7 Agosto 2022

Una posesión a capa y espada

Foto: Julián Lineros

Media hora de tensión se vivió en la posesión presidencial por cuenta de las órdenes encontradas del presidente saliente y el entrante sobre la espada de Bolívar. CAMBIO tiene el detrás de cámaras del momento más comentado de la ceremonia.

La última decisión que Iván Duque tomó como presidente fue prohibir la salida de la espada de Bolívar de la Casa de Nariño para que fuera parte de la posesión presidencial. La primera orden de Gustavo Petro fue mandar a traerla. Desde hace semanas el equipo de Petro solicitó que la reliquia vinculada a la historia de Colombia, y también a la de la guerrilla del M-19 en la que militó el jefe de Estado, fuera transportada y exhibida durante el juramento presidencial. El gobierno saliente no había puesto ninguna objeción. El batallón Guardia Presidencial preparó el ceremonial y la seguridad para el traslado de 200 metros que separan la sede presidencial del Capitolio. Se alistó una urna móvil para llevar en andas la espada del libertador y varios soldados de la guardia de honor ensayaron con los uniformes patrióticos y los atuendos históricos para cumplir con el deseo del nuevo presidente de la república. Incluso el Ministerio de Relaciones Exteriores prestó una mesa de fina madera para que reposara dignamente el arma del genio de la gloria durante la transmisión de mando.

En la lista de chequeo de los organizadores de la ceremonia eso estaba resuelto hace más de una semana, sin embargo, el viernes comenzaron los obstáculos. La Presidencia de la República, es decir Iván Duque, inicialmente señaló que era necesario garantizar la seguridad de la espada. A muchos les pareció que eran ganas de poner problemas porque difícilmente podía existir un lugar más custodiado el 7 de agosto que las escaleras del Capitolio Nacional con un batallón completo, delegados de todas las fuerzas, francotiradores de la Policía y un escuadrón de fuerzas especiales del Ejército. Entonces cambió la excusa. Palacio, como se llama impersonalmente al presidente, dijo que era necesario asegurar la reliquia.

Gustavo Petro
Gustavo Petro / Foto: Julián Lineros

Inmediatamente la oficina de Petro pidió la ayuda de expertos en seguros que dieron dos respuestas: primero, que la espada de Bolívar es invaluable y que el negocio de las compañías de seguros no es afianzar objetos cuyo valor no se puede calcular; segundo, que recomendaban recurrir a La Previsora, compañía aseguradora estatal. El nombre del presidente electo hizo su magia y La Previsora se movió como nunca. Un experto avaluador estimó en 1.000 millones de pesos la espada del libertador y a toda carrera, como solo puede lograrlo un presidente, le emitieron una póliza para cubrir el improbable riesgo por las horas que pasaría la espada en el Capitolio y cobrando por ello una módica prima de 2 millones de pesos que pagaría el Ministerio de Cultura a cuyo cargo está el histórico objeto, entregado en comodato a la sede presidencial. (Ver la póliza)

El domingo 7 de agosto todo amaneció resuelto, pero surgieron otras excusas. La primera fue que la urna en la que reposaba súbitamente no abría, después que era necesario una acta adicional del Ministerio de Cultura autorizando el traslado. Y de excusa en excusa llegaron las tres de la tarde, el presidente electo caminó por la calle décima, entre el Palacio de San Carlos y el Capitolio y pudo ver la mesa vacía que se quedó esperando la espada que él consideraba esencial para su posesión. Las redes sociales y algunos medios de comunicación calificaron como un acto de inmadurez y de mezquindad la decisión del presidente saliente. 

La ceremonia empezó y el presidente del Congreso, Roy Barreras le tomó el juramento constitucional a Gustavo Petro. Simbólicamente, la senadora María José Pizarro, hija del asesinado dirigente del M-19 Carlos Pizarro, le impuso la banda y lo que seguía en el programa era la toma de juramento  a la vicepresidenta Francia Márquez. Ella ya tenía la mano derecha en alto mientras el presidente sostenía un papel con la frase constitucional de rigor. Pero no lo leyó: 
—- Como presidente de Colombia le solicito a la Casa Militar traer la espada de Bolívar  —- la gente del común presente en la plaza ovacionó al presidente que continuó así— Es una orden del mandato popular y de este mandatario.


