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Poder

La primera grieta en la coalición de derecha: el pulso entre De la Espriella y el uribismo por el control del Congreso

Crédito: CAMBIO

La negociación de alto voltaje entre partidos se convirtió en una nueva disputa entre Abelardo de la Espriella y el uribismo. Los recientes movimientos del presidente electo podrían dejar al Centro Democrático, la bancada de derecha más numerosa, sin el control de ninguna de las dos corporaciones durante el primer año del nuevo Gobierno.

Por: Jonathan Beltrán

Tras la contundente derrota de Paloma Valencia frente a Abelardo de la Espriella en las elecciones, el Centro Democrático optó por cerrar filas alrededor del abogado con la expectativa de conservar cuotas de poder e influencia durante el nuevo Gobierno. Pero, incluso antes de su posesión, el presidente electo ya libra un nuevo pulso con el uribismo en medio de la negociación para conformar las mesas directivas de Senado y Cámara.

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Aunque perdió la Presidencia, el Centro Democrático salió fortalecido de las elecciones legislativas. Con más de 5,5 millones de votos y las bancadas más numerosas de la derecha en Senado y Cámara, el partido daba por descontado que tendría un lugar privilegiado en el reparto de las principales dignidades del Congreso. Sin embargo, las recientes movidas de De la Espriella han cambiado el tablero de la negociación.

En conversación con CAMBIO, el senador del Centro Democrático Hernán Cadavid detalló que su partido ha puesto todas sus fichas al senador Honorio Henríquez para que asuma la presidencia del Senado durante el primer año del nuevo Gobierno. Desde las toldas del uribismo consideran que acceder a esa dignidad respondería a su peso en el legislativo, pero esa aspiración comenzó a encontrar resistencia dentro de la posible coalición de derecha.

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De la Espriella no tiene mayorías aseguradas en el Congreso, por lo que el avance de sus reformas dependerá de su capacidad de negociación. | Crédito: Colprensa

El pulso que hoy divide a los aliados de De la Espriella corresponde a si las presidencias de Senado y Cámara deberían ser una recompensa para quienes acompañaron la candidatura desde las primeras etapas o si otorgarlas a las bancadas más numerosas sería más estratégico. "Esa dignidad podría ocuparla alguien que respaldó la campaña desde el principio, no un partido que se sumó al final de la campaña para frenar a Iván Cepeda", explicó a este medio un congresista de Salvación Nacional.

En ese escenario, el senador Alfredo Deluque figura como la carta de De la Espriella. El congresista guajiro libró desde los primeros compases de la campaña una disputa interna para alinear a su colectividad detrás de la candidatura del aspirante de derecha, cuando buena parte de la dirigencia aún dudaba de sus posibilidades. Ese respaldo temprano, sumado a sus 16 años de experiencia en el Congreso, lo perfilan como el aspirante más fuerte.

La puja entre el Partido de la U y el Centro Democrático por la presidencia del Senado

Con el nombre de Alfredo Deluque ganando terreno en la puja por la presidencia del Senado, el Centro Democrático decidió elevar la apuesta. La colectividad oficializó ante De la Espriella su decisión de declararse partido de Gobierno y reivindicó su papel como la primera fuerza política que hizo oposición a las principales reformas de Gustavo Petro.

Posesión y control del Congreso: el primer examen de gobernabilidad a Abelardo de la Espriella

En medio de la negociación, congresistas uribistas han elevado sus reparos a la posibilidad de que la presidencia del Senado quede en manos del Partido de la U, que cuenta con apenas nueve escaños en esa corporación. "El Centro Democrático no puede ser convocado solo para librar las batallas difíciles mientras otros ocupan los espacios decisivos", aseguró la senadora Claudia Margarita Zuleta.

Alfredo Deluque y su equipo Nueva Generación
Deluque ha reiterado que el Congreso debería mantener una "relación institucional" con la administración de Abelardo de la Espriella. | Crédito: Colprensa

Mientras el Centro Democrático insiste en que el tamaño de su bancada debería inclinar la balanza, Deluque ha comenzado a tejer mayorías. Según conoció CAMBIO, el senador del Partido de la U ya aseguró el respaldo de toda la bancada del Partido Conservador y cuenta con el guiño del Partido Liberal. A ese bloque también se sumó Salvación Nacional, que mantiene la tesis de que las principales dignidades del Congreso deben quedar en manos de quienes acompañaron a De la Espriella desde el comienzo de la campaña.

