
Por qué hay tanta conmoción en Argentina por la muerte del “Indio” Solari
Carlos 'el Indio' Solari, vocalista y cara visible de la banda Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, murió el pasado viernes 5 de junio tras sufrir un accidente cerebro vascular (ACV) y un fuerte golpe en la cabeza. Llevaba varios años luchando contra el mal de Parkinson. El impacto de su muerte, entre la “mitad más uno” de los argentinos, ha sido comparado con lo que generó el fallecimiento de Maradona en su momento.
Por: Jacobo Celnik
A mediados de 2011, mi exjefe mexicano del Fondo de Cultura Económica acudió a una reunión en un reconocido banco porteño con el fin de obtener un préstamo para abrir una librería en la calle Honduras, en el barrio Palermo de Buenos Aires. Era el tercer intento por resolver una tarea que le habían encomendado en sus nuevas funciones dentro de la organización estatal mexicana. Palabras más, palabras menos, le explicó al gerente que necesitaban un crédito de 1.5 millones de dólares para hacer realidad el proyecto, tal como había ocurrido anteriormente en el centro de Bogotá.
El ejecutivo de aquella reconocida entidad bancaria escuchó el planteamiento con una mezcla de sorpresa e incredulidad. Su respuesta fue tajante: no era posible otorgar el préstamo. Desconcertado por recibir una nueva negativa, mi exjefe comentó que no lograba entender a la Argentina. El gerente, con una serenidad y sabiduría aleccionadora, le respondió con una frase contundente: “Querido, a la Argentina no se la entiende; a la Argentina, se la vive”.
Esas palabras, de cierta forma, explican muy bien por qué hay tanto dolor entre los hinchas del “Indio” Solari. Porque acá no vemos un fenómeno de seguidores afligidos por la pérdida de un músico que los marcó o el dolor por un vacío musical, como sucedió con las muertes de Spinetta, Mercedes Sosa o Gustavo Cerati, donde la música importaba más que la figura del artista. No, acá lo que hemos visto en los últimos días es un fenómeno de corte social atado a una muestra de dolor sólo comprable, como me dijo un amigo, a las pérdidas de Maradona, Gardel o Perón, difícil de entender a más de 6 mil kilómetros de distancia. La devoción de los seguidores/hinchas/correligionarios del “Indio” es comparable a lo que sienten las barras bravas de River, Independiente, Racing, Huracán o Boca por sus equipos. Amor y pasión desenfrenada, incondicional, hasta la muerte si fuera necesario. Como me dijo un amigo porteño: “Solo un argentino vive y entiende esta locura”.
En medios locales he visto infinitas muestras y manifestaciones de dolor como: “Me robaron mi infancia”, “Ha muerto mi segundo padre”, “La vida no tiene sentido sin el “Indio”, “Gracias al ‘Indio’ conocí a mi mujer”, “Me arrancaron mi adolescencia”, “Ahora te encontrarás con Perón y Maradona y todo será mejor”. Los hinchas del “Indio” se tomaron la Plaza de Mayo en Buenos Aires, el Monumento a la Bandera en Rosario, el Obelisco, entre otros lugares emblemáticos del país, para mostrar su admiración, respeto, desenfreno y dolor. Su excompañero en Los Redondos, el guitarrista Skay Bellinson, dijo: “Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje, mi querido amigo, hasta siempre. Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre. Hoy es un día muy triste”.
En Colombia muy poco se sabe de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de la carrera posterior del “Indio” Solari en solitario y con las bandas Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y El Mister y los Marsupiales Extintos. La razón: su música, por lo menos la de Los Redonditos, fue símbolo de independencia. Nunca fueron comercializados o mercadeados por grandes multinacionales del disco como Sony, EMI, Warner o Universal y eso limitó su impacto continental. Fueron un producto de nicho, fascinante, que merece ser conocido gracias a las bondades del streaming, donde se encuentra su obra. En Bogotá, gracias al disquero Saúl Álvarez y su tienda Musiteca de la calle 19, supimos de los Redondos y tuvimos acceso a gran parte de su obra. Recuerdo, por ejemplo, comprarle en 2008 o 2009 los discos En Directo (1992) y La mosca y la sopa (1991).
Si bien Gulp., el álbum debut de Los Redondos, data de los primeros meses de 1985, la banda empezó a tocar en forma en La Plata, a inicios de 1978, en pequeños recitales que fueron descritos como “happenings”, en la onda de la psicodelia de Londres o San Francisco, donde había más gente encima del escenario que en las plateas. Solari se formó en Bellas Artes, de la misma manera que Eduardo Bellinson, apadrinado por Marta Minujín, quien se dice le puso el apodo “Skay”. Bellinson vio a Hendrix en Londres y a los Grateful Dead en California y eso sería determinante en las escalas menores y psicodélicas que le dieron vida a muchas canciones del grupo. Eso explica, además, por qué su sonido estaba tan lejos de Sobredosis de T.V. de Soda Stereo o Wadu Wadu de Virus.
