
Chamán: el soldado que salva vidas en medio de la guerra
El sacrificio y la entrega definen a Robinson Flórez, un soldado profesional de 37 años con más de 17 de servicio en las Fuerzas Especiales del Ejército Nacional de Colombia. Esta es su historia.
Por: Javier Patiño C
El olor a café y el ejemplo del esfuerzo de sus padres en Belén de Umbría, Risaralda, fueron la chispa que encendió en él la vocación de servir a los demás, algo que lo ha acompañado, incluso, en medio de las peores adversidades.
A los 18 años ingresó al Batallón de Artillería de Campaña N.º 8 San Mateo, en Pereira, para prestar su servicio militar. Desde niño sintió el impulso de servir, y esa motivación lo llevó a especializarse como enfermero de combate, una ocupación peligrosa cuyo objetivo es preservar la vida de sus compañeros y sanar en medio de las tinieblas del conflicto.
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Diariamente, se entrena para afrontar misiones de alto riesgo en terrenos hostiles. Las Fuerzas Especiales se destacan por su agilidad, versatilidad y habilidad para operar en entornos extremos.
“A mis papás les digo mentiras, nunca les cuento cuándo entro a zonas de combate para no ponerlos en zozobra e incertidumbre. Pero a mi esposa sí le cuento, porque ella debe saberlo en caso de que no vuelva”, dice el soldado.
Para sus compañeros, el soldado Flórez es un héroe que, sin portar armas, participa en misiones militares secretas en Colombia. Ha estado cara a cara con la muerte en múltiples ocasiones.

Aunque ha perdido la cuenta de las misiones en las que ha participado, habla con pasión de su trabajo. Asegura que, si volviera a nacer, volvería a elegir esta profesión.
Antes de cada misión, él y sus compañeros se encomiendan a Dios, con la esperanza de regresar sanos a casa.

Lo llaman el Chamán, por su persistencia y su capacidad para encontrar soluciones en medio del caos. Cree firmemente que “si alguien quiere volar, debe andar con águilas”, y que cada operación es distinta. Acepta que aún siente miedo, pero nunca pierde de vista que lo importante es salvar la vida de un compañero caído.
“Nosotros, como comandos, aprendemos a controlar el miedo en combate. Uno se preocupa por el compañero que tiene al lado, por protegerlo. Sabemos que así como estamos dispuestos a dar la vida por él, él también lo haría por nosotros”, expresa.

Tiene una amplia trayectoria militar y se enorgullece de haber participado en la Operación Esperanza, una misión de búsqueda y rescate que logró encontrar a cuatro niños indígenas, los hermanos Mucutuy, quienes sobrevivieron a un accidente aéreo en la selva del Guaviare y permanecieron desaparecidos durante 40 días.
En su pecho lleva toda una colección de insignias: es lancero, paracaidista y experto en salto libre, entre otros títulos. Lo visitamos antes de una operación secreta, de la cual poco pudo contarnos. Lo observamos revisando minuciosamente cada elemento de su botiquín. Sabe mejor que nadie que estar preparado para lo inesperado puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
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