El escenario también ha despertado sorpresa en sectores de la oposición y de la independencia. Congresistas del Pacto Histórico y de la Alianza Verde consultados por CAMBIO reconocieron que la posibilidad de que la sexta bancada más grande del Senado se quede con la presidencia rompe con la tradición, mantenida durante los últimos gobiernos, en los que esa dignidad queda en manos de la fuerza con mayor peso dentro de la coalición oficialista.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez.
El Centro Democrático tendría la presidencia de la Cámara en 2028, pero para ese entonces es muy probable que el acuerdo pactado este año ya esté completamente roto. | Crédito: Colprensa

Con ese panorama, el Centro Democrático decidió llevar la disputa al recinto del Senado. En lugar de dar por cerrada la negociación, la colectividad insiste en que la definición de la mesa directiva se resuelva a voto limpio durante la instalación del Congreso, el próximo 20 de julio. "Trabajaremos para conseguir los votos que necesitamos. Somos la bancada más amplia y nuestro partido es fundamental para la gobernabilidad", explica el senador Hernán Cadavid.

Si las cuentas actuales se mantienen, Deluque llegará con ventaja a la votación del 20 de julio. Con los respaldos del Partido de la U, Cambio Radical, Salvación Nacional y el Partido Conservador, el senador guajiro ya tendría una diferencia de 13 votos frente a la candidatura del uribista Honorio Henríquez. Sin embargo, las decisiones que adopten el Partido Mira y el Partido Liberal serán determinantes para consolidar esa mayoría.

La otra batalla del 20 de julio: el uribismo también pierde terreno en la Cámara

La disputa por el Senado no es el único dolor de cabeza para el uribismo. En la Cámara de Representantes también comenzaron a desmoronarse las cuentas del partido. Daniel Briceño, quien obtuvo la mayor votación de las elecciones legislativas, era visto como el candidato llamado a ocupar la presidencia de esa corporación. Sin embargo, las negociaciones de los últimos días cambiaron de nuevo el equilibrio de fuerzas.

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Daniel Briceño sostuvo que quien presida la Cámara debe "devolverle dignidad al cargo". | Crédito: Colprensa

A esa decisión se sumaron las diferencias que Briceño arrastra dentro de la bancada. Varios congresistas del Centro Democrático le reprochan haber cuestionado públicamente la campaña de Paloma Valencia incluso antes de la primera vuelta presidencial, una postura que, según dirigentes de la colectividad, debilitó su margen de maniobra para convertirse en el candidato de consenso del partido a la presidencia de la Cámara.

A diferencia de lo ocurrido en el Senado, en la Cámara los compromisarios de la coalición sí lograron acercar posiciones. Según conoció CAMBIO, el acuerdo alcanzado hasta ahora contempla que la presidencia de esa corporación quede en manos del Partido Conservador. La puja de los godos se concentra en tres nombres: el representante por Cundinamarca Julio Salazar, la representante por Tolima Delcy Isaza y el congresista cordobés Nicolás Barguil, que parte con la mayor opción de quedarse con el cargo.

Cámara de Representantes 2026-2030
Crédito: Kim Vega - CAMBIO

Nicolás Barguil llega a esa disputa con un respaldo político de peso. El representante cordobés es primo del senador electo David Barguil, uno de los principales líderes del Partido Conservador y cabeza de uno de los grupos políticos más fuertes de Córdoba, que impulsa su candidatura a la presidencia de la Cámara. Esa estructura, sumada al acuerdo alcanzado entre los compromisarios de la coalición, lo pone como el favorito para quedarse con el cargo.

De mantenerse ese acuerdo, la hoja de ruta para las mesas directivas ya estaría prácticamente definida. Tras un primer año en manos del Partido Conservador, la presidencia de la Cámara pasaría de manera sucesiva al Partido Liberal, al Centro Democrático y a Cambio Radical, un reparto con el que la coalición busca garantizar el equilibrio entre las principales fuerzas que respaldan al nuevo Gobierno.

