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Posesión y control del Congreso: el primer examen de gobernabilidad a Abelardo de la Espriella
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Posesión y control del Congreso: el primer examen de gobernabilidad a Abelardo de la Espriella

La elección de las presidencias del Senado y la Cámara, junto con la votación para autorizar una posesión en una guarnición militar, pondrán a prueba la capacidad del presidente electo para construir mayorías. Antes de presentar su primera reforma, el nuevo Gobierno sabrá con qué Congreso tendrá que gobernar.

Por: Mateo Muñoz

Todavía faltan varias semanas para la posesión presidencial pero Abelardo de la Espriella ya enfrenta sus dos primeras pruebas de fuerza con el Congreso. Una es simbólica, pero de enorme carga política: lograr que el Legislativo autorice que la ceremonia de transmisión del mando se realice en una guarnición militar y no en la Plaza de Bolívar. La otra es mucho más práctica: medir qué tan sólida será la gobernabilidad de su Gobierno a partir de la elección de las mesas directivas del Senado y la Cámara.

Ambas disputas tendrán como escenario el Capitolio Nacional, donde el próximo 20 de julio se instalará un nuevo Congreso que, antes de escuchar el primer discurso del nuevo presidente, enviará señales sobre el tamaño de la coalición oficialista, la capacidad de maniobra de la oposición y el tono que tendrá la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo durante los próximos cuatro años.

La primera votación será sobre la posesión

La intención de Abelardo de la Espriella de posesionarse en una guarnición militar ha sido uno de los gestos políticos más comentados desde que ganó las elecciones. Para el presidente electo, el cambio de escenario representa un mensaje sobre la importancia que pretende darle a las Fuerzas Militares y a la política de seguridad. Aunque sus críticos argumentan que rompe la tradición republicana que simboliza el carácter civil del poder presidencial.

Sin embargo, la decisión no depende exclusivamente del poder Ejecutivo, ni entrante ni saliente. Por un lado, la Presidencia actual dejó en manos del Congreso la autorización para cambiar la sede de la ceremonia. El área jurídica de Palacio optó por declararse impedida frente a la decisión del cambio de la sede y tiró el balón a la cancha del Congreso.

Por su parte, el equipo de empalme del mandatario electo elevó la consulta al Legislativo y las respuestas del secretario general del Senado, Diego González, son claras: el traslado es jurídicamente posible siempre que exista un acuerdo de las dos cámaras.

“Si tanto el Senado de la República como la Cámara de Representantes se ponen de acuerdo, podría trasladarse el Congreso en pleno a otro lugar para que el señor presidente electo pueda tomar posesión”, dijo González.

La fórmula que empieza a tomar más fuerza consiste en que, durante la instalación del Congreso el próximo 20 de julio, tanto el Senado como la Cámara voten por aparte una proposición autorizando el cambio de sede. De hecho, Salvación Nacional ya está alistando el documento para radicarlo ese lunes festivo.

El pulso será inédito, pues en la instalación del Congreso la única batalla política habitual son las elecciones de mesas directivas de Senado y Cámara. El lugar de posesión siempre se ha dado por descontado.

Por ello, ese día los partidos tendrán una oportunidad adicional de dar las primeras pinceladas sobre su verdadera ubicación frente al nuevo gobierno. Más que discutir el lugar donde se realizará una ceremonia protocolaria, los congresistas estarán enviando el primer mensaje político al presidente electo: si están dispuestos a acompañar sus iniciativas, si prefieren marcar distancia desde el comienzo o si hay alguna inconformidad que quieren alertar antes del 7 de agosto.

Para la Casa de Nariño será una primera demostración de fuerza. Para la oposición, una oportunidad de propinarle una derrota temprana. Fuentes del Congreso señalan que los sectores contrarios al nuevo Gobierno ya evalúan estrategias para impedir que prospere la iniciativa, incluso mediante la ruptura del quórum.

“Sería una victoria simbólica, amargarle la posesión que se sueña”, apuntó un congresista electo del Pacto Histórico.

