
Así cambió el mapa de la salud pública en Colombia
Con una estrategia de soberanía sanitaria e inversiones en infraestructura, transporte asistencial para zonas rurales, fluviales y marítimas, el Ministerio de Salud y Protección Social cerró brechas históricas de acceso y llevó atención a territorios olvidados.
Cubrir en salud a Colombia, más allá de abrir hospitales o asignar presupuestos, es atender a un adulto mayor que vive lejos del centro urbano, a un niño con riesgo de desnutrición, a una madre gestante que necesita controles a tiempo, a una comunidad indígena que tiene su propia forma de entender el cuidado o llegar a una vereda donde no hay carretera.
En un país de desigualdades que vienen de siglos, fronteras, costas, selvas, ríos, mares, montañas, y de grupos armados que afectan a poblaciones, la salud pública tiene mucho de tarea quijotesca, por lo que no basta con que exista el servicio, sino que hay que lograr que llegue.
Ese es el hilo que atraviesa un reciente informe del Ministerio de Salud y Protección Social, con corte a marzo de 2026. La idea central del documento, cuya ejecución es compleja, es llevar la atención más cerca de la vida cotidiana de las personas.
La salud que llegó más lejos
En tres años y medio se financió la conformación progresiva y puesta en operación de 14.468 Equipos Básicos de Salud, con cobertura en los 32 departamentos, en todos los distritos y en los 1.123 municipios del país, según el Ministerio.
La lectura social de esta cifra tiene que ver con que médicos, enfermeras, auxiliares, profesionales psicosociales y equipos territoriales salieron del consultorio para ir a barrios, veredas, municipios y zonas dispersas. De esos equipos, 10.983 fueron financiados con recursos del Presupuesto General de la Nación, 2.626 a través del Sistema General de Participaciones y 859 por Entidades Promotoras de Salud.
El Ministerio lo resume diciendo que “más de diez millones y medio de familias han recibido servicios de salud directamente en ciudades, municipios, veredas y barrios”. La atención incluye enfermedades crónicas no transmisibles, como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares; eventos de interés en salud pública, vacunación, salud materno-perinatal y nutricional, además de identificación temprana de riesgos en salud mental, orientación psicosocial y remisión a servicios especializados.
El servicio que entró a las casas
La apuesta de los Equipos Básicos de Salud no se queda en la atención médica puntual, sino que su tarea principal, según el informe, es aportar al Plan de Cuidado Primario, que comienza con la identificación de condiciones de salud, situaciones protectoras, riesgos familiares y necesidades concretas de cada comunidad. Para eso se entendió primero cómo vive la gente.
Desde abril de 2024, el Ministerio reporta la atención de 650.660 familias con disfunción familiar moderada o severa, 152.581 familias con cuidadores con sobrecarga intensa o ligera, 3.008.575 familias con recursos socioemocionales, 2.345.238 familias con prácticas de cuidado ancestrales o tradicionales y 213.374 familias sin red de apoyo.
Esos datos dicen más. Una familia sin red de apoyo, una cuidadora agotada o una comunidad con prácticas ancestrales de cuidado requieren algo más que una cita médica. Necesitan presencia, escucha, seguimiento y capacidad de articular soluciones y respuestas.
Por eso el despliegue territorial tiene un componente diferencial. El informe señala la asignación de 124 equipos de especialistas, integrados por profesionales en ginecología, psiquiatría, pediatría, medicina interna o medicina familiar, especialmente en territorios con limitaciones de acceso. También registra 128 equipos diferenciales con perfiles étnicos o vinculados a modelos propios de salud de comunidades indígenas, y 98 Equipos de Salud de Jóvenes que apoyan el componente de salud del programa Jóvenes en Paz.
La inversión acumulada en esta estrategia, incluyendo la vigencia 2026, asciende a 6,87 billones de pesos. El dato es importante porque muestra que la Atención Primaria en Salud no se planteó como un discurso sino como una operación nacional con recursos, cobertura y presencia territorial.
