
Amiguismos, presiones y remezón: así ganó Carlos Camargo la elección de magistrado
El nuevo magistrado de la Corte Constitucional ganó con 62 votos, 21 más que María Patricia Balanta. Su victoria, pese a lo que se esperaba, no se decantó en ‘voto finish’ y fue tejida en medio de presiones de los líderes partidistas, decisiones del CNE y el temor a una supuesta ‘corte petrista’. Así fue la agitada jornada que terminó con un remezón ministerial.
Por: Claudia Quintero
Con una media sonrisa por la certeza de tener de su lado a una gran parte del Senado, Carlos Camargo esperaba que los congresistas con quienes se había reunido en las últimas semanas depositarían el voto que le habían prometido. Mientras el secretario del Senado, Diego González, llamaba a cada uno de los senadores, Camargo hacía cuentas en un pequeño papel que cubría con la mano. No parecía nervioso, pero sí concentrado en que el plan, trazado por el conservador Efraín Cepeda, no terminara en otro ‘salió mal’.
A las 5:15 de la tarde, cuando la comisión escrutadora seguía contando los votos, el expresidente del Senado le hacía señas a Camargo, que ya estaba de pie y con las manos en los bolsillos esperando el resultado final. Cepeda no dijo ni una palabra, más bien acudió a la costumbre costeña de hablar con las manos y con unas señas anticipó el ganador. Estaba claro: la jugada salió bien y Camargo, cuestionado por aparentes prácticas clientelistas, se convirtió en el nuevo magistrado de la Corte. Además, la victoria del exdefensor del pueblo le pasó una costosa factura a la coalición de Gobierno. ¿Cómo se movió el tablero a favor de Camargo?
La antesala: directores de los partidos presionando, llamadas de magistrados y ‘ofrecimientos’ del Gobierno

En las últimas semanas, los pasillos del Congreso fueron testigos de las visitas de los tres aspirantes a ser magistrados. De nuevo, los senadores se sintieron importantes porque recibían a unos y a otros. Mientras Camargo intentaba mantener los votos en los partidos de oposición, los tradicionales y a los de la bancada costeña, Balanta buscaba desacomodar al exmagistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE).
“Está muy apretado el tema”, “se definirá en voto finish”, “puede ser un empate”: decían los congresistas en la mañana del miércoles. A la par de las cuentas y apuestas, en redes sociales se movía una campaña de desprestigio en contra de Balanta, quien venía sumando votos de a poco. La oposición iba de frente aprovechando los pronunciamientos en X del presidente en los que reveló su simpatía por Balanta y condicionó a su debilitada coalición en el Capitolio.
Antes de la votación, parecía que el tema iba a terminar con una diferencia mínima o incluso con un empate. Allí se mencionaba que eran claves los votos de cuatro liberales y tres integrantes del Partido de la U que han apoyado al Gobierno en algunos proyectos claves. Por eso, en esos partidos la presión era perceptible fácilmente.
“El tema ya se volvió un favor personal. El presidente del Partido Liberal, César Gaviria, está llamando individualmente para que voten por Camargo. Pero el Gobierno, del otro lado, está haciendo lo mismo. Ya todo el mundo está callado y mucha gente va a votar con el corazón y con la rabia que tenga”, le dijo a CAMBIO un senador.
En el partido de la U el ambiente era similar, “la Sala Penal está presionando y el Gobierno está pidiendo colaboración. De ahí se están pegando algunos congresistas”, dijo otro parlamentario.
Pero la disputa por los votos que definirían la final ‘de infarto’ no solo se sentían en esas bancadas. En Cambio Radical la pelea tuvo ingredientes externos y hasta involucró al CNE. Vargas Lleras fue claro; él y su sector estaban cerca de Carlos Camargo y se la jugaron por hacer efectiva la sanción que les habían impuesto a los senadores Temístocles Ortega y Ana María Castañeda. El objetivo era bloquearlos porque sabían su afinidad a la candidatura de Balanta.
Fue así como la jornada comenzó con una intensa presión de los líderes de los partidos tradicionales, del Gobierno y hasta de los mismos congresistas que se peleaban entre sí. Con ese trasfondo, los aspirantes a ser magistrados llegaron, se sentaron en los primeros asientos del costado izquierdo del recinto y la plenaria empezó.
Con el impedimento de Isabel Zuleta los ‘camarguistas’ saltaron a la cancha
Sobre el mediodía, cuando ya había pasado una hora en discusión de proyectos, comenzaron a discutirse los impedimentos que habían presentado los congresistas. A menudo, ese paso es un trámite y la mayoría de los impedimentos suelen negarse. En este caso se presentaron ocho y se aprobaron dos: el del senador conservador Marcos Daniel Pineda, quien es cuñado de Camargo, y el de la senadora Isabel Zuleta, del Pacto Histórico.
