
¿Tiene tiempo Gustavo Petro para renegociar el TLC con Estados Unidos?
Gustavo Petro, presidente de Colombia; Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: Andrea Puentes / Presidencia - Reuters
Mientras en 3.000 empresas se trabaja para exportar productos a Estados Unidos —el 35 por ciento de las ventas nacionales al mercado global—, el mandatario considera que “son chucherías”. En este escenario irrumpe la propuesta de revisar el acuerdo.
Por: Armando Neira
La idea del presidente Gustavo Petro de renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos no es nueva. La planteó durante la campaña electoral que lo llevó al poder en 2022, la mantuvo cuando fue electo y la ratificó a los pocos días de su posesión: “Quiero anunciar públicamente que comienza su renegociación”, afirmó en varias ocasiones.
Desde entonces, el tema ha ido y vuelto. Incluso, en alguna ocasión, el expresidente Juan Manuel Santos le aconsejó actuar con máxima precaución, por la fama bien ganada de negociador que tenía su par estadounidense, Donald Trump, y porque Colombia podría salir perdiendo.
En la noche de este lunes, Petro volvió a poner la renegociación sobre la mesa en el consejo de ministros, en un capítulo más de su ofensiva contra la figura de Trump: “Si el TLC ya lo variaron los Estados Unidos, ¿por qué nosotros no lo variamos? El comercio no está por encima de la vida, como nos quieren enseñar los 500 empresarios ‘progringos’, que no son colombianos o no lo parecen, porque están más interesados en exportar chucherías a Estados Unidos que en preservar la vida del planeta”, dijo.
Se trata de una decisión de enorme impacto para el país en general y para cientos de exportadores que cada día buscan mejores ganancias llevando sus bienes al país del norte.
Según la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), en promedio, un poco más de 3.000 empresas exportan cada año a ese país, lo que representa el 35 por ciento de las ventas de Colombia al mercado global. Solo en el primer semestre de este año, en medio de tensiones entre Washington y Bogotá, 2.485 compañías realizaron exportaciones hacia ese destino.
Un punto de inflexión
A pesar de esos desencuentros políticos, que la semana pasada tuvieron un punto de inflexión cuando el Departamento de Estado anunció la revocatoria de la visa al señalar que “Petro se paró en una calle de Nueva York y exhortó a los soldados estadounidenses a desobedecer órdenes e incitar a la violencia”, la actividad comercial se ha mantenido constante. Entre enero y julio, las exportaciones hacia Estados Unidos crecieron un 7,8 por ciento, al pasar de 8.177 millones de dólares en 2024 a 8.811 millones.
Para María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham), este crecimiento es “notable”, especialmente si se considera que las ventas al resto del mundo apenas aumentaron entre el 0,6 por ciento y el 1 por ciento.

El presidente Petro, sin embargo, tiene una visión distinta: “Nosotros exportamos petróleo y carbón a Estados Unidos. Lo demás son productos en decadencia en el mercado estadounidense, y no recuperamos los bienes de comercio al mundo”.
Por eso, insiste en que se deben abrir otros mercados e incluso retomar experiencias del pasado: “Siempre hubo un comercio de alimentos en el Pacto Andino. ¿Por qué abandonamos ese mecanismo para priorizar un tratado de libre comercio con Estados Unidos que nos hace daño?”.
Así las cosas, se abre un escenario inédito. El Gobierno, sin embargo, no puede embarcarse en solitario en semejante desafío. Para empezar, cualquier cambio impulsado por el presidente Petro debe ser aprobado primero por el Congreso.
Una tarea que a primera vista luce compleja, pues en la actualidad —especialmente en el Senado— el presidente cuenta con más adversarios que apoyos. Además, allí se discuten el presupuesto de 2026 y una posible reforma tributaria. ¿Habrá ambiente para renegociar el TLC?
Lacouture señala desde AmCham que todo tratado comercial puede revisarse y replantearse dentro de sus propios mecanismos. Subraya que, de hecho, la revisión técnica es permanente y que hoy, con la negociación del arancel del 10 por ciento, se adelanta un análisis profundo para identificar mejoras. Pero recuerda que este es un baile de dos: cualquier ajuste debe hacerse de manera coordinada y bilateral, garantizando la seguridad jurídica y la estabilidad de las relaciones económicas.
