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Carlos Ramón González,  Ricardo Bonilla, Sandra Ortiz, Luis Fernando Velasco, Ricardo Roa.

El fantasma de la corrupción, un ruidoso protagonista en el Gobierno de Petro

Carlos Ramón González, Ricardo Bonilla, Sandra Ortiz, Luis Fernando Velasco, Ricardo Roa.

Los señalamientos de Angie Rodríguez, del Dapre, contra Carlos Carrillo, de la UNGRD, por su manejo de los recursos públicos volvieron a dejar en evidencia el fracaso del jefe del Estado en esta lucha prometida en campaña. “La baja ejecución presupuestal también es corrupción”, afirmó Rodríguez.

Por: Armando Neira

Corría la campaña presidencial de 1978 cuando el candidato del oficialismo liberal sorprendió con una frase a la que podría aplicarse, indistintamente, el calificativo de honesta o de cínica. “Hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”, dijo con parsimonia, con su voz nasal y su típico corbatín, Julio César Turbay Ayala.

Años después, ante las multitudes que lo aclamaban, Gustavo Petro prometía que, con él en la Presidencia, la corrupción se acabaría. Aseguraba que esperaba contar con todos los organismos nacionales y que, si no, iba a pedirle a Naciones Unidas una comisión independiente para investigar los grandes actos de corrupción en Colombia.

Atrás, casi en el olvido, quedaron aquellas frases que Petro gritaba en plazas atiborradas: “He dedicado mi vida a luchar contra la corrupción a riesgo de mi existencia y la de mi familia, y lo he hecho porque quiero justicia social en mi patria”. En consecuencia, decía, él en el poder le pondría fin.

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