29 Abril 2022

¿Hay neonazis en Bogotá?

Los grupos neonazis que hacen presencia en Bogotá tienen una presencia difusa pero contundente. Aún así, no investigan su accionar.

Aunque la Dijín no ha encontrado evidencias para investigarlos como grupo delincuencial, algunas minorías, como la comunidad LGBTIQ+ y los habitantes de calle, reclaman mayor atención al problema porque han sentido en carne propia la violencia de los desadaptados.

Por: Maria F. Fitzgerald

En días recientes, el ataque a seis personas en Bogotá –al menos dos de ellas de la comunidad LGTBIQ+– prendió las alarmas por la posible presencia de un grupo del que existe poco registro. En un video, que circuló por redes sociales y en el que se hace evidente la violencia del ataque, aparecen dos hombres que poco tiempo después fueron identificados por los internautas. Uno de ellos, rapado y usando botas punteras negras, fue reconocido como el perpetrador de varios ataques homofóbicos. Además, fue señalado de ser integrante de un grupo que se hace llamar La Tercera Fuerza.

La Tercera Fuerza asegura ser un grupo neonazi con presencia principalmente en Bogotá, pero también con ramificaciones en ciudades como Medellín y Cali. Sin embargo, existen muchas dudas respecto a su conformación y el impacto real que pueden llegar a tener. Por un lado, quienes han sido sus víctimas principales, como lo son la comunidad LGTBIQ+, los migrantes, las personas en situación de calle y las mujeres trabajadoras sexuales, aseguran que su presencia es fuerte y aterrorizante. Por el otro, hay quienes aseguran que son tan pocas personas que ni siquiera alcanzan a ser representativas, y que incluso el término nazi se ha usado con muchas imprecisiones. Al final, ¿es posible afirmar que hay grupos neonazis en Bogotá?

 

Lo que dice la comunidad judía

Marcos Peckel, presidente de la Asociación Judía de Colombia, piensa que sí los hay, pero con matices. Para Peckel, los ataques de estos grupos en el país, sobre todo en Bogotá, han sido usuales: “Nosotros hemos tenido que trabajar en coordinación con las autoridades luego de que vandalicen nuestras esculturas o nuestras sinagogas. Cada cierto tiempo tenemos el registro de un grupo nuevo, que ataca poblaciones vulnerables, pero nunca han sido realmente significativos en cuanto a cantidad de integrantes”.

Peckel hace énfasis en que la palabra nazi ha sido utilizada indiscriminadamente, incluso para definir tendencias políticas que no se asocian al nazismo: “en Colombia los calificativos vienen sin mucha reflexión. A cualquier persona con ideas políticas de izquierda la califican de guerrillero, y a cualquier persona con tendencias a la derecha la califican de paramilitar, o de nazi. Eso termina por desdibujar y desconocer lo que estos grupos significan realmente, y por lo mismo no nos permite terminar de entenderlos, ni de reconocerlos”, asegura.

 

Los cabezas rapadas

Para entender mejor qué es un neonazi, es mejor acudir a la historia. Los neonazis se desprenden, en parte, de un grupo llamado skinheads. Aunque los skinheads tienen un origen obrero y de contrapoder, una pequeña fracción de ellos fue cooptada por grupos de extrema derecha. Esto llevó a que el movimiento se dividiera en dos corrientes: Red & Anarchist Skin Heads (RASH) y Skin Heads Against Racial Prejudices (SHARP) contra los Anti RASH y Anti SHARP. Los segundos, es decir los antis, tienen marcadas tendencias neonazis.

Alrededor del mundo, estos grupos cargan banderas anticomunistas, antiguerrilleros, antiinmigrantes, antidiversidad religiosa (por supuesto antisemitas y también antimusulmanes), anticomunidad LGTBIQ+, antihabitantes de calle, antiminorías étnicas y raciales, entre muchos otros. Es usual que se distingan por usar cabezas rapadas y botas de estilo militar, usualmente con punteras de acero. Y, sobre todo, por usar símbolos asociados al nazismo como lo es la esvástica, la cruz roja de Borgoña (utilizada por grupos tradicionalistas durante la Guerra Civil Española), o la cruz celta (asociada al cristianismo pagano previo al semitismo).