Según Lacouture, en todas las acciones debe primar el bienestar de los colombianos, sustentado en los miles de empleos que generan las exportaciones a Estados Unidos, es decir, las 3.000 compañías que desde aquí trabajan para colocar allá sus productos.
Dominar la agenda
Entre los actores políticos predomina la sensación de que se trata de una frase más del presidente, de esas con las que marca la agenda, genera titulares y domina la discusión pública, pero que luego se diluyen. Son palabras que se lleva el viento.
Eso sí, alertan sobre los riesgos de este tipo de anuncios. “La credibilidad es la base. Una relación que se ha construido por más de 200 años de conversaciones, diplomacia, comercio y cooperación técnica en seguridad no se puede echar al traste por una visión caprichosa e ideológica”, resume Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE y hoy aspirante presidencial. Su afirmación es compartida por buena parte de quienes aspiran a suceder a Petro en la Casa de Nariño.
Ese es el fondo del asunto: que el anuncio escale a otros niveles. Enrique Prieto Ríos, profesor de la Universidad del Rosario y visitante en la Universidad de Boston, considera que la evaluación es clara: “Las cosas no van por buen camino”.

Explica que, por una parte, la cancelación de visas por parte del Gobierno estadounidense y, por otra, una retórica cada vez más beligerante como respuesta, tanto del presidente Petro como de miembros de su gabinete, pueden tener consecuencias enormes.
“Ya pasamos de las palabras a los hechos: la cancelación de visas es un hecho real, y también lo pueden ser algunas decisiones que tome el Gobierno colombiano frente a las relaciones con Estados Unidos. Una de ellas puede ser renegociar el tratado o incluso retirarse de él, lo que en lenguaje técnico se llama denunciar el tratado”, señala Prieto Ríos.
¿Cuál es el problema? Que, por la posición geopolítica del país y el tamaño de su mercado, cualquier decisión en ese sentido puede impactar negativamente. Hoy ya existen aranceles, y los empresarios cruzan los dedos con la esperanza de que Estados Unidos no los aumente.
Si Colombia denunciara el TLC, los bienes colombianos que entren al mercado estadounidense se encarecerían, lo que afectaría a los exportadores, pues los consumidores comprarían menos debido a su mayor costo. “Lo deseable es que no se denuncie el tratado. Se puede renegociar, sí, o, como se hizo el año pasado, emitir declaraciones unilaterales de interpretación”, agrega este experto.
La expectativa es máxima. Gravita el temor de que las relaciones diplomáticas se deterioren aún más. Por eso, muchas voces piden serenidad: que el presidente y su gabinete piensen más allá de su apuesta política y tengan en cuenta que representan a todo el país, incluidos sectores empresariales.
Los anuncios del presidente corresponden a una decisión política que se enmarca en la radicalización de su discurso en vísperas del proceso electoral. De ahí que, además de su voz, se escuche el eco de altos funcionarios criticando duramente a las autoridades estadounidenses. Este ejercicio recibe el aplauso de la galería, pero no significa que sea bueno para el país. Lo malo es que cada vez es más constante porque el presidente gobierno ahora con un núcleo duro en el que priman más las voces de los activistas que las de los estadistas.
“No nos estamos tomando en serio ni con responsabilidad las relaciones internacionales del país”, advierte Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia. “Los costos pueden ser inmensos para todos los ciudadanos, y eso parece no importar”.
Desde el punto de vista práctico, la decisión de “devolver” las visas les cierra las puertas a altos funcionarios que, por lo que representan, deberían tenerlas.
Así, por ejemplo, este martes el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la política y el marco fiscal de Colombia “se han debilitado considerablemente”. En solo diez días se inicia la reunión anual del FMI y el Banco Mundial en Washington, Estados Unidos, a la que debería asistir el ministro de Hacienda, Germán Ávila, pero no podrá hacerlo porque se quedó sin visa.
“No me interesaba tener una visa cuando están agrediendo al presidente de la República, y ellos tenían interés en no facilitarla”, declaró.
Lo mismo ocurre con la posible renegociación del TLC: ¿cómo emprender semejante desafío si quienes deben sentarse a la mesa en Estados Unidos no pueden hacerlo?
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