Los primeros resultados aparecen en indicadores de acceso. La captación temprana de gestantes pasó de 46,05 por ciento en 2021 a 58,59 por ciento en 2025. El tamizaje de VIH, sífilis y hepatitis B en gestantes subió de 66,97 por ciento a 81,41 por ciento. La valoración integral en jóvenes de 18 a 28 años pasó de 34,40 por ciento a 60,82 por ciento; en adultos de 29 a 59 años, de 28,90 por ciento a 59,7 por ciento, y en personas mayores, de 27,55 por ciento a 61,86 por ciento. El tamizaje de cáncer de cuello uterino con prueba ADN-VPH pasó de 1,68 por ciento en 2021 a 20,9 por ciento en 2025.
Hospitales y puestos de salud, una deuda antigua
La segunda parte del informe del MinSalud habla de centros de atención, dotación, ambulancias, quirófanos, camas. En un país donde muchos hospitales públicos han funcionado durante años entre el deterioro físico y la falta de equipos, la inversión en infraestructura tiene un valor que va más allá del cemento, pues define si una persona puede ser atendida cerca de su casa o debe atravesar medio departamento para recibir atención.
El Ministerio reporta la ejecución de 2.336 proyectos de infraestructura hospitalaria de alta, mediana y baja complejidad y dotación biomédica, con una inversión de 6,9 billones de pesos en 609 municipios de los 32 departamentos. Según el informe, estas inversiones permiten que cerca de 16 millones de personas puedan disponer de servicios de salud más cerca de su lugar de residencia. También señala que la inversión en hospitales, puestos y centros de salud ha sido 3,4 veces mayor que la desarrollada por gobiernos anteriores entre 2011 y 2022.
Antioquia registra 87 proyectos en 41 municipios; Boyacá, 70 en 51 municipios; Nariño, 185 en 46 municipios; Tolima, 198 en 46 municipios; Santander, 143 en 70 municipios; Valle del Cauca, 129 en 32 municipios; Cauca, 90 en 27 municipios; Norte de Santander, 89 en 23 municipios; Chocó, 85 en 21 municipios; La Guajira, 73 en 13 municipios; Magdalena, 67 en 27 municipios; Córdoba, 59 en 16 municipios; Caldas, 58 en 11 municipios; Huila, 105 en 30 municipios, y Casanare, 84 en 18 municipios.
El mapa muestra la intención de llegar a territorios donde la red pública es, muchas veces, la única puerta real de acceso a la salud.
Entre las principales obras, el informe destaca la construcción del Hospital de Cumaribo, en Vichada, el municipio con mayor extensión geográfica del país y una de las zonas con mayor dispersión poblacional. La inversión reportada es de 22.164 millones de pesos. En La Guajira, con una inversión superior a 72.092 millones de pesos, se construyen infraestructuras hospitalarias para fortalecer la atención de comunidades indígenas Wayuu y de la población de la subregión norte. En Chocó, el Hospital de Istmina busca reducir los desplazamientos de pacientes hacia otras ciudades por falta de atención especializada.
La lectura social de estas obras indica que cuando un hospital queda demasiado lejos, la enfermedad avanza en el camino. Acercar servicios, además de comodidad puede ser la diferencia entre atender a tiempo para salvar una vida o ver morir a la gente.
La dotación también hace parte de esa transformación. En Puerto Carreño, Vichada, la ESE Departamental San Juan de Dios recibió una inversión de 4.805 millones de pesos para fortalecer su capacidad instalada con 137 equipos, entre ellos tecnologías de imagenología y cirugía, con beneficio para más de 125.000 habitantes, según cifras del DANE citadas en el documento. En Rionegro, la renovación de equipos biomédicos y de apoyo industrial del Hospital San Juan de Dios E.S.E. fortaleció la capacidad diagnóstica y quirúrgica. En Arauca se fortaleció el servicio de imagenología y se implementó una Unidad de Cuidados Intensivos para adultos con 16 camas de alta complejidad, con impacto en municipios del departamento y zonas estratégicas de Boyacá, Casanare y la frontera con Venezuela.