Ambos artistas, Solari y Bellinson, su formación, ideales y visión serían fundamentales para el origen conceptual del grupo, que desde sus inicios generó muchas preguntas, como ¿quién carajos es Patricio Rey? Al respecto, Solari, citado en el libro Fuimos reyes, dijo: “Patricio Rey existe. Patricio Rey es una persona. Yo digo lo que sé. Yo estoy convencido de que existe y hasta me atrevería a decirte que más de una vez se ha dirigido a mí y a otros amigos o gente que conozco…”. Justamente en ese libro, el escritor y periodista Mariano del Mazo dio más luces: “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no era un baile de máscaras; era un baile de identidades. La confusión – buscada– duró mucho tiempo, el suficiente para cimentar el mito”.
Detrás de ese mito quedó, en mi opinión, un rock de altísima calidad, por lo menos en sus primeros cinco álbumes editados entre 1985 y 1991, muy superiores en letras y música a lo que ofrecían bandas como Los Twist, Soda Stereo, Virus, Suéter, Sumo, Mateos Zas o Los Abuelos de la Nada. Es mi opinión, esto no es un concurso de talentos. Solo Charly García, con Serú Girán y como solista desde Yendo de la cama al living hasta Filosofía barata y zapatos de goma, estaba a un nivel superior e indiscutible, pero esa es otra historia.

Con Los Redondos el tema es largo y complejo. Mi relación con ellos se sustenta desde la música que atesoro en compact disc desde hace veinte años cuando conseguí en el Parque Rivadavia de Buenos Aires el CD de Oktubre. No tengo fotos con el “Indio” ni anécdotas cercanas para presumir, eso se lo dejo a mis colegas que vivieron al asunto de “primera mano”. Sólo puedo hablar de lo que me ha generado su música desde que escuché letras tan potentes como Preso en mi ciudad, Canción para naufragios y Fuegos de octubre. Llevo varios días tratando de entender y asimilar la noticia de la muerte de Solari para poder organizar tantas ideas que aparecen a raíz de lecturas y comentarios con amigos argentinos que hoy lloran su pérdida.
Sin embargo, creo que uno de los aspectos más significativos del legado del “Indio” y Los Redondos, puntualmente, tiene que ver con que pocos artistas en el rock en español, en general, lograron construir una identidad artística tan distintiva y única para generar vínculos tan profundos y poderosos con su audiencia, a niveles que merecen ser analizados como un ejemplo contundente de lo que es y significa la cultura de masas.
Mientras gran parte de la escena argentina de la época buscaba referentes estéticos en el rock británico, imitando, por momentos, la imagen de Robert Smith y el sonido de The Bed´s Too Big Without You o Roxane de The Police, el “Indio” Solari y Skay Beilinson estaban construyendo un universo propio, con una narrativa, una iconografía y una mística que terminaron convirtiendo a Los Redondos en un fenómeno cultural único e irrepetible, lejos de las imitaciones y más cercano a la creación en el sentido más profundo de la palabra. Basta con ver el arte de las tapas de sus discos, a cargo del artista Rocambole.
En sus letras y sonido tan particular había una mezcla inusual de Lou Reed, Tom Petty, Rolling Stones o Van Der Graaf Generator, lo que les permitió desde su disco debut desarrollar una marca única y distintiva. En medio de eso estaba la voz, la presencia y las letras del “Indio” Solari, surrealistas, difíciles de entender y asimilar, retadoras intelectualmente, con mucho contenido social que permitía entender las motivaciones de un grupo que se formó durante la dictadura militar y que vio nacer su obra musical durante la democracia. Ejemplos hay de sobra, como: Se rompe loca mi anatomía, con el humor de los sobrevivientes, de un mudo con tu voz, y un ciego como yo (Vencedores vencidos, 1988) o En este film velado en blanca noche, el hijo tenaz de tu enemigo, el muy verdugo cena distinguido, una noche de cristal que se hace añicos (Jijiji, 1986).
La escritora Mariana Enriquez afirmó en su columna publicada el pasado 5 de junio en Página 12: “Si tengo que definir la lírica de Solari, algo casi imposible y mucho más mientras escribo esto, media hora después de la noticia de su muerte, diría que es misteriosa y insurreccional. La poética de Solari en la fundación para las masas de los Redondos, la trilogía de Oktubre, Un Baión para el Ojo Idiota y ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado está marcada por Goya, los desastres de la guerra y la alienación, las revoluciones fracasadas, los tipos que huelen a tigre, el humor grotesco, el surrealismo”.

La muerte de Solari es una invitación a descubrir su música que ha trascendido generaciones y que es lo que verdaderamente importa acá. El resto de las cuestiones dan para otro tipo de análisis, me parece. Con relación a la música hay muchísimo por explorar, especialmente en la obra de Los Redondos donde se dimensiona mejor su legado como letrista, porque no podemos olvidar que la música la hacía Bellinson, el otro genio del asunto, quien siempre tuvo una actitud más discreta y lejana frente a todo lo que generó Solari en sus seguidores. Sin embargo, en los dos primeros discos en solitario de Solari, especialmente en Porco Rex (2007), hay una joyita excepcional dedicada a su mujer: Y mientras tanto el sol se muere.
