Voltaje, un millón de voltios de arte
18 Noviembre 2023 12:11 am

Voltaje, un millón de voltios de arte

Desde hace diez años la Feria del Millón se ha convertido en un espacio muy visitado, ya que permite conocer obras de calidad de artistas emergentes que se pueden adquirir a precios razonables. Uno de los componentes de la feria es Voltaje, que llega a su décima edición, una exhibición de arte asociado a la ciencia y la tecnología.

Por: Eduardo Arias

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Hace diez años, en un mundo en el que a menudo la gran noticia en el campo de las artes plásticas es que se subastó un tiburón tigre preservado en formaldehído por 17 millones de dólares, Diego Garzón y Juan Ricardo Garzón decidieron instalarse en el polo opuesto y le dieron forma a la feria del millón, que reunía obras de artistas emergentes que se vendían a un millón de pesos o menos.
Era una manera de promover artistas emergentes y de poner obras de arte de calidad al alcance de muchísimas personas. El proyecto nació en 2013 en el Centro Creativo Textura, en la zona industrial de Bogotá. Después estuvo en el Hospital San Juan de Dios, un hito arquitectónico de la ciudad muy poco conocido. Durante la pandemia la feria (como casi todo en el mundo) fue virtual y a través de un computador armaron una exposición en el antiguo cuartel general, hoy conocido como el Bronx.
Esta edición número 11 de la Feria del Millón se llevará a cabo entre el 23 y el 26 de noviembre en una nueva locación ubicada en la calle 77A No 11-60. Además de presentar la obra de 80 artistas emergentes, se le rendirá homenaje a Carlos Caicedo, uno de los reporteros gráficos más importantes del país. También estará el espacio 1K art show, una muestra de obras cuyo valor oscila alrededor de mil dólares. Habrá exposiciones individuales, música, gastronomía y zona de niños.

Feria


Además, estará Voltaje, Salón de Arte y Tecnología, que celebra su décima edición. Desde su inicio en 2014 se ha dedicado a difundir este campo del arte de vanguardia del que Colombia ha sido pionero en América Latina desde la década de 1970. En nueve años Voltaje se ha consolidado como un punto de referencia de las dinámicas cambiantes  alrededor de las interacciones entre arte, ciencia y tecnología. Voltaje ha presentado a más de 200 artistas de Europa, Asia y América, quienes han presentado a los visitantes de la Feria del Millón panorama de las diferentes exploraciones y reflexiones artísticas contemporáneas, donde la tecnología no es un efecto especial o un adorno sino la poética en que se basan las obras.
Voltaje no parte de un tema curatorial específico sino que reúne diferentes obras en torno a luna pregunta común de creación contemporánea y sus diversas reflexiones y materializaciones. Alrededor de 25 artistas de Colombia, Francia, Brasil, México, Argentina, Ecuador y España participarán en el evento, entre ellos Rejane Cantoni y Raquel Kogan de Brasil, Pascal Dombis de Francia, Alba Triana de Colombia, y un proyecto en conjunto con la galería Serpentine de Londres. La exhibición principal, las ya conocidas Live Sessions y un foro académico que se llevará a cabo en la Universidad de los Andes complementan la programación.
CAMBIO habló con Juan Ricardo Rincón, codirector de la Feria del Millón y cocurador (junto con Carmen Gil) de Voltaje.


CAMBIO: ¿Cuál es el balance de diez años de Voltaje?
Juan Ricardo Rincón:
El balance es muy positivo por varias razones. En países como Colombia es realmente complejo mantener cualquier actividad dedicada al desarrollo artístico. Entonces el solo hecho de estar cumpliendo diez años, afortunada o tristemente es un gran triunfo. Especialmente en el caso de Voltaje, una muestra que se basa en una curaduría pero no tiene un complemento comercial, de manera que depende mucho del apoyo de la empresa privada, del apoyo de la Feria del millón y del mismo apoyo de los artistas. Entonces, en esa primera capa aparentemente, obvia, el balance es positivo.


CAMBIO: Usted acaba de decir que el solo hecho de sobrevivir es señal de un balance positivo. ¿Qué hace tan complicado que una iniciativa como Voltaje prevalezca?
J. R. R.:
A nivel nacional y de la región este tipo de iniciativas no tienden a tener una vida larga por ser tan complejas. Las exposiciones de arte y tecnología implican muchos gastos, equipos muy caros, procesos de montaje muy difíciles y complejos. Son obras que, por así decirlo, están vivas. Se dañan, toca repararlas, cuidarlas. Toda la envergadura que esto implica es muy complejo y de una u otra manera tienden a confundirse con entretenimiento. Entonces muchas veces la empresa privada quiere enfocarlas más hacia el entrenamiento y menos hacia el arte. Es un camino curatorial artístico y de desarrollo que es realmente complejo y tiene muchas, pues muchos impases en el proceso.


CAMBIO: ¿Cómo se ha incorporado el arte electrónico a una propuesta como la de la feria?
J. R. R.:
Como lo decía anteriormente, Voltaje es el el ala más curatorial de la feria, es netamente expositiva. Yo pienso que es el complemento. Año tras año logra verse la evolución de Voltaje. Hace ver y hace sentir la feria de una u otra manera, pues depende mucho en lo que esté pasando en el momento en las universidades, lo que proponen los artistas y demás. Voltaje hace una curaduría que trae artistas o desarrolla piezas de artistas. Al estar lidiando con 20 obras o 15 obras en lugar de los 100 artistas de la feria, logra tener un poco más el cuidado del desarrollo de cada pieza. Esto ocurre como complemento y en paralelo con la propuesta de la feria, la cual es muy clara, sobre todo en el comercial. Entonces Voltaje entra como un muy buen complemento de esa lógica. También resulta positivo este año contar con tres pisos completamente oscuros con obras que operan de maneras muy distintas a las de la feria. Voltaje es un complemento que le va muy bien a la oferta general del evento.


CAMBIO: ¿Cómo recibe el público estos nuevos lenguajes tan alejados al menos en apariencia del óleo, el lienzo y el mármol tallado?
J. R. R.:
Pienso que en general el público lo recibe bien. Estas obras que operan con tecnología normalmente tienden a tener un factor de “sexyness”. En un momento en que el mundo está gobernado por los likes y el Instagram, bajo una capa muy superficial hace que que de manera automática se reciba muy bien. Si uno va más a lo profundo, se recibe igual a como se recibe el arte mismo. Hay gente que le gusta porque le gusta y no le interesa hacerse más preguntas. Hay gente que lo ignora porque simplemente no lo entiende, y hay otra gente que, independiente a que en un principio le guste o no le guste, se toma el trabajo de preguntar, de entender, de leer y de tratar de llevar unas conclusiones iniciales a otro momento un poco más filtrado, con más información. Esto, como decía anteriormente, es muy palpable en obras de arte y tecnología que tienen estos componentes más extraños a las técnicas convencionales de arte. Pero de una u otra manera opera como el arte mismo. Quien visita un museo pasa por alguno de esos tres estados. Las obras, ya sea un lienzo o una instalación de electrónica siempre están sujetas al interés del visitante.

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