En todo caso, si la proposición es aprobada, el reloj empezará a correr. Quedarían poco más de 15 días para organizar toda la logística de un evento que implicaría trasladar a cientos de invitados nacionales e internacionales, congresistas, cuerpo diplomático y dispositivos de seguridad a un escenario completamente distinto al habitual del cual todavía no hay certeza; Popayán, Cali, Tolemaida o Madrid, Cundinamarca, están en la baraja.

El otro pulso: quién controla el Congreso

La instalación del Congreso también definirá otro asunto decisivo: quiénes ocuparán las presidencias del Senado y la Cámara.

Aunque tradicionalmente estos cargos hacen parte de acuerdos entre los partidos, este año la elección tiene un ingrediente adicional. Será la primera radiografía de la coalición legislativa de Abelardo de la Espriella y permitirá medir hasta dónde llega su capacidad de ordenar mayorías con un método, por lo menos, distante de los partidos. Hasta ahora, el Gobierno electo se ha cuidado de no recibir a congresistas ni jefes de colectividades, lo que tiene en relativa incertidumbre a las organizaciones políticas que podrían montarse en la aplanadora oficialista.

En el Senado, la disputa se concentra entre el senador Alfredo Deluque y el senador Honorio Henríquez, dos nombres que representan sectores distintos dentro de las fuerzas que respaldan al nuevo gobierno y que libran una intensa competencia por quedarse con la dignidad más importante del Congreso.

Deluque tiene la bendición del ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, quien está en contacto constante con las bancadas electas para garantizar el triunfo del senador del Partido de la U. Sin embargo, la talanquera más robusta parece estar en el Centro Democrático, que quiere posicionar el nombre de Honorio Henríquez. Fuentes consultadas en esa colectividad le dijeron a CAMBIO que Deluque no les genera confianza por sus supuestas posturas ambivalentes respecto al Gobierno Petro y su trayectoria en un partido que ha dado bandazos según el presidente de turno.

“Deluque es una incógnita. Parece opositor al petrismo pero fue cercano al gobierno Santos y en todo caso La U siempre va al árbol que más de sombra”, dijo un congresista uribista.

En la Cámara, Daniel Briceño aparece como uno de los protagonistas de una puja que también refleja las tensiones entre los partidos y la recomposición de las mayorías. Paradójicamente, si Henríquez es presidente del Senado Briceño no podría serlo de la Cámara por los acuerdos partidistas. Además, el Gobierno De la Espriella no podría darse “la pela” de dejarle a un mismo partido las presidencias de las dos corporaciones del Congreso.

Por ello, La U y Cambio Radical entrarían en la pelea por esa presidencia. De hecho, ya suena el nombre del representante Julio César Triana.

Si la nueva administración consigue imponer a los candidatos que respalda, llegará fortalecido al inicio de la legislatura y con una señal de control sobre la agenda parlamentaria. Si, por el contrario, surgen candidaturas alternativas o se fracturan los acuerdos entre los partidos aliados, quedará en evidencia que la gobernabilidad será más compleja de lo previsto.

En la práctica, las dos votaciones del 20 de julio funcionarán como un ensayo general de la relación entre el nuevo Gobierno y el Congreso. La autorización para trasladar la posesión permitirá saber qué tan disciplinada es la coalición oficialista y qué capacidad tiene la oposición para coordinarse alrededor de un objetivo común.

La elección de las mesas directivas mostrará, además, si los acuerdos políticos que se empezarán a aterrizar la semana siguiente son suficientemente sólidos para garantizar la aprobación de las reformas que prepara el Ejecutivo.

Por eso, antes incluso de que Abelardo de la Espriella firme su primer decreto presidencial o radique su primer proyecto de ley, su Gobierno enfrentará dos pruebas simultáneas en el Capitolio. Una definirá dónde levantará la mano para jurar el cargo. La otra permitirá saber con quién contará para gobernar.

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