Ambulancias para la vida
En Colombia, una ambulancia muchas veces debe moverse por río, por mar o por trochas. Por eso el transporte asistencial aparece como una de las apuestas más significativas del MinSalud.
El Ministerio adquirió 1.838 vehículos de transporte asistencial, con una inversión de 530.630 millones de pesos, para mejorar el acceso en 32 departamentos y 952 municipios, especialmente en zonas remotas, rurales, fluviales y marítimas.
De ese total, 938 corresponden a ambulancias terrestres, con una inversión de 276.955 millones de pesos; 51 son ambulancias básicas fluviales, por 26.308 millones; tres son ambulancias marítimas, por 1.823 millones; 429 son vehículos de transporte extramural terrestre, por 110.312 millones, y 24 son vehículos extramurales fluviales, por 4.986 millones.
El informe también registra 135 unidades médico-odontológicas, por 69.688 millones de pesos; 92 ambulancias medicalizadas, por 33.910 millones; tres ambulancias medicalizadas marítimas, por 3.860 millones; cuatro unidades médicas de sangre en Casanare, Cesar, Cauca y Quindío, por 2.305 millones, y una unidad de mamografía por 480 millones.
En la distribución territorial aparecen Antioquia con 202 vehículos asignados, Boyacá con 184, Nariño con 112, Tolima con 111, Santander con 99, Cundinamarca con 94, Cauca con 92, Valle del Cauca con 82, Bolívar con 72, Córdoba con 59, Norte de Santander con 55, Chocó con 45, Cesar con 41, Casanare con 39, Magdalena y Caldas con 37 cada uno, La Guajira con 35, Caquetá con 34, Atlántico con 32, Meta con 28 y Sucre con 27.
Estas iniciativas, de acuerdo con el Ministerio, han mejorado el acceso a servicios de salud de más de dos millones y medio de personas pertenecientes a comunidades rurales, fluviales y marítimas.
El buque hospital para el Pacífico
Una de las imágenes más potentes del informe es la del buque hospital Benkos Biohó. La inversión supera los 87.000 millones de pesos y se proyecta como beneficio para más de 150.000 personas en 22 municipios. El documento lo define como el primer Centro de Atención Primaria en Salud costero-fluvial de Colombia, diseñado por Cotecmar para prestar servicios médicos de mediana y alta complejidad en el Pacífico.
El buque cuenta con helipuerto, telemedicina, cirugía general, pediatría, ginecología, medicina interna, quirófano, farmacia, ecografía, rayos X, laboratorio clínico y consultorios generales y especializados.
La operación está pensada para corredores costeros y desembocaduras de ríos del litoral Pacífico colombiano. Las zonas priorizadas incluyen los ríos Baudó, Docampadó y San Juan, en Chocó; Anchicayá, Raposo, Cajambre, Yurumanguí y Naya, en Valle del Cauca; Micay, Timbiquí y Guapi, en Cauca; e Iscuandé, Tapaje, La Tola, Sanquianga, Patía, Chagüí, Rosario y Mira, en Nariño.
En esos territorios, un centro de salud móvil es una respuesta práctica a una realidad geográfica. En el Pacífico, muchas comunidades están lejos en horas de navegación, condiciones climáticas y disponibilidad de transporte. Llevar atención médica a esas cuencas es reconocer que el sistema de salud debe adaptarse al país real, ha explicado el MinSalud.
Otro símbolo aparece en Bogotá. Se trata de la recuperación integral del Hospital San Juan de Dios y el Materno Infantil. Con una inversión de 1,615 billones de pesos para el periodo 2026-2034, el informe señala el fortalecimiento del hospital, el reforzamiento estructural de la Torre Central, la construcción de tres nuevos desarrollos y la dotación con equipos de última generación durante los próximos 10 años. Se trata de la recuperación de uno de los símbolos históricos de la salud pública, la ciencia médica y la formación universitaria en Colombia.
