28 Noviembre 2022

Colombia se enfila en el camino de la economía circular

Crédito: Cempre

Colombia se está adaptando rápidamente a los retos que implica la implementación la economía circular aplicada a residuos como el plástico.

En esta coyuntura existen varios actores fundamentales –gobierno, industria, consumidores, recicladores y transformadores, entre otros-, que, en nuestro país, han venido trabajando para recuperar los materiales e ingresarlos a una dinámica de economía circular y, además, están tomando medidas para aportar a la solución de la problemática del plástico con el fin de promover un mejor y mayor aprovechamiento de este material. 

Cada vez es más común que las marcas escuchen al consumidor, que busca alternativas distintas, tanto en los materiales como en la forma en que se presentan los productos.  Sin embargo, es importante que se incremente el número de empresas que aplican el modelo, así como el nivel de conciencia y compromiso de los consumidores, para lo cual el Gobierno viene liderando la construcción de política pública para incentivar dicho cambio e impulsar la economía circular. Cempre Colombia (Compromiso Empresarial para el Reciclaje), Organización No Gubernamental con 13 años de experiencia en el trabajo de circularidad de envases y empaques, a través de su directora Laura Reyes, está al tanto de estos desafíos y la forma en que nuestra sociedad se está adaptando para impulsar la implementación y el escalamiento del modelo, tanto para el plástico como para los demás materiales. 

Sus respuestas, en esta conversación con CAMBIO, ayudan a despejar un poco el panorama de los avances y retos de nuestro país en este sentido.

La acumulación de residuos, en especial de plásticos, tiene una especial afectación sobre las comunidades vulnerables asentadas en riveras de ríos y cerca del mar. ¿Qué estrategias se pueden adelantar en estas comunidades para disminuir el impacto?

Cempre viene trabajando en el fortalecimiento de los esquemas municipales de aprovechamiento, cuyos principales actores son el ciudadano y el reciclador de oficio. Los recicladores en todo el país recuperan cerca del 15 % del total de los residuos generados, y es necesario que el ciudadano se comprometa con acciones efectivas de separación en la fuente para incrementar ese volumen. Con la recuperación y envío de estos materiales a las cadenas de fabricación de nuevos productos vamos a prevenir de manera efectiva la acumulación de residuos en cuerpos de agua, que suman a los diferentes factores que generan inundaciones y problemas de salubridad en esas zonas. 

Como organización contamos con estrategias ya en desarrollo. Por ejemplo, en la prevención administramos Red Reciclo, un plan de responsabilidad extendida del productor (Resolución 1407 del 2018 y Resolución 1342 de 2020) que cuenta con 15 empresas vinculadas y que hoy representa más del 30 % de los residuos plásticos que se recogen en el país (4,8 % de lo que se genera). Lo anterior, por medio de más de 10 iniciativas alrededor del país. 

En la recuperación contamos con “Juntos podemos cambiar la marea”, una iniciativa enfocada en recuperar zonas costeras, pero, sobre todo, a entender lo que necesitamos trabajar con los actores locales para que se apropien de su territorio y para que, a partir de allí, sus ofertas de servicio garanticen la acción de prevención de la contaminación. En esta parte hay varios aspectos para tener en cuenta: es necesario tener esquemas de gobernanza efectivos y claros y participación efectiva de la población local, desarrollar capacidad instalada en modelos sostenibles de negocio y educar al turismo para que se conecte con las “reglas” de estos territorios. En 2022, se sumó a esta labor Ocean Conservancy, organización que a través de nosotros le apostó a organizar 28 jornadas de limpieza de playas con más de 1.000 voluntarios.

Cempre
Crédito: Cempre

Todas estas iniciativas vinculan al sector privado empresarial, gobiernos locales, empresas prestadoras de servicios, organizaciones de recicladores, transformadores y comunidad, articulando esfuerzos para el impulso de la economía circular y la sostenibilidad de estos territorios. No hay que olvidar que las empresas asumen un grado de responsabilidad por todos los impactos ambientales de sus productos a lo largo de su ciclo de vida, desde la extracción de las materias primas, pasando por la producción, hasta la disposición final del producto como residuo en la etapa de posconsumo ; sin embargo, los ciudadanos tenemos el deber de una acción consciente y activa con nuestros territorios -vivamos o no en estos-, asegurándonos de cumplir con una obligación sencilla pero necesaria: separar nuestros residuos y permitir que estos ingresen de manera adecuada a la cadena de valor para que el material sea aprovechado y no termine afectando a las comunidades vulnerables.

