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Entrevista con Eduardo Pizarro: ¿“Somos acaso una colonia de los Estados Unidos”?
"La verdad estoy muy preocupado, De la Espriella puede llegar a ser una síntesis Milei-Bukele". Crédito: Pablo David | CAMBIO.
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Entrevista con Eduardo Pizarro: ¿“Somos acaso una colonia de los Estados Unidos”?

En entrevista con Patricia Lara, Eduardo Pizarro Leongómez, uno de los mayores expertos en seguridad y conflicto en el país, analiza el panorama de orden público, la nueva política internacional de Colombia, la situación de las Fuerzas Armadas y expresa su preocupación por el rumbo que está tomando el nuevo gobierno. “De La Espriella puede llegar a ser una ‘síntesis Milei-Bukele’”, afirma.

Por: Patricia Lara

Eduardo Pizarro Leongómez es uno de los mayores expertos en el tema militar y del conflicto en Colombia. Considerado de derecha por algunos de izquierda, Pizarro es sociólogo de la Universidad de París con posgrado en Ciencias Políticas en la Universidad de los Andes, maestría y doctorado en Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Políticos de París, y profesor de la Universidad Nacional.

En esta entrevista para Cambio, Pizarro da luces sobre el panorama militar y de seguridad de Colombia en esta ‘era del Tigre’ y de la ‘Patria Milagro’.

Vea la entrevista completa aquí

CAMBIO: ¿Cómo ve al Gobierno de Abelardo de la Espriella? 

Eduardo Pizarro Leongómez: Yo estoy muy preocupado porque De la Espriella me parece una síntesis de Milei de Argentina, con su modelo neoliberal extremo, y de Bukele, de El Salvador, con su manejo del orden público, tan extremo también. De La Espriella puede llegar a ser una ‘síntesis Milei-Bukele’.

CAMBIO: ¿Pero por qué están tan contentos los empresarios? 

E.P.L.: Tienen razón en estarlo porque el manejo macroeconómico de Petro fue un desastre. El país tiene uno de los más altos déficits fiscales de su historia, y un endeudamiento externo muy preocupante. Y eso va a ser muy difícil sobre todo ahora que, por el terremoto, hay que reconstruir el país. Ahora bien, Petro tuvo aciertos en su política social. Y es clave para Colombia disminuir la desigualdad, la mala distribución de la tierra y mejorar el desarrollo regional que es tan desigual. Porque no es lo mismo nacer en La Guajira o en el Chocó, que en Cundinamarca o en Antioquia. De modo que ojalá que los empresarios estén contentos, pero se mantenga la herencia de Petro, que fue la conciencia de la necesidad de tener un país con mayor justicia social. 

El crecimiento económico favorece al sector empresarial, pero no garantiza la paz social. Y eso puede llevar a grandes conflictos. Si los sueños de mayor justicia social que despertó Petro sufren un retroceso, vamos a tener un país tanto o más conflictivo que en el pasado.

CAMBIO: ¿O sea que podrían darse otros ‘estallidos sociales’?

E.P.L.: Sí, porque Petro generó expectativas sociales. Colombia, dice el Banco Mundial, es probablemente el tercer país más desigual del mundo y tiene la peor distribución de la tierra de toda América Latina. Sus niveles de pobreza son inaceptables y los sectores que están en la pobreza, los estratos uno y dos o las minorías étnicas, en muchos departamentos, sobre todo en las fronteras terrestres y marítimas más vulnerables, creyeron que había llegado el momento de satisfacer sus aspiraciones sociales. Eso no puede retroceder. Sería una tragedia para Colombia.

CAMBIO: Hablemos de los temas de seguridad y militar, que son su especialidad. Usted escribió un libro donde dice que la Paz Total fracasó. ¿Por qué? 

