
El triste panorama de la ciencia en América Latina
El desinterés político contrasta con el compromiso científico, en medio de recortes presupuestales, medidas populistas y una falta de visión afectan esta actividad en varios países del continente. Colombia no es la excepción.
La revista Science publicó recientemente un editorial del profesor Antonio Lazcano, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el que aborda el problema del escaso interés del Estado por la ciencia. Al reflexionar sobre las condiciones de la ciencia en nuestro país, me viene a la mente el dicho popular: “No es lo mismo, pero es igual”. A continuación se presentan algunos segmentos del editorial, acompañados de breves comentarios que permiten incluir a nuestro país como otro ejemplo donde la ciencia no logra ocupar un papel protagónico dentro de las prioridades estatales.
La primera afirmación de Lazcano señala que en muchos países latinoamericanos las entidades encargadas de apoyar la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) se han visto afectadas por catástrofes económicas, ataques políticos y la ausencia de estrategias de desarrollo, tanto nacionales como regionales, que respalden la actividad científica en la región. La ciencia no puede avanzar en medio de la incertidumbre económica, la violencia política y la inversión inconstante. A estas observaciones, agregaría que en nuestro país enfrentamos además graves problemas de seguridad, los cuales no solo intimidan a la población, sino que también dificultan la movilidad y la llegada de investigadores internacionales, lo que impacta negativamente en los avances científicos y la transferencia tecnológica.
Continúa Lazcano señalando que el panorama científico de América Latina aún se recupera de múltiples reveses. La lista incluye decisiones como la del presidente argentino Javier Milei de reducir drásticamente la financiación a la ciencia; las políticas del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, que socavaron la autonomía de las universidades y la investigación académica; la toma de control de las universidades y de la Academia Nacional de Ciencias por parte del presidente nicaragüense Daniel Ortega; y el rápido deterioro de la ciencia y la educación superior en Venezuela y México, donde sus respectivos líderes han acusado a los científicos de formar parte de una élite perjudicial, dedicada a investigaciones inútiles. A este panorama sumaría la situación en Colombia, donde la posición del Gobierno frente a la ciencia y la tecnología se ve reflejada en el bajo presupuesto asignado y en el escaso interés hacia el trabajo de los científicos nacionales.
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