El reparto de los demás cargos tampoco favorece al uribismo. La primera vicepresidencia está encaminada a quedar en manos de una de las curules de paz y la segunda le corresponde al Pacto Histórico por el Estatuto de la Oposición. En ese sentido, al Centro Democrático solo le quedaría la subsecretaría de la Cámara, un premio de consolación para la bancada más numerosa de la derecha.

¿Cómo va la disputa por las comisiones y las secretarías generales de Cámara y Senado?

La puja por las presidencias es apenas una parte de la negociación. En paralelo, los partidos también libran una batalla por el control de las secretarías generales y de la estructura administrativa del Congreso, cargos con influencia decisiva en el funcionamiento de ambas corporaciones. Y, si las conversaciones prosperan como hasta ahora, el gran ganador volvería a ser el Partido de la U, pese a ser la sexta bancada del Senado y la quinta de la Cámara.

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De la Espriella busca ubicar a sus aliados más cercanos en las mesas directivas de cada corporación. | Crédito: Colprensa

Según conoció CAMBIO, el acuerdo que negocian los compromisarios contempla que, además de la presidencia del Senado con Alfredo Deluque, el Partido de la U conservaría la Secretaría General de esa corporación con la reelección de Diego González y también se quedaría con la Dirección Administrativa de la Cámara de Representantes. El Partido Liberal, por su parte, asumiría la Secretaría General de la Cámara.

Detrás de ese reparto hay una conclusión compartida por varios congresistas de la bancada oficialista: la negociación terminó privilegiando la cercanía con Abelardo de la Espriella por encima del tamaño de las bancadas. En contraste, quienes han mostrado reparos frente al abogado, podrían terminar la jornada del 20 de julio con una representación mucho más modesta en las principales dignidades y cargos administrativos del Capitolio.

Las tensas discusiones que han rodeado la elección de las presidencias de cada corporación han dejado en un segundo plano la negociación sobre la distribución de escaños y la elección de presidentes y vicepresidentes de las 14 comisiones constitucionales. Por eso, si el nuevo Gobierno no logra acuerdos clave con otros partidos, podría perder su capacidad para marcar el ritmo de las instancias por las que deberán pasar sus principales reformas.

En 2022, la coalición de gobierno logró quedarse con tres de las siete comisiones constitucionales del Senado y apenas una de la Cámara, un reparto que resultó determinante para impulsar las principales iniciativas del Ejecutivo. Con esa experiencia sobre la mesa, los compromisarios consultados por CAMBIO aseguran que la prioridad de De la Espriella será asegurar el control de las comisiones económicas y de la Comisión Séptima de la Cámara con la representación de congresistas de su círculo más cercano.

La ambiciosa apuesta de De la Espriella y los riesgos para su gobernabilidad

Detrás del reparto de presidencias, secretarías y comisiones también se juega el futuro político del nuevo Gobierno. Alejandro Chala, investigador de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), explicó a CAMBIO que la conformación de las mesas directivas será una de las primeras pruebas de gobernabilidad para Abelardo de la Espriella.

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Con Rodrigo Lara como ministro del Interior designado, el presidente electo busca conformar mayorías en su primer año de mandato. | Crédito: Colprensa

El magíster en Análisis Político advirtió que la decisión de privilegiar a los aliados que lo acompañaron desde el inicio de la campaña podría fortalecer el núcleo más cercano al presidente electo, pero también abriría nuevos frentes de tensión con bancadas que resultarán indispensables para aprobar las reformas con las que se impuso en las urnas.

Una negociación fallida por la presidencia del Senado podría convertir la primera decisión del nuevo Congreso en la primera fisura en la coalición oficialista. El presidente del Partido Conservador, Efraín Cepeda, alertó que, si la elección se define voto a voto, colectividades como el Pacto Histórico podrían terminar decidiendo quién presidirá el Senado. "Ese no es el camino. Es un absoluto contrasentido", aseguró.

Las tensiones también se trasladaron fuera del Capitolio. Mientras avanzan las negociaciones, influenciadores cercanos a De la Espriella y varias de las cuentas que impulsaron su candidatura han lanzado nuevos cuestionamientos contra el Centro Democrático. Por eso, congresistas uribistas advierten que el avance de las iniciativas más ambiciosas del nuevo Gobierno depende en gran parte de sus 17 votos en Senado, sus 23 en Cámara y sus cuotas en cada comisión. 

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