Menos muertes evitables
El balance más sensible está en los indicadores de mortalidad. Niños que no murieron por desnutrición, recién nacidos que sobrevivieron, madres que llegaron a tiempo a una atención obstétrica y familias que no quedaron partidas por una muerte que se pudo evitar.
El informe advierte que estos resultados no se deben a un solo programa, sino a un conjunto de acciones, entre estas a los Equipos Básicos de Salud, a los planes de choque específico, a la gestión intersectorial, a la participación social, la dotación, el transporte asistencial y la infraestructura.
En mortalidad por desnutrición en menores de cinco años, Colombia pasó de 406 defunciones en 2022 a 325 en 2023, 243 en 2024 y 160 en 2025, esta última cifra con información preliminar de Sivigila. La tasa nacional se redujo preliminarmente 59,7 por ciento, al pasar de 10,78 a 4,34 defunciones por cada 100.000 menores de cinco años.
Los descensos territoriales son significativos. En La Guajira, las defunciones bajaron de 97 en 2022 a 31 en 2025, con una reducción de 68 por ciento en la tasa de mortalidad. En Cesar, pasaron de 32 a 13, con reducción de 62,5 por ciento en la tasa. En Bolívar, las defunciones bajaron de 18 a 2, con reducción de 89,3 por ciento. En Antioquia, de 17 a 8, con una reducción de 51 por ciento en la tasa. En Meta, de 15 a 4, con una reducción de 73,6 por ciento. Norte de Santander pasó de siete defunciones en 2022 a cero casos notificados en 2025, según información preliminar.
En mortalidad perinatal, el país registró una reducción preliminar de 12 por ciento en la tasa y una disminución de 32,5 por ciento en el número de defunciones entre 2022 y 2025. En cifras absolutas, las muertes perinatales pasaron de 9.010 en 2022 a 7.317 en 2023, 6.217 en 2024 y 6.076 en 2025.
Atlántico redujo su tasa de mortalidad perinatal en 36,1 por ciento, al pasar de 18,39 a 11,75 por cada 1.000 nacidos vivos. Norte de Santander registró una disminución de 30,5 por ciento, de 14,02 a 9,75. Bolívar redujo la tasa en 18,6 por ciento, de 17,53 a 14,27. Meta bajó 15,4 por ciento, de 14,77 a 12,49.
La mortalidad en menores de un año también muestra una caída. A nivel nacional, la tasa pasó de 11,66 a 9,87 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos entre 2022 y 2025, una reducción preliminar de 15,4 por ciento. El número de muertes descendió de 6.689 a 4.346.
En Putumayo, la tasa bajó 40,2 por ciento, de 13,29 a 7,95 por cada 1.000 nacidos vivos, con defunciones que pasaron de 61 a 27. En Atlántico, la tasa cayó 36,4 por ciento, de 14,51 a 9,23, y las defunciones de 524 a 241. En Bolívar, la reducción fue de 32,2 por ciento, de 13,36 a 9,06, con muertes que bajaron de 453 a 220. Tolima redujo la tasa en 42,3 por ciento, de 9,89 a 5,71, con defunciones que pasaron de 145 a 65. Magdalena bajó 28,9 por ciento, de 13,69 a 9,74, con defunciones que descendieron de 299 a 150.
En mortalidad materna temprana, Colombia pasó de 278 casos en 2022 a 195 en 2025, una disminución de 30 por ciento. La Razón de Mortalidad Materna bajó de 48,46 a 44,3, una reducción de 8,6 por ciento.
“Estas disminuciones reflejan avances importantes en la calidad de la atención obstétrica, la oportunidad en los procesos de referencia y contrarreferencia, y la ampliación del acceso al control prenatal”, señala el Ministerio en su informe.