Los neonazis, sobre todas las cosas, pretenden reivindicar los ideales de Adolf Hitler. Y en Colombia, algunos grupos han pretendido hacer lo mismo. De tanto en tanto aparece una facción nueva, usualmente con nombres grandilocuentes pero, al parecer, con muy pocos integrantes. Movimiento Nacional Socialista Colombiano, La Tercera Fuerza, el Comando Radical Nacionalista o el Klan Sol Negro de Bogotá han sido algunos de los grupos que se han manifestado más. Justamente, el Comando Radical se atribuyó en 2021 la vandalización de las escaleras que celebraban la diversidad sexual y de género en la carrera Séptima con 89.

 

Su presencia en Bogotá

Los grupos de este tipo han sido los responsables de varios ataques y amenazas en Bogotá. Así lo ha venido denunciando la concejala Heidy Sánchez, de la Unión Patriótica. En múltiples ocasiones, ha señalado que los grupos neonazis han difundido, en la localidad de Kennedy, volantes, stickers y afiches que atacan a la comunidad inmigrante venezolana, poniéndola en riesgo y fomentando su estigmatización. Así mismo, han corroborado casos en los que estos grupos salen a golpear a habitantes de calle y, por supuesto, a la comunidad LGTBIQ+. También, señala que fueron integrantes de la Tercera Fuerza, quienes atacaron a la población misak durante el paro nacional, cuando ellos iban a hacer un acto simbólico con las estatuas de Cristóbal Colón en la calle 26 con 100.

“Si bien es un alcance muy callejero el que tienen, hay que recordar nexos que algunos de los líderes de estos grupos han tenido con líneas de delincuencia más complejas. Uno de ellos, posiblemente el más visible, ha sido el caso de Alfredo Devia, que fue asesinado en el barrio Santa Isabel en 2014 y que, luego de ser asesinado, se le revelaron nexos que tuvo con el grupo paramilitar Los Rastrojos”. Otro ejemplo de líderes problemáticos es el de Eduardo Romano, un militante de la Tercera Fuerza que hizo incursiones en la política, acompañó en algunos foros a la entonces candidata a la Cámara María Fernanda Cabal y fue uno de los representantes de la fundación Colombia Herida, que agremia a víctimas de la guerrilla.

Sánchez señala que la validación que algunos líderes políticos han dado a la estigmatización de ciertas poblaciones permite que las personas pertenecientes a estos grupos se sientan apoyadas: “Cuando tenemos personas de nuestro Gobierno estigmatizando a los inmigrantes, o a las poblaciones minoritarias, con afirmaciones como que ellos son quienes traen la inseguridad o la delincuencia, por supuesto que estas personas se sienten alentadas y, sobre todo, respaldadas en sus discursos de odio”.

 

Es difícil judicializarlos

A su voz se une también la de Danne Aro, directora ejecutiva de la Fundación GAAT y activista por los derechos de la comunidad trans, quien también añade una nueva perspectiva: aunque hay ataques, identificarlos e investigarlos ha sido siempre muy difícil. “Históricamente hemos registrado varios ataques de personas que al parecer pertenecen a estos grupos neonazis, pero los procesos no han logrado tener mayor avance porque la individualización y judicialización no ha sido posible”. Cambio pudo corroborar que, actualmente, no existen investigaciones activas sobre estos grupos en la Dijín. Para Danne, a pesar de ser una amenaza latente, la respuesta del Estado no ha sido suficiente.

Aunque ni Danne Aro, ni Heidy Sánchez, ni Marcos Peckel consideran que estos grupos son realmente significativos en número, lo que sí piensan es que tienen relaciones muy cercanas a grupos mucho más poderosos y que la manera en que han actuado es sistemática y organizada.

Danne Aro opina que el problema debe ser abordado a partir de las asociaciones que estos grupos pueden tener: “Estos grupos suelen reunirse y asociarse con otros grupos radicalizados que buscan el exterminio de comunidades disidentes y vulnerables. Eso lo hemos visto cuando se mezclan con paramilitares o con grupos armados ilegales, sobre todo en zonas en las que el conflicto armado ha sido más fuerte. Lo que han buscado es perpetrar la mal llamada limpieza social, cuyas víctimas han sido siempre las trabajadoras sexuales, los habitantes de calle, los consumidores de estupefacientes y la comunidad LGTBIQ+”.