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San Victorino
Crédito: Colprensa.

Del paquete en su puerta al local vacío en el centro: cómo Temu y Shein están ahogando al corazón comercial de San Victorino

Dos aplicaciones chinas que venden ropa y accesorios a precios que parecen imposibles están sacudiendo el comercio popular colombiano. En San Victorino, el epicentro del comercio de telas y confección en Bogotá, los comerciantes reportan caídas en ventas y salieron a las calles con carteles para denunciarlo. CAMBIO habló con ellos de lo que está pasando.

Por: Juan David Cano

Si usted ha comprado alguna vez en Temu o en Shein, probablemente recuerda la sensación de precios que no parecen reales, una cantidad abrumadora de opciones y un paquete que llega a su puerta días después desde el otro lado del mundo. Una camiseta por 8.000 pesos. Unos aretes por 3.000. Una cobija decorativa por menos de lo que cuesta el almuerzo. La experiencia es tan cómoda y tan barata que cuesta no volver. Lo que quizás no pasó por su cabeza en ese momento es que, más cerca de casa, alguien tenía un producto similar a buen precio, y ese día dejó de vender. 

San Victorino es el corazón del comercio popular de Bogotá. Un laberinto de locales, bodegas y puestos en el centro de la ciudad donde durante décadas se han vendido telas, ropa, accesorios, artículos para el hogar y casi cualquier cosa a precios que, se suponía, eran imbatibles. Es también uno de los polos de la industria de la confección nacional, pues es un ecosistema de pequeños y medianos comerciantes, talleres familiares y distribuidores que mueven empleo, sostienen familias y representan buena parte de la economía informal y formal del país.

Hoy, ese ecosistema dice estar en crisis. Y señala a las plataformas chinas de comercio electrónico como uno de los principales responsables. Pero hay más detrás de esa queja y tiene que ver con las reglas fiscales y tributarias de Colombia.

La campaña y el mensaje que comenzó en las calles del centro

Todo este problema llamó la atención el pasado 18 de marzo, cuando los comerciantes de San Victorino salieron a la calle, pusieron carteles en postes y paredes del centro de Bogotá, se pararon en puntos clave de la zona comercial con pancartas y lanzaron una campaña pública para visibilizar que sus ventas están cayendo de manera alarmante y la competencia no está jugando con las mismas reglas.

“La campaña nace porque ya no podíamos seguir normalizando lo que está pasando. Sí, el comercio debe transformarse, pero también es necesario visibilizar que hoy estamos enfrentando una competencia desigual”, dijo a CAMBIO la directora ejecutiva de AsoSanVictorino, Leydi Betancourt Arce.

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Crédito: Colprensa.

Las cifras que están detrás de los carteles: las pérdidas de más del 30 por ciento

Las pérdidas varían según el negocio. Betancourt reveló que han tenido una caída en las ventas de entre el 30 y el 50 por ciento en el último año. Yansen Estupiñán, gerente de Neos Centro y miembro de la junta directiva de AsoSanVictorino, coincide con un 30 por ciento. Y desde el sector de la confección, Guillermo Elías Criado, presidente de la Cámara Colombiana de Confección y afines, precisó que la caída en el sistema de moda  está entre el 25 y el 40 por ciento dependiendo del segmento.

Para Criado el punto de quiebre comenzó a mediados de 2023, cuando el volumen de importaciones de bajo costo empezó a dispararse. “En 2024 y 2025 se convirtió en un golpe frontal: están entrando 650.000 kilos diarios, un tsunami de importaciones de bajo valor, sin impuestos y sin controles, que arrasó con la demanda de productos nacionales”, dijo a CAMBIO.

Sin embargo, las estimaciones del hombre de las confecciones son prudentes frente a las de Estupiñán, que lleva años en el sector y que considera que, en realidad, los negocios han perdido cuota de mercado frente a China desde 2017. “El impacto fuerte del mercado popular se entiende desde el 2017 y 2018, donde hay una invasión asiática. Y ahora con las plataformas, en los últimos dos años, ha sido muy fuerte. Nosotros no odiamos las plataformas, pero sentimos que estamos compitiendo desigualmente contra ellas”, dijo.

El problema de fondo no es la tecnología ni China, es la tributación

Todos ellos coinciden en que hay un mercado desigual, pero, ¿a qué exactamente se refieren? Y es que aquí está precisamente el problema. Cuando un comerciante de San Victorino vende, ya sea en su local físico o a través de cualquier plataforma digital, esa transacción queda registrada y genera obligaciones tributarias: IVA, ICA, retención en la fuente, renta.

Además, ese comerciante paga seguridad social para sus empleados, cumple normas de etiquetado, recibe inspecciones, está inscrito en Cámara de Comercio y asume una larga lista de obligaciones legales que hacen parte del costo de operar formalmente en Colombia.

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Crédito: Colprensa.

