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Avistamiento de aves en la Isla de Salamanca
Amarilis Ayala y Neil Castro (ambos con camiseta azul), guías de la Asociación Comunitaria Restaurando Hábitats.

Avistamiento de aves, una opción para las comunidades de la Ciénaga Grande

La Asociación Comunitaria Restaurando Hábitats, integrada por habitantes del corregimiento de Tasajera, ofrece un circuito de observación de aves dentro de la Vía Parque Isla de Salamanca. La comunidad está transformando prácticas del pasado en acciones de conservación y educación ambiental.

Por: Eduardo Arias

Amarilis Ayala avanza a paso lento por un sendero de tierra. Detrás de ella un grupo de visitantes al Vía Parque Isla de Salamanca, con sus binoculares y algunos con cámaras dotadas de potentes teleobjetivos, escuchan atentamente sus explicaciones. Neil Castro, otro guía, complementa las explicaciones con otros datos. A medida que el grupo avanza ellos explican las características propias de las diferentes especies de mangle que conforman la sucesión vegetal de un manglar.

Ciénaga Grande y Sierra Nevafa de Santa Marta
La Ciénaga Grande y, al fondo, la Sierra Nevada de Santa Marta

De los árboles bajan los diversos cantos de aves, algunas visibles, que por lo general ellos logran identificar con el nombre científico de la especie y su nombre común. Otras no se dejan ver, pero por la manera como cantan es posible identificar a cuál especie pertenecen.

El grupo recorre un sendero que no es muy largo, pero la caminata toma más de una hora porque a cada rato hay algo que invita a detenerse, a observar en detalle y tomar nota. Además de fotos. Amarilis Ayala y Neil Castro forman parte del grupo Restaurando Hábitats. Ellos viven en el corregimiento de Tasajera, del municipio de Pueblo Nuevo, en la Ciénaga Grande de Santa Marta. La visita que ellos guían se lleva a cabo a tan solo 15 minutos de Barranquilla, en el corazón de la Vía Parque Nacional Natural Isla de Salamanca. Forman parte de una comunidad que históricamente ha vivido de la pesca y de la extracción de la madera del manglar, y que hoy participa en un proceso de restauración ecológica y turismo de naturaleza que busca proteger y también promover un ecosistema estratégico del Caribe colombiano. Como Tasajera está ubicado en una franja de tierra muy estrecha entre la Ciénaga Grande y el mar Caribe, sus habitantes no tienen espacio para tener ganado, gallinas y mucho menos cultivos. Por esa razón esta otra fuente de ingresos sostenible va a mejorarles sus vidas. Se calcula que cada guía puede ganar alrededor de 270.000 pesos en cada recorrido con los turistas.

Ciénaga, mar y sierra: un lugar único en el mundo

La Isla de Salamanca es un lugar donde el río Magdalena se une con el mar y forma un intrincado laberinto de humedales y canales, entre ellos la Ciénaga Grande de Santa Marta. Un territorio donde crecen los manglares y el bosque seco tropical, que sirven de albergue permanente a diversas especies de aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados, y que también les ofrece refugio temporal a las aves migratorias. La Sierra Nevada de Santa Marta le sirve de telón de fondo a este paraíso natural.

Durante años, la presión sobre el manglar y los gravísimos errores técnicos que se cometieron en la construcción de la carretera entre Barranquilla y Ciénaga en los años cincuenta y luego de la Troncal del Caribe que llega hasta La Guajira, provocaron una fuerte degradación de los ecosistemas de la Isla de Salamanca, un área protegida desde 1964 y que forma parte del Sistema de Parques Nacionales de Colombia. Además, mediante la sentencia 3872 de 2020, fue declarada como sujeto de derechos.

La Vía Parque Isla de Salamanca reúne cuatro ecosistemas estratégicos para la biodiversidad del Caribe colombiano: manglar, uno de los ecosistemas más productivos del planeta y barrera que protege las costas de la furia de los elementos; el bosque seco tropical, tal vez el ecosistema más intervenido y amenazado de Colombia, que en su gran mayoría ha sido reemplazado por poteros; sistemas lagunares y ciénagas, refugio natural de aves acuáticas y migratorias, así como de peces que son la base económica de la gran mayoría de los habitantes de la región, y el litoral costero, que también alberga una enorme diversidad biológica.

