
La tensión diplomática entre Estados Unidos y Colombia pone en riesgo la cooperación militar entre ambos países
Durante más de tres décadas, las relaciones entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos han sido claves para fortalecer la lucha contra las estructuras ilegales que operan en el país.
Por: Javier Patiño C
El reciente anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su cuenta de Truth Social, en el que acusa al mandatario colombiano Gustavo Petro de ser “líder del narcotráfico” y propone retirar la ayuda económica al país, generó preocupación en distintos sectores. La tensión no solo inquieta a los organismos económicos, sino también a las Fuerzas Militares y a la Policía, que dependen en buena parte del respaldo estadounidense.
Esta relación bilateral se consolidó hace más de treinta años con la creación del Plan Colombia, un programa que permitió la cooperación entre agencias gubernamentales, así como el suministro de equipos, armas y expertos para la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones ilegales que se benefician de ese negocio.
“En lo corrido de estas tres décadas se han suscrito varios convenios, memorandos de entendimiento y programas de apoyo técnico y financiero entre las Fuerzas Militares y la Policía, que han permitido dar golpes importantes a los grupos ilegales que delinquen en el país”, aseguró un excomandante de las Fuerzas Militares.
El panorama de un posible rompimiento en las relaciones llevó, en la mañana de este lunes 20 de octubre, a una reunión extraordinaria en el despacho del ministro de Defensa, el general retirado Pedro Sánchez, con los altos mandos de la cúpula militar.
Según una fuente consultada por CAMBIO, los comandantes del Ejército, la Fuerza Aeroespacial, la Armada y el comandante general de las Fuerzas Militares presentaron varios documentos que detallan los convenios y equipos negociados con el Gobierno de Estados Unidos.
“Si la administración Trump decide realizar un recorte o retirar totalmente su ayuda, en un inicio no se afectarían las operaciones en varias zonas del país, ya que la mayoría del presupuesto es asumido por el Gobierno colombiano”, explicó la fuente, que pidió mantener su nombre en reserva.

La Policía, la más afectada
De concretarse una decisión de veto o suspensión de ayuda, la Policía Nacional sería la más afectada. Actualmente, cuenta con la donación de nueve helicópteros Black Hawk que permanecen en la base aérea de Guaymaral, además de varios convenios de cooperación en la lucha contra el narcotráfico.
En el caso del Ejército, la situación sería diferente. Sus helicópteros Black Hawk y Bell, adquiridos desde el inicio del Plan Colombia, fueron nacionalizados y no podrían ser reclamados por el Gobierno estadounidense.
“Desde finales de la década de los noventa, el Ejército logró, mediante una gestión diplomática, nacionalizar sus aeronaves. La situación es distinta para la Policía, que las mantiene en calidad de comodato, con mantenimiento a cargo de Estados Unidos. Ese apoyo aéreo es fundamental para sus labores diarias”, explicó un excomandante de la Policía Antinarcóticos.

Capacitación y cooperación en riesgo
Para el excomandante de las Fuerzas Militares consultado, este cruce de declaraciones entre ambos mandatarios podría generar la suspensión de programas de capacitación, entrenamiento y cooperación en inteligencia.
“El apoyo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ha sido fundamental, especialmente con la presencia de expertos en entrenamiento de tropas”, sostuvo.
De igual manera, un excomandante de la Policía Antinarcóticos destacó la importancia del respaldo de agencias internacionales como la DEA, HSI y el FBI, que han sido determinantes en la lucha contra el narcotráfico, el lavado de activos, la trata de personas y los ciberdelitos.
“Ellos hacen parte de grupos especiales que reciben apoyo financiero para capacitación, viáticos y recompensas destinadas a la captura de cabecillas de organizaciones criminales”, añadió.
Otra de las principales preocupaciones es la posible salida de las misiones especiales estadounidenses en Cartagena, Bogotá, Medellín, Cúcuta y Barranquilla, donde permanecen agentes y uniformados de organismos estadounidenses que aportan recursos para operaciones conjuntas contra estructuras delictivas.
“Es necesario que la diplomacia cumpla su papel y evite que esta crisis afecte el apoyo económico y operativo de Estados Unidos a Colombia, una relación que ha sido fundamental en la lucha contra la violencia y el narcotráfico en el país”, concluyeron los exoficiales.
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