Soberanía sanitaria es producir para no depender
El cierre del documento habla de la soberanía sanitaria. La pandemia mostró que la dependencia externa en medicamentos, vacunas, insumos e inmunobiológicos puede convertirse en un riesgo nacional. Por ello, el Ministerio plantea una estrategia para recuperar capacidades públicas de innovación y producción, desarrollo e investigación.
Con el CONPES 4170 de octubre de 2025, de Soberanía Sanitaria 2026-2035, se declaró de importancia estratégica el proyecto de fortalecimiento de la producción nacional de productos farmacéuticos. El propósito es aumentar la capacidad instalada para producir medicamentos esenciales de calidad, fortalecer infraestructura pública y desarrollar procesos de transferencia de tecnología y conocimiento.
El informe registra convenios interadministrativos suscritos en diciembre de 2025 con el Instituto Nacional de Cancerología, el Instituto Nacional de Salud, la Universidad de Antioquia y Vecol S.A.
Con el Instituto Nacional de Cancerología se firmó un convenio por 85.130 millones de pesos para generar capacidades de investigación, desarrollo, innovación y producción de medicamentos magistrales biotecnológicos y terapias avanzadas para el tratamiento de cáncer. Con el Instituto Nacional de Salud, uno por 44.145 millones de pesos para modernizar y ampliar la planta de producción de sueros hiperinmunes de origen equino. Con la Universidad de Antioquia, uno por 423.613 millones de pesos para la construcción, dotación y puesta en marcha de una planta pública de producción de medicamentos. Y con Vecol S.A., uno por 956.764 millones de pesos para recuperar y consolidar capacidades técnicas, científicas, institucionales e industriales en investigación, desarrollo y producción nacional de inmunobiológicos.
La estrategia apunta a medicamentos, vacunas, tratamientos para cáncer, antivenenos, sueros hiperinmunes para picaduras de animales venenosos y terapias para malaria, parasitosis, VIH y enfermedades desatendidas.
“El plan no se limita a construir o modernizar fábricas”, señala el Ministerio. “También promueve una red de trabajo entre instituciones públicas que integran ciencia, tecnología e industria, lo que permitirá producir más medicamentos, vacunas y otros productos de salud, con mejor calidad y mayor disponibilidad”.
¿Qué se busca? Reducir la dependencia de importaciones, mejorar el acceso, disminuir el riesgo de desabastecimiento y fortalecer la capacidad de respuesta del país ante epidemias o pandemias. También se busca que Colombia produzca más de lo que necesita para cuidar la vida.
El legado: humanidad y cercanía
El informe del Ministerio de Salud y Protección Social presenta un balance amplio, con cifras de cobertura, inversión, infraestructura, transporte, reducción de mortalidad y producción pública de medicamentos.
Pero una idea que aparece una y otra vez tiene que ver con la salud como presencia; por ejemplo, presencia en la casa de una familia sin red de apoyo; presencia en una comunidad indígena con prácticas propias de cuidado; presencia en el Pacífico profundo a través de un buque hospital; presencia en Cumaribo, Istmina, La Guajira, Puerto Carreño, Arauca, Nariño, Tolima, Cauca, Chocó, Santander y decenas de municipios donde la red pública sostiene buena parte de la vida cotidiana; en ambulancias, hospitales, unidades médicas, equipos básicos y plantas públicas para producir medicamentos.
“Hemos establecido las capacidades estructurales, territoriales e institucionales para que Colombia cuente con una Atención Primaria en Salud sólida y permanente, capaz de garantizar de manera efectiva el derecho fundamental a la salud de los y las colombianas”, afirmó el MinSalud.
En el informe se comprende la apuesta del Gobierno de que la salud deje de ser un servicio al que muchos llegan tarde y empiece a ser una política que busque a las personas donde viven. Que se estén evitando miles y miles de muertes es, entre muchos otros, el gran logro.
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