Edwin Traslaviña, jefe del parque, dice que esta es un área con graves presiones ambientales como incendios y deforestación. Ellos trabajan con aliados estratégicos como las organizaciones sociales y comunitarias que les permiten crear estrategias para mitigar estas presiones. Por ejemplo, conformaron una brigada de voluntarios para la atención del fuego. También adelantan procesos de educación ambiental y de primeros auxilios. “Trabajamos con los niños para que puedan entender qué es un ecosistema estuarino, su importancia y conozcan los diferentes servicios ecosistémicos que de él se generan y la importancia que tienen en su vida cotidiana. Tenemos una relación con las diferentes organizaciones y con nuestros líderes sociales y ambientales. Para ellos el parque no es ese intruso que llega de pronto, sino un área donde se protegen los servicios ecosistémicos de los cuales ellos se benefician y que además dinamizan su economía”.

La importancia del trabajo ambiental con la comunidad

La Asociación Comunitaria Restaurando Hábitat trabaja en la recuperación de los manglares y la protección de la biodiversidad, a través de alternativas sostenibles como el aviturismo, la educación ambiental y la formación de guías locales. Decidieron cambiar viejos hábitos que provocaban graves daños en ecosistemas como la tala y quema del manglar, así como la cacería recreativa de aves, por iniciativas de restauración de los ecosistemas, educación ambiental y el desarrollo de formas sostenibles de turismo que buscan atraer a visitantes de otros lugares de Colombia y del mundo para admirar la gran diversidad de especies de aves que allí habitan, así como los bosques, los caños y las ciénagas, junto con la vegetación asociada a estos ecosistemas en los que se unen las aguas dulces de los ríos con el agua salada del mar.

Cuentan con el apoyo de Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN) y la Fundación ACDI/VOCA Latinoamérica (Favla), que trabaja para transformar entornos y crear oportunidades para la inclusión a partir del diseño y puesta en marcha de programas que mejoran las condiciones de vida de las comunidades y fortalecen la riqueza ambiental de los lugares donde operan. Junto con otros aliados trabajan para fortalecer a las comunidades comunitarias y convertir la protección del manglar y las aves en oportunidades económicas sostenibles, en los que son pieza clave las mujeres, los jóvenes y los niños. Además de educación, los guías reciben insumos como ropa adecuada para desempeñar su labor y binoculares que les prestan a los visitantes.

Como recuerda Amarilis Ayala, todo comenzó con el semillero Alcatraces, una iniciativa que les cambió por completo la mentalidad a los niños y jóvenes de Tasajera. Antes, al salir de la escuela, ellos tenían mucho tiempo libre y lo dedicaban a capturar, maltratar o incluso matar las aves que estaban a su alcance. Gracias a un proceso de educación ambiental comenzaron a conocerlas mejor y apreciar su importancia. Ahora saben que la productividad pesquera del mar y la ciénaga dependen en gran medida de la salud de los manglares y de las especies de fauna que en ellos habitan. A partir de esa iniciativa surgió Restaurando Hábitats para motivar también a los papás de los niños. “Éramos un grupo de amas de casa y pescadores. Hemos recibido muchos beneficios como el conocimiento de cada especie, de cada nombre de ave, su nombre científico, de cada especie de mangle”. Alberto Castro, otro miembro de la asociación, agrega que gracias a las fundaciones que se han sumado han adquirido nuevos conocimientos. “Obteníamos conocimientos empíricos y ancestrales de nuestros abuelos. Al llegar esas instituciones empezamos a aprender de manera un poco más técnica. Parte de nuestro conocimiento ancestral lo combinamos con el conocimiento técnico. Aprendimos de ellos y ellos también aprendieron de nosotros”.