Temu y Shein, en cambio, operan desde el exterior, envían paquetes directamente al consumidor y, según los gremios, lo hacen en su mayor parte sin tributar en Colombia. “Nosotros no odiamos las plataformas, nosotros tenemos plataformas también. Es la competencia en una desbalanza desigual por el sistema impositivo, tanto arancelario como fiscal y tributario. Ellos no tienen esta obligación porque vienen del exterior, triangulan la llegada al país a través de los Estados Unidos y llegan sin ningún tipo de tributo”, explicó Estupiñan.

“Lo más grave es que esta caída no responde a falta de calidad, creatividad o capacidad productiva. Responde a un fraude fiscal estructural que permite que millones de paquetes entren al país sin pagar los impuestos que sí pagan nuestras micro y pequeñas empresas”, complementa Criado.

Lo que el comercio local tiene que el algoritmo no puede dar

Ahora bien, ninguno de los comerciantes niega en este debate niega que el consumidor colombiano ha cambiado y que el comercio electrónico llegó para quedarse. “Desde luego, el cliente valora mucho hacer compras desde el sofá y que le ofrezcan el producto en la casa. Yo también lo valoro”, reconoce Estupiñán.

El argumento de los comerciantes no es que el cliente está equivocado. Es que parte de esa ventaja de precio es artificial: “Esos precios bajos solo existen porque estas plataformas operan en un limbo fiscal. Si pagaran los mismos impuestos que paga cualquier microempresa colombiana, la historia sería distinta”, afirma Criado.

Y frente a eso, el comercio local apuesta por lo que ninguna app puede reemplazar. Para Betancourt, San Victorino tiene ventajas reales, aunque con retos: “La calidad, la inmediatez, el contacto físico y la confianza es una ventaja, pero el comercio local tiene un reto claro: avanzar hacia la omnicanalidad, integrar herramientas digitales y empezar a trabajar con datos, no solo con producto”.

¿Qué productos están más afectados?

El golpe no es uniforme. Hay categorías donde la competencia de precios es más brutal porque el consumidor es especialmente sensible al costo. Betancourt identifica tres: moda rápida, accesorios y productos de hogar de bajo costo. “Son categorías donde el consumidor es altamente sensible al precio, y ahí es donde las plataformas están dominando con volumen, data y estrategia digital”, explica.

Estupiñán también divide el golpe entre plataformas. Shein y AliExpress golpean más fuerte en confección y producto terminado, mientras que Temu impacta más en accesorios, decoración y artículos del hogar. Por su parte, Criado afirma que ropa femenina, masculina, deportiva y juvenil, calzado económico, ropa interior, pijamas y pequeños artículos de moda rápida son los segmentos más afectados.

El peso humano de la crisis

Aunque detrás de los porcentajes y los argumentos tributarios hay una dimensión que preocupa más y es la posible pérdida de empleabilidad.“A raíz de la reforma laboral, la reducción de horarios y el nuevo salario mínimo, nos ha tocado adaptarnos. Hay locales que tienen uno, máximo dos empleados, y hay que distribuirlos en turnos para poder cumplir con todo el sistema impositivo”, dice Estupiñan.

No es una queja contra los derechos laborales, aclara: “Sabemos que los empleados se merecen absolutamente todos los pagos y las recargas laborales, pero siempre y cuando tengamos comercialización y ventas”. Pero son conscientes que la carga no les permite contratar más empleados, y, en algunos casos, hasta les toca recortar personal.

“Somos más de 142.000 empresas registradas en Cámara de Comercio que estamos en riesgo. Está en riesgo la mano de obra, el bienestar de cientos de familias. No estamos hablando de una transformación. Estamos hablando de la desaparición progresiva del comercio tradicional. Veremos cierre de locales, pérdida de empleos, afectación directa a miles de familias. Transformarse es necesario, pero competir en desigualdad no es sostenible. Si no equilibramos las reglas, no vamos a ver evolución. Vamos a ver desaparición del comercio local”, añadió Estupiñan.

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Crédito: Colprensa.

Qué piden y por qué el mundo ya está respondiendo

Los tres voceros son consistentes en un punto: no piden que Temu y Shein desaparezcan de Colombia. “No somos enemigos, no es que las cierren, no es que desaparezcan del país, sino que las condiciones de competencia sean relativamente iguales”, resume Estupiñán.

Lo que sí exigen es regulación. Aranceles reales a compras de bajo valor, igualdad tributaria entre empresas nacionales y plataformas extranjeras, y un Estado que, en palabras de Criado, “deje de castigar al que produce y deje de premiar al que evade”.

El presidente de la Cámara de Confección señala que Colombia está rezagada frente a lo que ya hicieron otros países: Estados Unidos impuso aranceles adicionales a productos de plataformas chinas, Brasil creó impuestos para compras de bajo valor, México endureció controles aduaneros, Europa avanza en regulación del comercio transfronterizo e Indonesia prohibió ventas directas de plataformas sin presencia fiscal local.

“El mensaje global es claro: los países protegen su industria, su empleo y su tejido empresarial. No pedimos privilegios. Pedimos justicia económica”., concluye.

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