16 Septiembre 2022

Rosa Solís: la historia de la “reina” que enfrentó a Francia Márquez

Rosa Emilia Solís es una de las dirigentes afros con más poder en las instancias de decisión ante el gobierno.

Crédito: Yamith Mariño

La mujer que careó a la vicepresidenta en la conmemoración de los 29 años de la Ley 70 es una poderosa dirigente afro que arrastra una polémica historia.

Por: Alfredo Molano Jimeno

Sucedió en el tradicional Salón de los Gobelinos de la Casa de Nariño. En el recinto de los costosos tapices franceses nunca habían estado tantos afrodescendientes. La vicepresidenta Francia Márquez encabezaba la celebración de la Ley 70. El acto había empezado con la presentación de los edecanes vicepresidenciales: un coronel de la Armada, uno del Ejército y dos capitanas de la Fuerza Aérea y la Policía. Todos ellos afrocolombianos. Una imagen elocuente que mostraba la presencia en el centro del poder de un pueblo históricamente marginado. De repente, una mujer alta y delgada, ataviada con falda larga y turbante, caminó con elegancia hasta el micrófono y justo antes de girarse hacia el público clavó una mirada de reproche sobre la vicepresidenta.

—Para serle sincera: Rosita Emilia Solís no tiene ningún deber, ni ninguna responsabilidad, de estar en este evento hipócrita— arrancó diciendo la mujer nacida en Guapi, Cauca, en 1952. 

El ambiente de celebración se congeló. Solís tomó aliento y se presentó: 

—Yo tengo hermosos 70 años y me declaro la tía de nuestra vicepresidenta, porque las mujeres a los 70 años damos consejos. Yo no pertenezco al adulto mayor, yo soy una mujer hermosamente vieja, y mal haría yo en venir aquí con hipocresías.

Rosa Solís fue invitada a hablar como representante de una de las instancias de encuentro entre el gobierno y las comunidades negras. Lanzó un virulento discurso de más de diez minutos en los que se refirió a Francia siempre como “sobrina”, sin tener ningún lazo familiar. Dijo que ella, Rosita Solís, “no pertenece a los nadies”, que se considera una “reina” y que “no acepta los discursos de unidad del pueblo negro”. 

“Para mucha gente yo soy el demonio, soy la polilla y me vienen a mí a hablar aquí de unidad. Nunca voy a estar de acuerdo con la unidad. ¿Quiénes se quedan con la unidad? En la unidad solo reina el que tiene la plata y el que escribe. ¿Quién hará la unidad? No le acepto a nadie, no estoy en eso y no me voy a unir con nadie”, advirtió con vehemencia la dirigente de un importante número de consejos comunitarios en el Valle del Cauca, donde Solís extendió su poder a partir de amadrinar comunidades entre Buenaventura y el sur de Chocó para que fundaran esos consejos y solicitaran títulos colectivos. De alguna manera, la división ha sido su estrategia.

Así ha ido creando una base social de apoyo que la ha mantenido desde hace 20 años como la principal interlocutora del pueblo negro con los gobiernos para realizar las llamadas consultas previas, tanto de obras de infraestructura como de proyectos de ley y reformas constitucionales. De esta manera Solís se convirtió en la dirigente afro más poderosa del país. Francia Márquez, a su vez, proviene del Proceso de Comunidades Negras (PCN), organización antagónica a Rosa Solís cuyas prácticas han denunciado desde hace años. Por eso, los que conocen el viejo problema no se sorprendieron del desplante de Solís a la vicepresidenta.

Manuel Palacios Blandón, integrante —como Solís– de la Comisión Consultiva, denunció presuntas irregularidades cometidas por ella. En una carta de hace 15 días dirigida al ministro del Interior, Alfonso Prada, le pide la suspensión de la elección de una comisión para estudiar el plan de desarrollo de comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palanqueros (CNARP) 2022-2026 porque no se ha garantizado su “autonomía” y “existen personas que están constriñendo la participación de los delegados bajo todo tipo de amenazas”. 

Palacios afirma que Solís “obliga de manera perversa y corrupta” a que la deleguen para seleccionar al operador logístico del plan y la describe como la “figurita que compra y vende a sus hermanos” y cuya gestión es propia del “esclavismo endógeno que asfixia y deja sin oxígeno el proceso afro”. Palacios dice que el período de la Consultiva termina el 11 de octubre y que algunos de sus miembros actuales se reelegirán gracias a la “compra de votos” y que Rosa mantendrá su poder. 