Diana Carolina Cabrera, subdirectora de Favla, dice que los integrantes de Restaurando Hábitats pasaron por un proceso de formación que dictó Parques Nacionales alrededor de los temas de turismo, y fortalecido con clases de inglés para que puedan expresarse en ese idioma cuando reciben visitantes de otras latitudes. “Tasajera está bastante afectado por la pobreza extrema desde muchos años atrás y allí viven personas que les interesa construir nuevas narrativas alrededor del turismo, una fuente de ingresos legal. Eso busca el proyecto. Conectar la naturaleza con una fuente económica bajo la legalidad, una transformación de narrativas, que las nuevas generaciones se hagan cargo del turismo y que cuenten historias de su municipio”. Laura Rodríguez, profesional de ecoturismo y de educación ambiental del parque, agrega que en épocas pasadas en Parques Nacionales veían a los habitantes del sector como infractores. Al ver que una relación basada en la prohibición y la sanción no generaba resultados positivos, cambiaron la estrategia por programas de sensibilización en los que Parques Nacionales comenzó a ver a las comunidades como aliadas. “Desde ahí partimos con un proceso muy mancomunado, muy de la mano con ellos. La actitud de los niños es mucho más amplia, más receptiva”.

Aprender a promover y vender

Desde el año pasado Diego Bustamante Padilla coordina el proyecto de la Fundación ACDI/VOCA. “Lideramos todos los procesos de formación, de capacitación, de asesoría técnica, y articulamos con Parques Nacionales las actividades de restauración ecológica y la ampliación del sendero en la vía Parque y la Salamanca”, dice. Considera que al parque le hace falta más promoción para mostrar toda su riqueza natural y promoverlo como un destino de turismo de conservación. “Ellos no quieren turistas de una selfie, sino visitantes que valoren el recurso natural que hay en el parque”, advierte. Le ve mucho potencial al proceso porque se ha hecho un gran esfuerzo para vincular a las comunidades que hacen parte de de su área de influencia.

Otro aporte bien importante consiste en diseñar planes de negocio y de marketing para darle una visión comercial a la asociación. José Mauricio Blanco Torres hace parte de la Fundación Favla como asesor socioempresarial. Piensa que es un proyecto viable no solamente por la biodiversidad. Por eso los integrantes de Restaurando Hábitats han aprendido acerca de modelos económicos como el plan de negocio y de mercadeo, manejo de las redes sociales, cómo negociar directamente con agencias de viajes o con hoteles. “Con el apoyo de Parques Nacionales se pudo lograr que la Asociación Restaurando Hábitats fuera reconocida como avistadores expertos dentro del área protegida al ser habitantes del sector. Eso le va a permitir ofrecer sus servicios de avistamiento de aves y de esta experiencia a diferentes empresas, agencias de viaje y hoteles”.

Patricia Paternina, profesional social de Advoca, dice que el gran reto es tocar la sensibilidad de los pescadores para que entendieran que la productividad pesquera depende directamente de la salud de los ecosistemas donde se reproducen y crían los peces. “Les hicimos saber que debían cuidar el ambiente en donde se desarrolla su economía y el sustento para la familia. Estamos trabajando en el presente, pero nuestra mayor producción se va a ver en un futuro. La sensibilización no es algo que se dé de la noche a la mañana. Estamos tocando puertas, hilos sensibles, estamos trabajando en todo sentido. Capacitamos un pescador, pero también capacitamos a la futura generación que son los hijos. La sensibilización que hoy hacemos se verá reflejada dentro de cuatro o cinco años en producción. En un futuro los chicos de ahora van a brillar”.

Apúntese a esta experiencia de naturaleza guiada por la comunidad

Los integrantes de la Asociación Comunitaria Restaurando Hábitats ofrece una experiencia interpretativa de avistamiento de aves y senderismo ecológico en el sector Los Cocos, en un recorrido que toma alrededor de 90 minutos y se desarrolla entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde.

El circuito de aviturismo está dirigido especialmente a observadores de aves, investigadores, divulgadores científicos, fotógrafos de naturaleza y viajeros interesados en turismo responsable.

Las tarifas oficiales de ingreso al parque son:
Nacionales mayores de 25 años: 28.000 pesos
Nacionales menores de 25 años: 19.000 pesos
Visitantes extranjeros: 80.000 pesos

La comunidad también ofrece servicios de guía especializada en aves y naturaleza, con un valor aproximado de 60.000 pesos por grupo o visitante, dependiendo del recorrido.

Quienes deseen visitar el sendero o conocer más sobre esta experiencia pueden comunicarse vía WhatsApp al 3045439812.

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