E.P.L.: La Paz Total fracasó por una multiplicidad de factores. Uno de ellos fue que no hubo una verdadera preparación de los equipos responsables de la negociación. Uno no improvisa en el tema de negociaciones de paz. Son muy complejas. En el Gobierno Petro se nombraban personas que conocían el conflicto y habían participado en él, pero nunca hubo una preparación seria de estos personajes en negociaciones de paz. Nunca hubo una reunión de todos ellos con expertos internacionales para discutir los mecanismos de negociación; cómo se construye una agenda; cómo se manejan los tiempos; cómo se deben conformar los equipos; cuáles son las líneas rojas de una negociación, etcétera. En La Habana, antes de iniciar las negociaciones con las Farc, el equipo negociador participó en seminarios en Harvard y con el Departamento de Resolución de Conflictos en Yale. Se reunieron con expertos de Irlanda del Norte, del País Vasco, de Naciones Unidas y prepararon la agenda. Y cuando el equipo se reunió en La Habana por primera vez con la cúpula de las Farc, llevaba un año preparándose. Y los militares llevaban dos años, también preparándose para discutir los temas de desmovilización, desarme y reincorporación. Y cuando los militares y la guerrilla se reunieron en La Habana, era la primera vez que lo hacían desde1953, cuando hubo aquella reunión del general Duarte Blum con Guadalupe Salcedo. Sí, en el gobierno Petro hubo excesiva improvisación.

Ese es uno de los factores de por qué el fracaso de la paz total. Otro es que no hubo priorización. En La Habana se priorizó a las Farc y en segundo término al ELN, porque se consideraba que las primeras ya estaban maduras para la resolución del conflicto. Con Petro se abrieron negociaciones con grupos de origen criminal y con grupos de origen político. Y no se priorizó. Y eso generó enormes dificultades.

Finalmente, porque en Colombia hay dos factores muy importantes para acabar el conflicto: por una parte, hay que debilitar las rentas ilegales —cocaína, minería ilegal— y, por otra, se requiere que haya una presencia integral del Estado en el territorio nacional. Es que hay dos Colombias: la del centro y la de la periferia. Y eso hay que terminarlo. Entonces, en síntesis, se requiere preparación de los equipos, una agenda de negociación bien estructurada, una presencia del Estado integral y un debilitamiento de las rentas ilegales.

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En 2011, la Comisión Primera de la Cámara se reunió en audiencia pública para discutir y evaluar las propuestas del nuevo marco legal para la paz. Al evento asistieron diferentes representantes del Estado, la sociedad civil y organismos no gubernamentales. Entre los asistentes estuvieron el exministro de Defensa del presidente Álvaro Uribe, Camilo Ospina, y Eduardo Pizarro Leongómez. Crédito: Colprensa.

CAMBIO: Pero ya el presidente dijo que no va a haber diálogo y que todos los grupos armados van a ser tratados como terroristas…

E.P.L.: Creo que es un gravísimo error, porque Colombia no es El Salvador. Allá, la Mara Salvatrucha o la Barrio 18 eran grupos urbanos que tenían muy afectada la población. Ya no se podía caminar por San Salvador, y los ciudadanos, desesperados con los ‘maras’, colaboraron con el Gobierno Bukele para terminar esas agrupaciones …

CAMBIO: Entiendo que tenían tatuajes que los identificaban… 

E.P.L.: Sí, pero aquí lo que tenemos son organizaciones con rentas ilegales muy poderosas que controlan fronteras marítimas y terrestres, y tienen vínculos con organizaciones criminales multinacionales, mexicanas o brasileras. Y ya está llegando a Colombia la mafia albanesa por la frontera con Ecuador.

CAMBIO: Y están mimetizadas entre la población. 

E.P.L.: Tienen intimidada a la población; en muchas ocasiones la tienen comprada; y están controlando territorios y rentas ilegales. Y lo digo en estos términos tan duros: autoridades locales, lo mismo que policiales y militares, están neutralizadas mediante el soborno. Es decir, el fenómeno colombiano requiere un tratamiento distinto al de El Salvador.

CAMBIO: Entonces usted opina que es un error suspender el diálogo…

E.P.L.: Digo que siempre hay que tener una puerta abierta para el diálogo.

CAMBIO: ¿Y qué implicaciones tiene declarar a esos grupos como terroristas desde el punto de vista, por ejemplo, de los Estados Unidos?

E.P.L.: El riesgo que corremos es que los Estados Unidos asimilen los traficantes de droga a terroristas para poder destruir, vía militar, las lanchas que transportan supuestamente droga hacia el mercado norteamericano, sin hacer detenciones ni juicios justos. Y eso le está generando serios riesgos a Trump y a su gobierno porque pueden ser juzgados por la Corte Penal Internacional, CPI. Por eso no quieren a esa Corte. Y si Colombia se abre a la posibilidad de la presencia de tropas estadounidenses en territorio nacional, en el marco de estas leyes que asimilan traficantes de droga con terroristas y les aplica la pena de muerte sin juicio justo, también puede ser llevada ante la Corte Penal Internacional.