Sobre el impacto social y legado de Solari, el escritor y periodista argentino Marcelo Sonaglioni, director del portal Rolling Stone Data, y quien tuvo el gusto de seguir la carrera de Los Redondos en buena parte de los años 80, comenta: “Fui un fiel e incondicional seguidor del grupo hasta fines de los 80 y hasta que su público cambió y se volvió un fenómeno marginal, público que compró una mística inentendible que ellos proyectaron a través del Indio. Lo que hemos visto en los últimos días responde más a un fervor religioso y de posición política que lo musical. Salvo una mínima proporción de la gente que sí conoce sus canciones, esto tiene poco o nada que ver con un fenómeno musical, está muy lejos de eso. La partida de Solari tiene más que ver con una figura, con algo icónico, reproducido en millones de camisetas con su imagen. Pesa mucho la figura del frontman, pero se olvidan de la importancia de Skay para la música del grupo. Veo un fenómeno contradictorio como es toda la causa del Indio de por sí. Renegaba contra el lujo y vivía en el mayor de los lujos, algo muy contradictorio y argentino”
Sólo es rock
Dicen que para gustos, los colores, pero me atrevería a decir que, de los primeros cuatro trabajos en estudio de Los Redondos (Gulp, Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Bang bang estás liquidado), Un baión para el ojo idiota fue el mejor logrado en producción y sonido, aunque sus hinchas me atacarán por no rendirme ante la mística de Oktubre (1986), su segundo disco, y del que se ha escrito de todo, incluyendo extensos libros de corte social y filosófico. Con relación a su tercer disco, hay que recordar que Los Redondos enfrentaban parte de 1987 con dos nuevos integrantes en la batería y vientos (Walter Sidotti y Sergio Dawi), que fueron, además, fundamentales para darle forma a los temas que aparecieron en ese disco. Los Redondos venían de una pausa, de colaborar, en el caso de Bellinson, con Los Toreros Muertos, y estaban en un punto importante para comprender cómo pasaron de ser una banda de nicho para convertirse en algo más masivo.

Aprovechan el interés de la prensa para dejar clara su postura social y política. Uno de los medios que más se interesó en el fenómeno “ricotero” fue El Porteño, un diario de corte cultural y político, precursor de lo que luego sería el diario Página 12, bajo la dirección de Jorge Lanata y que empieza a circular en el país a mediados del 87. En El Porteño, Solari dijo: “La poesía de la que yo hablo pasa a través de uno y es como una visión que uno tiene y no sabe qué tipo de significación puede tener hasta que es expuesta, resuena y la gente la sintoniza o al menos la grita y la canta”. Lo que el vocalista del grupo afirma, explica perfectamente la esencia del sonido de ese disco que tiene temas memorables como Ella debe estar tan linda, Masacre en el puticlub, Vencedores vencidos, Todo un palo y Aquella solitaria vaca cubana.
Sin embargo, la joya del disco es Todo preso es político, un tema que dejó huella entre sus seguidores: “Los recitales de Los Redonditos eran tremendos, la verdad. Pero después empezaron a atraer a toda la gente más quilombera de La Plata en esa época. Era un descontrol: muchas veces terminaban con la policía, había peleas y todo tipo de despelotes. Cuando se hicieron masivos, dejé de ir porque ya me parecían peligrosos. Pero la energía era impresionante. Antes de que empezara el recital, ya todo el mundo estaba descontrolado, gritando. Además, muchas veces los músicos eran bastante impuntuales y hacían esperar al público. Era una época muy informal en ese sentido. Yo debo haberlos visto unas diez veces. Empecé a verlos muy joven, cuando arriba del escenario pasaba de todo: había mujeres desnudas, tiraban los famosos 'raviolitos' y circulaba el mito de que algunos tenían ácido lisérgico. Además, yo siempre me quedaba atrás; no me acercaba al escenario porque ahí era donde estaba el verdadero descontrol. Pero eran recitales muy buenos, realmente inolvidables, como cuando usaban los reflectores en Todo preso es político”, recuerda Sergio Rodríguez, melómano argentino, “hincha” del grupo, quien vivió muy de cerca todo el fenómeno ricotero, que solo se asemeja, guardando ciertas proporciones, al asunto de The Grateful Dead en Estados Unidos y sus famosos seguidores “Deadhead”, que vivían su arte como si se tratara de una religión.
Todo lo del Indio Solari y Los Redondos, en síntesis, es un asunto fascinante que solo se puede “vivir” y dimensionar si se es argentino. Al resto, solo nos queda respetar, no criticar, observar, escuchar, aprender y tratar de entender un asunto que trasciende lo musical. Porque no nos olvidemos de algo fundamental: más allá de la figura mítica del Indio, “It´s Only Rock And Roll…”.
Playlist: ¿Quién es Patricio Rey?
Duelos nacionales en Argentina
Duración y asistencia
Eva Perón: 3 millones de personas, 16 días.
Juan Domingo Perón: Un millón de personas, cinco días.
?Indio' Solari: Un millón de personas, un día.
Diego Armando Maradona y Néstor Kirchner; Un millón de personas, tres días.
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