16 Septiembre 2022

La utopía bitcoin se derrumba

La mala hora de las criptomonedas parece interminable: cada semana se suman más tropiezos y noticias de fraude, depreciación y concentración extrema de la propiedad en el mercado del dinero virtual.

Bitcoin

Por Álvaro Montes
Abundan las historias de personas que, alentadas por la fiebre del bitcoin, pusieron sus ahorros en la popular criptomoneda y este año lo perdieron todo. A quien tenía 3 millones de pesos colombianos en su billetera de Binance, hoy le quedan apenas unos centavos. Se sintió en todas partes. Un maestro de escuela británico invirtió 40.000 libras durante la pandemia y amaneció hace poco con menos de 4.000. Ni qué decir de la República de El Salvador (primera nación que estableció el bitcoin como moneda legal), que compró 420 bitcoins cuando valían 60.000, su inversión se depreció en más de 50 millones de dólares y actualmente se encuentra al borde de lo que se conoce como "default", la imposibilidad de pagar la deuda pública.
El mercado de criptoactivos se vino abajo. El bitcoin, la más extendida de las criptomonedas, se cotiza por estos días en alrededor de 21.000 dólares, luego de romper el techo de los 65.000 un año atrás. Es la peor caída desde diciembre de 2020 y no hay manera de defender semejante montaña rusa.

Un señor –o señora, no se sabe– apodado Satoshi Nakamoto imaginó un mundo sin bancos; un sistema financiero sin esos intermediarios que solo Dios sabe qué cosas hacen con nuestro dinero; una sociedad de ciudadanos libres que controlan personalmente todas sus transacciones comerciales sin pasar por los Data Centers de la banca internacional.


Pero la extrema volatilidad no es el peor problema. Fraude, piratería y lavado de activos oscurecen el panorama que un día fue rosa y hasta revolucionario. Los criptoestafadores se hicieron un botín de 7.700 millones de dólares el año pasado. El tipo de fraude más común es el conocido como "rug pull", que consiste en crear proyectos de una nueva criptomoneda, recaudar fondos de los usuarios que se acercan atraídos por la quimera de la moneda virtual, y repentinamente clausurar el proyecto y esfumarse con los fondos. Es la razón por la que existen tantas criptomonedas abandonadas.
Pero también hay operaciones de hacking sobre las billeteras, es decir, sobre las plataformas de intermediación. Porque uno puedo entrar directamente a la cadena blockchain, que es invulnerable, y comprar y vender criptoactivos sin intermediarios. Pero no si es alguien común y corriente que apenas puede trinar en Twitter y crear grupos inútiles en WhatsApp. La mayoría de los ciudadanos prefieren acudir a las plataformas que están en medio –entre el mundo de los mortales y la cadena de bloques segura y confiable que es blockchain – en las que es fácil convertir moneda local en bitcoins y viceversa. En general, las más grandes son seguras, como Binance y Coinbase, pero los ciberdelincuentes han atacado muchas otras plataformas en las que encuentran huecos de seguridad.
El mes pasado fue noticia el caso "Tornado cash", una operación de lavado por valor de 7.000 millones de dólares, realizada a través de una plataforma que mezcla diferentes criptomonedas. El Departamento del Tesoro impuso severas sanciones a la plataforma, sobre la que se presume que al menos el 10 por ciento de los fondos que se trazan a través de ella provienen de robos o hackeos.
Los principios que dieron origen a las criptomonedas, la "filosofía" fundacional, es hermosa. Un señor –o señora, no se sabe– apodado Satoshi Nakamoto imaginó un mundo sin bancos; un sistema financiero sin esos intermediarios que solo Dios sabe qué cosas hacen con nuestro dinero; una sociedad de ciudadanos libres que controlan personalmente todas sus transacciones comerciales mediante la tecnología descentralizada blockchain, sin pasar por los Data Centers de la banca internacional. Me erizo, en serio, de solo pensarlo. Pero no ocurrió. Un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) encontró que el 0,01 por ciento de los poseedores de bitcoin controla el 27 por ciento de la criptomoneda actualmente en el mercado. El 90 por ciento de las transacciones con esta criptomoneda no se deben a compras que se hagan con ella sino a movimiento de bitcoins entre las cuentas de un mismo usuario. Así que lo que allí ocurre no dista mucho de lo que vemos en los mercados de dólares y euros.

Uno puedo entrar directamente a la cadena blockchain, que es invulnerable, y comprar y vender criptoactivos sin intermediarios. Pero no si es alguien común y corriente que apenas puede trinar en Twitter y crear grupos inútiles en WhatsApp. La mayoría de los ciudadanos prefieren acudir a las plataformas que están en medio.


Este 2022 ha sido especialmente cruel con la utopía bitcoin. La geopolítica creó el clima perfecto para que las criptomonedas mostraran su valía y especialmente la invasión rusa a Ucrania parecía la oportunidad para demostrar cuánto podrían servir al mundo el bitcoin y el blockchain. Ciudadanos rusos bloqueados por las sanciones internacionales encontrarían en el Ethereum o el bitcoin el medio transaccional que los conectara con el mundo. Pero el bitcoin se depreció 10 por ciento justo después de la guerra en Ucrania y el Ethereum perdió 15 por ciento de su valor. Los analistas se preguntan por qué el bitcoin no está cumpliendo este año el papel para el cual vino al mundo. La razón no es clara, pero las economías en donde la población alberga mayores ilusiones respecto de las criptomonedas son las más arruinadas: El Salvador, Turquía y Nigeria, para mencionar unos casos bien conocidos. Las economías saludables del mundo por ahora no muestran mayor interés.

El 0,01 por ciento de los poseedores de bitcoin controla el 27 por ciento de la criptomoneda actualmente en el mercado.


Tal vez la complejidad del concepto, lo difícil que es para el ciudadano común entender qué cosa es un criptoactivo y qué diablos es la base de datos blockchain, sean una barrera poderosa. La volatilidad, sin duda, desanima a cualquiera y las noticias cada vez más frecuentes de que el mundo cripto es inseguro y está tomado por hackers y mafiosos, podrían estar atornillando el ataúd de un sueño libertario bellísimo.