CAMBIO: Se habla de que Colombia va a salirse de la CPI. ¿Pero un país puede salirse tranquilamente, sin más ni más, y decir ‘chao Corte’? 

E.P.L.: Hay un debate jurídico, porque la adhesión a la CPI tiene rango constitucional. Hay quienes argumentan que ello requeriría pasar por el Congreso de la República y dar dos debates durante dos periodos. Hay otros que argumentan que las relaciones internacionales son patrimonio del presidente y que él puede tomar una decisión unilateral. Yo no soy abogado. Pero en todo caso sería un gravísimo error: nosotros necesitamos la CPI como una espada de Damocles que les sirve a los actores armados para ver las consecuencias de persistir en la guerra. Pero también necesitamos una puerta abierta para lograr la paz. Las dos cosas son fundamentales para el país.

CAMBIO: ¿Y por qué De La Espriella quiere sacar a Colombia de la Corte? 

E.P.L.: Hay dos hipótesis. La primera: Estados Unidos está presionando a los países miembros de la CPI que hacen parte del Escudo de las Américas para que se retiren de ella porque esta ordenó la captura de Netanyahu por los crímenes en Gaza. Y también, pienso yo, porque Trump está muy preocupado por los 223 pescadores o traficantes de droga que han sido bombardeados, cuando la legislación internacional y nacional de los Estados exige su detención y juzgamiento. Y asimilarlos a terroristas es una arbitrariedad que va contra el derecho internacional. Por eso es muy posible que Trump y sus secretarios de Defensa y de Estado estén preocupados. Es que la Corte puede abrir un proceso por crímenes de guerra, incluso a países que no son miembros de esa entidad. Por ejemplo, Israel no es miembro y Netanyahu fue juzgado por crímenes de guerra. Rusia tampoco y Putin fue condenado por los crímenes perpetrados en Georgia.

CAMBIO: ¿Esa cercanía tan absoluta del Gobierno de Colombia con las políticas de Trump, adónde nos va a llevar? ¿Qué nos pasa si las elecciones de noviembre las ganan los demócratas? 

E.P.L.: Es una pregunta clave porque Colombia se está aislando a nivel internacional, por ejemplo, por haber reconocido la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, algo que solo lo habían hecho los Estados Unidos. Los Altos del Golán son de Siria y así lo declararon Naciones Unidas y toda la comunidad internacional. ¿Qué logró Colombia al reconocer los Altos del Golán? Nada. Que perdimos el apoyo de todos los países musulmanes y árabes y de buena parte de los del Tercer Mundo. Y cuando Colombia tenga dificultades en la ONU y necesite los votos de la mayoría, no los va a tener. Lo único que logramos fue ganarnos el aplauso de Estados Unidos e Israel, pero también aislarnos del resto de la comunidad internacional. Fue una muy mala decisión, pues Colombia tiene enormes problemas y necesitamos tener aliados en la ONU.

CAMBIO: ¿Qué puede haber detrás de esa entrega de Colombia a Israel? 

E.P.L.: Nos estábamos quedando sin fusiles Galil y con un fusil Jaguar que no pudo entrar en funcionamiento. Si uno mira el tema simplemente desde esa perspectiva, volver a tener relaciones diplomáticas con Israel es importante porque dependemos del fusil Galil. Además, los pocos aviones Kfir que nos quedan —el Kfir es un Mirage francés adaptado por Israel—, dependen igualmente de Israel. Y todos los mecanismos de comunicación de las Fuerzas Militares dependen de sistemas israelitas. Entonces la ruptura era muy perjudicial por la dependencia tecnológica de Colombia. Ese episodio nos deja dos grandes lecciones: una, que es importante obtener autonomía en la producción de elementos de campaña militar para no depender de un país. Y dos, que necesitamos tener relaciones con todos los países del mundo, sin alinearnos con un lado u otro. Nuestra política exterior debe ser sólida, multilateral y amistosa con todos los países, porque es muy costoso ese alineamiento.

CAMBIO: Se rumora que De la Espriella nos quiere sacar de Naciones Unidas. 