Las actividades de limpieza y reciclaje tienen resultados positivos a corto plazo, pero ¿cómo se puede lograr, en el escenario de largo plazo, que estas estrategias perduren y amplifiquen su impacto?

Nosotros tenemos metodologías de medición y análisis para asegurar que la proyección de las iniciativas sea coherente con las necesidades nacionales, pero también con las dinámicas de las regiones que pueden impactar el cumplimiento de las metas.

En el mediano plazo se debe promover la conexión de las cadenas de valor en los municipios alejados, y también acompañar la construcción de la política pública y su implementación para lograr la efectiva recuperación de todos los materiales.

La capacidad instalada existente debe multiplicarse al menos por 4, y esa inversión se debe hacer por todos los actores involucrados, de manera estratégica y ordenada. Hoy, más del 60 % de las grandes empresas están incumpliendo el requerimiento de vincularse a un plan posconsumo. También existen más de 250 planes que compiten por toneladas certificadas -que es el indicador de la norma-, y eso distorsiona el mercado. Es necesario minimizar el número de programas posconsumo, revisar cuál es la alineación que estos deben tener para invertir ordenadamente y garantizar que se incremente el reciclaje y no solo el costo de reciclar.

Esa capacidad es lo que permitirá tener soluciones sostenibles de largo plazo, acompañadas de cierre de brechas sociales, inclusión de la población por medio de la creación de empleos sostenibles y formales, y contribución a las metas de cambio climático que el componente de residuos debe entregar.

Finalmente, los ciudadanos debemos tomar conciencia del valor de los productos que consumimos y preguntarnos cómo se integran estos a las cadenas de aprovechamiento, cuáles son sus efectos o beneficios, de qué manera se disponen, etc.

Cempre
Laura Reyes, directora Cempre

El reciclaje tiene mayores efectos sobre determinados tipos de plásticos, como el PET. En cuanto a otros con menos potencial de reciclaje, como las bolsas del mercado o el Icopor, ¿cómo se puede promover su aprovechamiento?

Todos los materiales son potencialmente reciclables, pero no todos son reciclados. Esto se debe al valor que tienen en el mercado, pero también a los retos que implica su procesamiento. Tenemos un desafío como país en infraestructura logística para que los modelos de negocio alrededor de los diferentes tipos de plástico sean viables. El PET hoy se aprovecha porque existe demanda del material reciclado y esto lleva a que la cadena se haga eficiente. Ahora, debemos hacer dos cosas: 

La primera es construir la demanda del material para que este sea atractivo nuevamente a nivel económico y lograr incrementar la reincorporación de materiales reciclados en nuevos productos.

La segunda es motivar el “cierre de la llave” enfocándonos en estrategias que prevengan la generación del residuo, mediante la incorporación de nuevos modelos de consumo. Precisamente, este será el rol del Pacto de los Plásticos, una iniciativa colectiva que ya comenzó su trabajo y que busca acelerar la transición de los plásticos a la economía circular. En esta plataforma se trabajará para introducir estrategias de reutilizacion, rellenado y reincorporación que permitan mantener el flujo del material. 

En la problemática relacionada con los plásticos existen muchos actores y situaciones. En este sentido, ¿qué responsabilidad recae sobre las industrias que los producen y los utilizan masivamente, y qué acciones adicionales podrían asumir?

Para poder cambiar el modelo necesitamos empezar a diseñar para el reciclaje. Esto ya se está empezando a hacer, por ejemplo, en la industria de bebidas o cosmética. Se debe asegurar que un mayor porcentaje de la industria se comprometa y entienda la economía circular como la estrategia de su modelo de negocio, ya que les significa más beneficios que costos. 

