4 Marzo 2022

Submarino nuclear en Cartagena y otros episodios de Colombia en la OTAN

Crédito: Wilmer Huertas

La presencia de un submarino nuclear en aguas de Cartagena sorprendió a un mundo en tensión por el conflicto entre Rusia y Ucrania, pero ratificó la importancia e historia de Colombia como apoyo en misiones conjuntas internacionales.

Por: Javier Patiño C.

A comienzos de la semana pasada, las redes sociales atraparon, en medio de su cotidiana pesca de sucesos extraordinarios, una atractiva presa para los medios de comunicación: un moderno submarino nuclear de bandera estadounidense que surcaba las aguas del Caribe colombiano, a 130 kilómetros (70 millas náuticas) del puerto de Cartagena de Indias.

Se trataba del SS Minnesota, conocido como el rey de los mares, una de las máquinas más poderosas que tiene Estados Unidos “para realizar ataques intercontinentales como parte de su estrategia defensiva”, según indica el documento de presentación del Departamento de Defensa de ese país.

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Armada Nacional

Pero la presencia de esa nave en estos momentos de alta tensión que vive el mundo a causa del conflicto entre Rusia y Ucrania, hizo emerger las respectivas suspicacias en el también presionado océano de las relaciones entre Colombia y Venezuela.

Sin embargo, fue el propio Ministerio de Defensa colombiano quien calmó las aguas al asegurar que se trataba de una ‘coincidencia’ y aclarar que se trataba de un ejercicio en aguas del Caribe desarrollado para el progreso de la educación marítima. Por su parte, la Armada Nacional también explicó que el submarino nuclear participaba en una misión diseñada para fortalecer la seguridad del país y estar a la vanguardia con la tecnología OTAN. “Ese es un sumergible de gran capacidad para operar en diferentes campos de acción y su presencia se debía a la necesidad de interactuar con nuestros submarinos y fragatas en la lucha contra el narcotráfico”, dijo el vicealmirante Gabriel Alfonso Pérez. “Es importante estar acorde con los estándares internacionales en operaciones marítimas para hablar el mismo lenguaje”, agregó.

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Karen Salamanda/MinDefensa

Llamados de guerra

En realidad, Colombia se ha destacado por servir de apoyo en misiones conjuntas internacionales desde la mitad del siglo XX, y es el país de América Latina que cuenta con más participaciones en esas tareas universales. 

Una de las primeras ocurrió bajo el gobierno de Laureano Gómez, cuando el mundo apenas se reponía de las heridas de la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos y la Unión Soviética se consolidaban como potencias mundiales. Entonces, el país alistó un grupo de hombres para luchar en una confrontación a 15.000 kilómetros de distancia y responder al llamado del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ante la ocupación de tropas de Corea del Norte a su vecina del Sur, en una misión para la cual fueron enlistados 4.750 hombres que viajaron acomodados en tres fragatas de guerra.

“Nuestra tarea –agrega– era llegar a un país desconocido, con el objetivo de lograr la libertad del pueblo surcoreano y hacer respetar los principios universales de la Carta de la Naciones Unidas, entidad en la que el gobierno de los Estados Unidos jugaba un papel principal”.

Uno de ellos fue el entonces subteniente Guillermo Pérez, quien hoy, a sus 92 años, no olvida los 24 meses que duró su aventura bélica. “La decisión del presidente Gómez de enviarnos fue una manera de resarcir la falta de apoyo que los líderes conservadores habían ofrecido durante la Segunda Guerra Mundial y de demostrar que Colombia podía apoyar una misión internacional”, explica. “Nuestra tarea –agrega– era llegar a un país desconocido, con el objetivo de lograr la libertad del pueblo surcoreano y hacer respetar los principios universales de la Carta de la Naciones Unidas, entidad en la que el gobierno de los Estados Unidos jugaba un papel principal”.

De esos años, al experimentado exoficial le queda un recuerdo agridulce: más de un centenar de jóvenes colombianos murieron o fueron desaparecidos y más de 400 resultaron heridos. “Uno de ellos fue el general Álvaro Valencia Tovar, que después llegaría a ser el comandante del Ejército”, señala.