Palacios no es el único que denuncia prácticas irregulares por parte de Solís, pero sí es de los pocos que se atreven a hacerlo públicamente. Distintos dirigentes afro consultados por CAMBIO explicaron que entre 1996 y 1998 Rosa asesoró la constitución de  más de 20 consejos comunitarios, varios de ellos en la cuenca del río Anchicayá, “la cual fragmentó en ocho consejos comunitarios”. Los relatos señalan que la historia de Rosa Solís en el movimiento negro comenzó gracias a que en la segunda mitad de los 90, Otilia Dueñas, gerente general del Incora, le dio un contrato para capacitar a comunidades negras en la Ley 70 en el Pacífico.

“Con ese contrato ella se va a Buenaventura y desbarata los procesos organizativos que venía construyendo el PCN y crea consejos comunitarios veredales. Por eso tiene tanta fuerza. Mientras un consejo comunitario impulsado por el PCN agrupa varias comunidades, ella crea un consejo comunitario de cada comunidad. Y cada consejo comunitario es un voto. Gracias a esto tiene mayoría de votos de consejos comunitarios en el Valle del Cauca y eso le ha permitido reelegirse indefinidamente como miembro del Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) en representación de las comunidades negras del Valle. También reelegirse indefinidamente en la junta directiva del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico. Estos órganos son los que, a su vez, eligen a los directores de estas entidades. Y los directores son los que ejecutan los recursos”, dice una de las fuentes.

Hoovert Carabalí, representante legal del Consejo Comunitario de las Comunidades Negras de la Plata Bahía Málaga, es otro de los dirigentes afro que se han enfrentado a Solís en instancias políticas y judiciales. En 2011, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos iniciaba el trámite del proyecto de ley de desarrollo rural y uno de reforma a las Corporaciones Autónomas Regionales, Carabalí solicitó la suspensión de Solís como representante de comunidades negras ante el Incoder por estar involucrada en irregularidades en su gestión, para titular poco menos de 3.000 hectáreas al consejo Comunitario de Gamboa, del cual Solís era, al mismo tiempo, representante legal. El caso continúa empantanado desde ese tiempo, pero la denuncia sigue existiendo. 

Por eso Carabalí pide la revocatoria de los títulos colectivos de dos consejos comunitarios creados por Rosa Solís: Gamboa y La Caucana, dos veredas de Buenaventura. “En 2006 creó el Consejo Comunitario de Gamboa y el Consejo Comunitario Caucana, en unas condiciones ilegales porque no había la connotación de comunidad negra en esas áreas. No cumplían preceptos constitucionales ni legales: no eran zonas ni baldías, ni rurales ni ribereñas. Eran zonas de interés público. Los creó de manera ilegal y logrando cohesionar a la alcaldía para que accediera a sus pretensiones”, asegura el dirigente bonaerense que la tiene denunciada ante la Fiscalía y Contraloría.

El poder de Rosa Solís en los espacios de representación afro es una realidad irrebatible y será el primer escollo de la vicepresidenta para llevar a cabo el encargo del presidente de la república. Más cuando sus funciones las pondrán cara a cara en los distintos escenarios de concertación. El presidente le encargó a Francia reglamentar la Ley 70, presidir el Fondo de Desarrollo de Buenaventura, garantizar los acuerdos del paro de 2017 y coordinar el Fondo Todos Somos Pazífico y ser garante de la interlocución con comunidades étnicas, instancias donde Rosa Solís ha construido un reino que gobierna a sus anchas.  

Al ser consultada por CAMBIO, Rosa Solís se negó a dar declaraciones y pidió que las preguntas le fueran enviadas por escrito al WhatApp de uno de sus colaboradores. Le fueron enviadas 9 preguntas sobre las acusaciones que sobre ella hacen las fuentes consultadas para este artículo, a lo que contestó: "Agradezco su interés por conocer mi respuesta a las preguntas enviadas, sin embargo, considero qué hay acusaciones, por ello después de conocer su artículo, me reservaré el derecho de adelantar las acciones legales a que hubiere lugar en defensa de mi buen nombre, honor y honra".