativo y judicial, a los órganos de control, avanzando en formación política y haciendo veeduría; y hacer del Gabinete por la Vida, un espacio no solo de seguimiento sino tambien de acción, para lo cual deberá enriquecerse con representantes poblacionales y territoriales que amplíen la mirada y extiendan el compromiso.

Como lo dijimos en la Comisión de la Verdad: Hay Futuro si hay Verdad. El presidente de la Comisión, Francisco de Roux. SJ. repitió siempre que “la verdad, lejos de reducir la reputación, la incrementa”. Y como se lo exigimos a los responsables: reconocimiento de los actos, para poder reparar los daños.

Necesitamos que un partido mayoritario, liderado por quien tenga hoy la mayor legitimidad, se comprometa a encarnar lo más escaso en este país: la transparencia en sus actos y la decisión de buscar la equidad. Y ese partido es, hoy, el Pacto Histórico.

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