Pero mientras esos hombres peleaban una guerra en otro continente, el país sorteaba los combates más fuertes entre las guerrillas liberales y las tropas conservadoras. “Y a pesar de esa realidad, las misiones internacionales no se detuvieron: en 1956, luego de la intención de Inglaterra y Francia por recuperar el Canal de Suez –nacionalizado por el gobierno egipcio–, el Ejército colombiano acudió al llamado de las Naciones Unidas para integrar, junto con otros diez países, la primera fuerza de paz.

Esa colaboración internacional no terminó ahí. Las tropas colombianas también fueron enviadas para prestar servicios sobre la línea que separa a Israel de Egipto, luego del acuerdo de Camp David, el 17 de septiembre de 1978. El batallón despachado para ejercer control aún permanece en el Sinaí como parte de una fuerza multinacional en misión de paz.

Ejercicios multilaterales

La experiencia colombiana en este tipo de maniobras ha hecho que el país se convierta en aliado estratégico de sus protagonistas. “En Suramérica somos la joya de la corona en este campo, porque aquí no solo llevamos 60 años de conflicto interno, sino que, además, poseemos una posición geográfica estratégica”, dice el historiador Gabriel Paredes.

Colombia ha producido políticas de seguridad y defensa altamente exitosas al afrontar no un conflicto sino cinco al mismo tiempo, las cuales se han convertido en líneas maestras en materia de confrontar todo tipo de organizaciones al margen de la ley

“En este terreno, Colombia ha producido políticas de seguridad y defensa altamente exitosas al afrontar no un conflicto sino cinco al mismo tiempo, las cuales se han convertido en líneas maestras en materia de confrontar todo tipo de organizaciones al margen de la ley”, afirma por su parte el profesor de Ciencia Política, Vicente Torrijos.

“Además –añade el catedrático–, las Fuerzas Militares colombianas son reconocidas en este momento a nivel mundial –y desde hace 20 años cuando se desarrollaba la política de seguridad democrática–, por su versatilidad operacional para atender todo tipo de amenazas”. Reconocimiento que fue fundamental para que, en 2018, tras el acuerdo de paz firmado en el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, al país se le abrieran las puertas para ingresar como socio global latinoamericano de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esa incorporación cambió la doctrina institucional de las Fuerzas Militares colombianas y las llevó a adquirir estándares internacionales y disponer de las mismas estructuras de las grandes potencias militares.

ZAPATEIRO
Javier Casella/MinDefensa/Archivo 

“Esa evolución les permitió realizar intercambios de experiencias y de conocimientos con varios países, con énfasis en estrategia y táctica”, afirma un alto oficial del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (CCOES). Entre dichos ejercicios se destacan los realizados en compañía de soldados de la División Aerotransportada N° 82 del Ejército Sur de los Estados Unidos –llamados Hidra I e Hidra II–. “Entrenamos como si fuéramos un solo ejército para tareas de combate, paracaidismo y operaciones anfibias”, explica el oficial del CCOES. 

Por su parte, la Fuerza Aérea Colombiana ha liderado la realización de prácticas internacionales al participar en misiones como la operación Relámpago –que lleva siete versiones–, en la que aviones F-16 de los Estados Unidos se unen a los Kfir colombianos bajo los estándares OTAN, para poner a prueba las capacidades de los pilotos y fortalecer su destreza en situaciones extremas, al igual que realizar ejercicios de ayuda humanitaria, interdicción aérea y rescate de personal, temas donde la Fuerza Aérea Colombiana es vista como referente regional.

Esa experticia, para voceros como el coronel (R) John Marulanda, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares (Acore), resulta útil para los Estados Unidos, sobre todo en estos tiempos de calentura mundial. “Para ese país es clave contar con aliados que manejen los estándares OTAN, especialmente de Suramérica. Es allí donde toma fuerza la propuesta del senador republicano Marcos Rubio, de convertirnos en socio estratégico de Estados Unidos fuera de la OTAN, aunque, como lo explicaba el embajador de Colombia allí, Juan Carlos Pinzón, no se necesita porque la nación se la pasa en entrenamientos de tierra, mar y aire con las fuerzas armadas estadounidenses”, dice.

“Para los Estados Unidos –que lidera la OTAN– es importante tener como aliado a Colombia, con las capacidades que tiene y con la estabilidad democrática con la que se ha convertido en punta de lanza en Latinoamérica para enfrentar todas las amenazas. Y es que mientras el país logra garantizarse de manera relativa su seguridad frente a las amenazas externas, la OTAN consigue un socio perfecto para Estados Unidos”, concluye por su parte el profesor Vicente Torrijos.