El jefe de la Casa Militar a esa hora seguía siendo el de Duque. El coronel Anuar Fernando Saadat Castro no sabía cómo reaccionar. Si debía cumplir la orden de quien ha sido su jefe, Iván Duque, que para ese momento ya era expresidente o si debía atender la instrucción del nuevo comandante supremo de las Fuerzas Militares, Gustavo Petro. Aunque parezca increíble la discusión sobre la espada de Bolívar se empezó a librar en un terreno santanderista. Los militares se dividieron en dos tesis jurídicas: Unos pensaban que Petro todavía no era presidente porque aún no había terminado la sesión del Congreso en pleno y en consecuencia no se había expedido el acta de posesión; y otros decían que incumplir la orden podía ser un acto de insubordinación con consecuencias disciplinarias y penales.

Mientras tanto en la Plaza de Bolívar, Roy Barreras se sacó del sombrero un recurso para manejar la inesperada pausa. Declaró un receso en la sesión y le pidió a las orquestas que llenaran los largos minutos de espera. Para colmo de complicaciones, los músicos presentes en la Plaza de Bolívar no hacían parte de una orquesta estable sino que eran una especie de selección Colombia de sinfónicas y filarmónicas que solo habían ensayado el himno nacional y otra pieza para el acto. Pedirles que tocaran algo que no estaba programado era imposible. Providencialmente la virtuosa pianista Teresita Gómez hizo gala de su maestría y a sus 79 años, sin mirar siquiera una partitura improvisó un magnífico concierto que, sin embargo, no lograba bajar la tensión en torno al destino de la espada. Uno de los más inquietos y desconcertados era el rey Felipe de España que no entendía muy bien cuál era la pelea política alrededor de la espada del hombre que hace más de 212 años expulsó de estas tierras al ejército de su tataratatarabuelo, Fernando VII.

Doscientos metros al sur, en la Casa de Nariño, el drama continuaba. El presidente Duque con un grupo de familiares y colaboradores cercanos seguía por televisión la ceremonia de posesión y era consciente de la situación que había armado con su negativa. El jefe de la Casa Militar fue a buscarlo, hizo sonar sus tacones con el tradicional saludo y le explicó la encrucijada en la que estaba. Mientras tanto, los edecanes de la Policía y la Armada, asignados al nuevo presidente, se habían hecho presentes en Palacio para solicitar el cumplimiento de la orden. Según una fuente consultada por CAMBIO, Duque pidió empuñar la espada por última vez, antes de que se la llevaran. 


La urna fija con la espada estaba dispuesta en el salón de salida a la Plaza de Armas. Nadie sabe finalmente cómo se resolvió la situación pero de un momento a otro todo empezó a funcionar. Un video captado por un teléfono celular muestra a un grupo de soldados del batallón Guardia Presidencial ataviados con el uniforme conocido como papagayo. Ellos bajaron por la escalera que lleva al salón de los gobelinos cargando la urna portátil que estaba lista hace semanas. Allí una experta curadora, con guantes de cirujano puso la reliquia dentro de la urna y limpió el plexiglas hasta dejarlo impecable. Los soldados recibieron la instrucción de transportar la reliquia por la carrera Séptima y no por la entrada del patio Núñez. Es decir, les pidieron tomar el camino por el que había público. 

Espada de Bolívar
Espada de Bolívar / Foto: Presidencia

El cortejo salió por la plaza de armas encabezado por un militar vestido a la usanza del siglo XIX acompañado por un llanero que representaba al sargento Inocencio Chincá, uno de los 14 lanceros que ganaron para Colombia la crucial batalla del Pantano de Vargas y otro vestido de campesino boyacense que encarna al niño Pedro Pascasio Martínez que no se vendió por el oro del comandante español. Después de la tensa espera, la llegada de la espada era un triunfo de Petro sobre el gobierno saliente. Algunos al paso de la reliquia empezaron a corear “Alerta Alerta, Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”. 

El uso de esta consigna despertó algunos resquemores porque fue una de las favoritas de Hugo Chávez. 

Concluida la sesión del Congreso, Petro y su familia recibieron el primer reconocimiento de un destacamento de las fuerzas militares. El comandante general y las cabezas del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional marcharon flanqueando al nuevo mandatario y exguerrillero en el primer acto de reconocimiento del mando. Algunas caras largas se vieron en las filas del destacamento pero todo se cumplió dentro de la más estricta disciplina. Detrás de Petro y la cúpula venía en el desfile la urna con la espada de Bolívar ante la mirada resignada del desautorizado Iván Duque quien con su esposa y algunos miembros de su equipo de gobierno esperaba el ingreso de los nuevos inquilinos a la sede presidencial.