Zuleta se declaró impedida para participar en la comisión de acreditación porque es amiga de la abogada Dora Lucy Arias, quien presentó una demanda para que se reordenara la terna de los magistrados a la Corte Constitucional. Y aunque se esperaba que fuese negado, la plenaria del Senado lo aprobó con 45 votos por el ‘sí’ y 40 por el ‘no’. Esta fue la primera jugada de la oposición para demostrar que la estrategia en favor de Camargo ya tenía forma.
En el oficialismo quedaron inconformes, así que apelaron la decisión y dieron tiempo para que llegaran más congresistas. Para esta votación, en el recinto estaban presentes 97 senadores y de esos, 51 negaron reabrir la votación. Es decir, estaba claro que la oposición se saldría con la suya y Camargo se perfilaba como el ganador. Aunque en este tipo de elecciones el voto es secreto, los resultados dejaron ver el tablero de los apoyos.
Por ejemplo, en ese momento el senador de Aico Richard Fuelantala votó en contra de reabrir la votación. Es decir, estaba conforme con que se negara la participación de Zuleta, que era un voto clave para Balanta. Así, era fácilmente deducible que Fuelantala votaría por Camargo. Además, el senador estaba molesto porque su partido lo sancionó e intentó quitarle su voz y voto en la elección.
En ese momento también se vio que figuras como Norma Hurtado, cercana a Dilian Francisca Toro –quien estaba apoyando a Balanta–, también votaron negativo por reabrir la votación del impedimento de Zuleta. Es decir, bloqueaban ese voto para Balanta.
Pero más allá de los apoyos que fueron quedando expuestos, también quedó claro que Balanta no lograría conseguir los votos que necesitaba entre los conservadores, los liberales y algunos de la U.
Sobre las dos de la tarde, los aspirantes a magistrados subieron al atril para decir, ante el Senado, lo que seguramente le habían dicho en privado a algunos senadores. Recordaron sus orígenes, sus experiencias, el recorrido en la rama judicial que los llevó a ser nominados y las posturas que defenderían en la magistratura. Pero mientras ellos hablaban, entre los congresistas opositores movían otra de sus fichas.
Cuando todo parecía claro para Camargo, Cambio Radical se movió para asegurarse que nada fallara, así que el senador Carlos Fernando Motoa anunció en la plenaria que el Consejo Nacional Electoral (CNE) había decidido revocar el auto que le otorgaba medidas cautelares a Ana María Castañeda. Esto implicaba que no podría votar en la elección. Con esa jugada, querían bloquear a Castañeda y a su copartidario Temístocles Ortega, dos senadores distantes del vargasllerismo.
La discusión sobre ese tema duró más de una hora e hizo que las preguntas a los magistrados pasaran inadvertidas. Motoa, cercano a Vargas Lleras, discutió con Ortega que, con vehemencia, dijo que no se iba a dejar arrebatar sus derechos. Lo propio hizo Ana María Castañeda, quien aseguró que también votaría.
En una decisión salomónica, el presidente del Senado, Lidio García, le permitió votar a los congresistas sancionados por sus partidos. Según García, el deber de Ortega y Castañeda es enfrentar individualmente las consecuencias.
Pero el salvavidas para los rebeldes tampoco le sirvió a la candidata Balanta, quien permanecía sentada con la dignidad intacta y una hoja de vida respetable, como dijo la senadora Paloma Valencia al cierre de la jornada.
“Eres un monstruo”: la victoria de Camargo que se llevó a la coalición de Gobierno y movió el gabinete
La hora de la verdad llegó pasadas las cuatro de la tarde. Lidio García abrió el registro y los 103 senadores habilitados para votar lo hicieron. El secretario del Senado, Diego González, llamó a cada uno de los parlamentarios, que pasaron a dejar su voto en la urna. Mientras tanto, Camargo seguía verificando sus cuentas para calcular qué tan cerca estaba de llegar a la Corte.
Cuando se aseguró la victoria, Camargo se levantó y esperó que a su puesto fueran llegando los congresistas que lo habían apoyado. “Eres un monstruo”, se le escuchó decir a algunos de los senadores, quienes no sabían que dos horas después la jugada política de la oposición llevaría al Gobierno a un nuevo remezón de alto nivel. El presidente les pidió la renuncia a los ministros de Trabajo, Antonio Sanguino; de las TIC, Julián Molina, y de Comercio, Diana Morales. Todos son cuotas de los partidos que, someramente, le ayudaban al Gobierno a sacar proyectos claves. Pero esta vez no le sirvieron de mucho y la amenaza que el presidente le hizo a esa coalición se hizo efectiva.
Hasta ahora no hay certeza sobre la aceptación o no de las renuncias, las cuales serán evaluadas por el presidente, el ministro Benedetti, la directora Rodríguez y el secretario jurídico Augusto Ocampo.
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