9 Febrero 2022

“Gustavo Prendo”: la política como espectáculo

"Ojalá los tragos le cayeran a la gente así de bien”, dijo la actriz Margarita Rosa de Francisco en defensa del candidato.

Crédito: Colprensa - Sergio Acero

Análisis sobre cómo las campañas electorales y los reinados de belleza son vistos bajo el mismo lente en la llamada "civilización del espectáculo".

Por: Simón Posada Tamayo

Por Simón Posada

“Hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo en el sentido contrario” puede ser una frase más clara y sencilla que el complejo entramado sobre las maquinarias que se le atravesó en la mente a Íngrid Betancourt cuando le preguntaron en una entrevista con qué candidato haría alianzas, algo que la llevó a rechazar a Alejandro Gaviria y a dudar sobre si aliarse o no con el cuestionado Alejandro Char. 

Este tipo de preguntas veloces con que los medios de comunicación ponen en la cuerda floja en sus debates a los candidatos presidenciales hacen recordar la sección de preguntas de los reinados: “Confucio fue uno de los que inventó la confusión”, dijo Miss Panamá 2009; “tenemos que reducir la corrupción a sus justas proporciones”, dijo el expresidente de Colombia Julio César Turbay. De hecho, no hay que menospreciar el poder político de un reinado de belleza: en Miss Universo 2015, una selfi en la que aparecían Miss Israel y Miss Líbano se convirtió en un problema diplomático de grandes proporciones. Dos años antes, el protagonista de la polémica fue Rusia al no darle visados a las candidatas de países que no reconocían, como Kosovo. 

Las respuestas desafortunadas y las caídas en la pasarela son costosas tanto en los reinados como en las campañas políticas, pero cobran una importancia gigante en la “civilización del espectáculo”, como la llama Mario Vargas Llosa. Es por eso que el exprecandidato Juan Carlos Echeverry sería fácilmente olvidable si no se hubiera caído de su silla en un debate organizado por El Tiempo, y es por eso que Donald Trump, un empresario y protagonista de un reality show, terminó como presidente de Estados Unidos.

 “¿Y hay algo más divertido que espiar la intimidad del prójimo, sorprender a un ministro o un parlamentario en calzoncillos, averiguar los descarríos sexuales de un juez, comprobar el chapoteo en el lodo de quienes pasaban por respetables y modélicos? La prensa sensacionalista no corrompe a nadie; nace corrompida por una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama”, escribió Vargas Llosa, premio nobel que hoy ha sido protagonista de varias portadas de la revista ¡Hola!, de la que alguna vez dijo que era un ejemplo de cómo la información había sido convertida en diversión y abría la puerta al “escándalo, la infidencia, el chisme, la violación de la privacidad [...], al libelo, la calumnia y el infundio”.  

Mario Vargas Llosa rompió su matrimonio con Patricia Llosa en la primavera de 2015, después de más de 50 años de matrimonio. Desde entonces, su nueva vida con Isabel Preysler ha sido el blanco favorito de los paparazzi.
Mario Vargas Llosa rompió su matrimonio con Patricia Llosa en la primavera de 2015, después de más de 50 años de matrimonio. Desde entonces, su nueva vida con Isabel Preysler ha sido el blanco favorito de los paparazzi. 

Y ahora, en el ojo del huracán de las redes sociales está Gustavo Petro por haber dado un discurso en el municipio de Girardot bajo efectos del alcohol. “Es verdad que con el cansancio del viaje a Europa y el cambio de horario, me cayó mal un trago que tomé antes del acto de Girardot, en una reunión previa. Le pido excusas a quienes asistieron al acto, que quise cumplir a pesar de mi cansancio”, dijo Petro en Twitter, red social en donde se ha posicionado la tendencia “Gustavo Prendo”.

El alcohol y la política han ido de la mano a lo largo de la historia. "En el vino hay sabiduría, en la cerveza hay fuerza, en el agua hay bacterias", dijo Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos. Según el libro sobre Winston Churchill de Richard Langworth, Churchill, Myth and Reality, el primer ministro inglés bebía alrededor de seis vasos –1½ botellas de 750 ml– de champán o vino al día, además de cerca de 200 ml de whisky o brandy en un período de 12 a 15 horas. "He tomado más del alcohol de lo que el alcohol ha tomado de mí", solía decir. Richard Nixon planeó borracho la invasión a Camboya. Bill Clinton reveló que después de una noche de copas con Boris Yeltsin en la Casa Blanca, el Servicio Secreto encontró al expresidente de la Federación de Rusia en ropa interior, buscando un taxi en Pennsylvania Avenue para ir a comer una pizza. 

Así que a favor de Gustavo Petro, hay que decir que el escándalo alrededor de su discurso bajo los efectos del alcohol –una cerveza, según reveló él mismo en 6AM Hoy por Hoy– es una exageración. El escritor James Crumley estaría de acuerdo con él: “Hijo, nunca confíes en un hombre que no bebe porque probablemente sea un tipo farisaico, un hombre que piensa que sabe distinguir el bien del mal todo el tiempo. Algunos de ellos son buenos hombres, pero en nombre de la bondad, causan la mayor parte del sufrimiento del mundo”.

De hecho, la guardia pretoriana de Petro –valga la rima en esta frase– salió en su defensa a la velocidad de un shot: “Pues ojalá los tragos le cayeran a la gente así de bien”, dijo la actriz Margarita Rosa de Francisco, incondicional de Petro incluso cuando dijo que estaba tragándose “un sapo gigante” cuando su candidato estaba acercándose al exgobernador de Antioquia Luis Pérez

El doctor Roy Barreras habló como un médico preocupado –el “doctor” no es con ironía, claramente– sobre el episodio: “Pido al equipo de @petrogustavo que no lo sometan a ese esfuerzo. El llamado ‘jet-lag’ hace que en su cerebro sean las 3 am cuando aquí eran las 7 pm. Súmenle 28 horas sin dormir y un trago hace estragos en la dicción. Sin embargo, oigan el discurso, claro, coherente, lúcido”. 

Esto demuestra, una vez más, que el teflón de Petro es indestructible. Hasta su contrincante más cercano en las encuestas, Rodolfo Hernández, salió en su defensa: “Él es humano. Seguramente tuvo un almuerzo con unos amigos, unos compañeros y se tomó unos tragos. Seguro se tomó uno de más. Creo que no vale la pena restregarle eso”, dijo en entrevista con Blu Radio. 

El blindaje que tiene Petro con sus seguidores le permitiría robarse una frase de campaña de Trump, cuando dijo: “Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes". Petro podría decir lo mismo, cambiando la Quinta Avenida con la carrera Séptima o la Primera de Mayo, y pocos podrían dudar de que tiene razón. A diferencia de Petro, Donald Trump no toma alcohol, por cuenta del alcoholismo que llevó a la tumba a su hermano Fred. “¿Ustedes se imaginan el desastre que sería yo si bebiera alcohol? Sería lo peor del mundo”, dijo en un discurso. Y pocos podríamos dudar de que tiene razón.