En la actualidad, especialmente en empresas pequeñas y medianas, se están tomando decisiones equivocadas, como cambiarse a plásticos que no tienen cadena de valor y no se pueden reciclar. Entre estos, podemos encontrar los bioplásticos o los llamados oxobiodegradables, que están de moda, pero que representan un riesgo para las cadenas de aprovechamiento actuales, porque en el país no existe tecnología ni para separar estos dos tipos de plástico ni para aprovecharlos. Por eso, necesitamos que la industria aprenda más y tome decisiones basadas en unos modelos efectivos de aprovechamiento.

¿Qué retos de apoyo y bienestar enfrenta la comunidad de recicladores?

A medida que se fortalece y se organiza la inversión alrededor de la construcción de las cadenas de reciclaje, lo que es claro es que los beneficios deben ser para todos los participantes, y por eso nuestro propósito es impulsar la economía circular para la prosperidad colectiva. Así, hemos logrado determinar que al implementar el modelo de economía circular se incrementa también el ingreso de los recicladores. 

Estamos trabajando en iniciativas como Movimiento Re, en la Costa Atlántica, y Reciclar Tiene Valor, en Bogotá, para mejorar aspectos como salud, seguridad en el trabajo, tiempos laborales e ingreso. Por ejemplo, en la Costa Atlántica, logramos aumentar en 30 % el ingreso de un grupo de recicladores con quienes hemos piloteado gracias a iniciativas enfocadas en la recolección y el aprovechamiento de plástico conocido como de bajo valor. Trabajamos también en iniciativas de medición de huella social y en el mejoramiento del transporte del material. Sin embargo, estas acciones serán posibles en la medida en que el modelo de negocio del reciclaje sea eficiente. 

Cempre
Crédito: Cempre

Frente a las realidades del mercado –precios de la materia prima, comercio internacional de plásticos, salida del material aprovechado, cadenas de logística…– ¿qué debilidades enfrenta hoy el reciclaje en el cumplimiento de su misión?

La principal debilidad está en la capacidad de medir y analizar los datos. La forma en que estamos recogiendo información no es necesariamente la misma para los diferentes actores, y eso nos pone en un escenario de incertidumbre al no poder medir las dimensiones del mercado, los costos reales, las pérdidas… Lo segundo es la necesidad de armonizar la política pública con conceptos como la responsabilidad extendida al productor o el aprovechamiento: actualmente tenemos conceptos distintos que no nos permiten ponernos de acuerdo –a nivel nacional y como región, en Latinoamérica– para maximizar nuestro potencial y generar las materias primas recicladas y ponerlas al servicio del mercado.

Finalmente, es clave que el gobierno determine las reglas sobre las cuales se mueven los residuos en las fronteras y se armonicen con la región los parámetros de reporte y reglamentación para hacer esta transición en conjunto y lograr que la política de un país no afecte negativamente a otro en Latinoamérica.


¿Cómo están en este momento las cifras de reciclaje en Colombia y qué análisis fundamentales se pueden extraer de estas?

Venimos diciéndolo desde 2018: si no podemos contar manzanas con manzanas entre los diferentes sistemas de reciclaje será muy difícil. Sin embargo, con el Pacto de los Plásticos, por ejemplo, hemos logrado identificar que la línea base de los plásticos en Colombia está así: cerca de 700.500 toneladas se ponen cada año en el mercado. De estas, se aprovecha hoy el 32 %, lo cual es ya superior a lo que plantea la norma –30 % a 2030–. Esta es una buena noticia en términos de gestión. La mayor parte de este material es PET, y allí tenemos una gran oportunidad: incrementar el aprovechamiento de los otros tipos de plástico. 

Otro punto importante es que solo 3 % del material llega a una circularidad cerrada, es decir, que el envase y el empaque vuelven a ser envase y empaque. La buena noticia es que hoy tenemos datos, y eso nos permite plantearnos metas. El reto es llevar a los actores informales, no solo los recicladores de oficio sino a los intermediarios y a los transformadores, a generar datos públicos de los que nos permitamos sentir orgullosos, para medir realmente cuánto de lo que hoy se pone en el mercado es aprovechado con un estándar ambiental.

Desde el plan colectivo Red Reciclo se han gestionado, en 2022, 98.527 toneladas de envases y empaques. De estas, el 27 % (26.577 toneladas) corresponde a vidrio; el 37 % (37.100 toneladas) a cartón; y el 34 % (36.119 toneladas) a plástico.
 

Contenido en colaboración con CEMPRE