E.P.L.: Sería un gravísimo error salir de Naciones Unidas. Colombia es un país vulnerable debido al conflicto armado interno y a las amenazas contra su seguridad. Necesitamos una presencia sólida en la ONU.

CAMBIO: ¿El hecho de pertenecer al Escudo de las Américas implica que tropas estadounidenses y de los países miembros del Escudo pueden operar aquí tranquilamente? 

E.P.L.: Lo impactante es que quien anunció la posibilidad de actuar en territorio colombiano fue el secretario de Defensa de Estados Unidos. No fueron las autoridades colombianas. Eso es muy preocupante. ¿Somos acaso una colonia de los Estados Unidos para que el secretario de Defensa anuncie la posibilidad de desarrollar acciones militares en territorio colombiano?

CAMBIO: Vamos al tema militar, Eduardo. ¿Qué tan capacitadas están hoy las Fuerzas Armadas para dar la batalla que dice el presidente que va a dar? 

E.P.L.: Las Fuerzas Militares han tenido un serio debilitamiento en los últimos años: buena parte de los aviones Kfir están en tierra. Y estos son los adecuados para la defensa nacional en caso de que se afecte la seguridad externa. Y además tienen capacidad y flexibilidad para actuar en el conflicto armado interno. El que no se tengan estos aviones les permite a los grupos armados montar campamentos sin que tengan ninguna amenaza aérea. Colombia va a recibir los aviones suecos en los próximos años, pero durante largo tiempo va a haber ausencia de una capacidad de respuesta aérea frente a amenazas. Y esto no es bueno para el país. Todos los helicópteros, los rusos, por ejemplo, que son claves para el transporte de tropas, están en buena parte en tierra, y los sistemas de comunicación de origen israelí se están deteriorando. Colombia tiene que fortalecer las Fuerzas Militares, fundamentalmente porque sirven de factor disuasivo para el avance de los grupos armados. Y ahí surge un tema que no se ha discutido en Colombia: la presencia territorial.
Tenemos una pésima presencia territorial del Estado y de las Fuerzas Militares, porque gozamos de un Estado relativamente fuerte en el centro del país, pero con las fronteras marítimas y terrestres absolutamente vulnerables. Necesitamos una presencia más integral del Estado en Colombia, porque se están gestando enclaves o gobernanzas criminales en las áreas más vulnerables.

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El expresidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), Eduardo Pizarro Leongómez, fue el encargado de exponer el informe sobre la nueva generación de paramilitares que estaría operando en el país en 2007. Crédito: Colprensa.

CAMBIO: ¿Usted cree que se requiere más pie de fuerza? 

E.P.L.: Necesitamos fortalecer las Fuerzas Militares, pero fundamentalmente en las fronteras marítimas y terrestres más vulnerables del país. Hay que generar una idea distinta de cómo distribuir la fuerza pública por el territorio nacional, porque si no, las gobernanzas criminales en las fronteras y el control de rentas ilegales va a continuar indefinidamente.

CAMBIO: Me dicen algunas fuentes que el presidente ha dicho que necesita por lo menos 15 bombardeos en los primeros 100 días. Y los militares recibieron la orden con algo de sorpresa y se preguntaron: ¿bombardear, dónde? Los campamentos que tenían las Farc ya no existen. Ahora los grupos están muy insertados en la población, y tal vez esa presión puede terminar en casos inconvenientes, o pueden repetirse los ‘falsos positivos’. ¿Cómo ve eso? 

E.P.L.: Colombia no puede entrar en la dinámica de la guerra a muerte con ese tipo de llamamientos porque, como usted dice, la guerrilla hoy está dispersa. No hay grandes campamentos precisamente para evitar los bombardeos de la Fuerza Aérea. Y hay muchos niños en los campamentos. Y eso genera una reacción muy negativa de la comunidad internacional. Y puede afectarse a la población civil. Los bombardeos indiscriminados pueden ser enormemente negativos. Lo que necesitamos es un nuevo modelo de manejo del orden público, basado en el debilitamiento de las rentas ilegales, en una presencia del Estado más integral, y en el diálogo con la población campesina en las zonas productoras de coca para lograr que pasen hacia productos como el cacao. Necesitamos una política integral de orden público y no simplemente el llamado a la fuerza. Eso no va a dar resultado en Colombia y va a ser enormemente perjudicial.

CAMBIO: ¿Qué habría que hacer en territorios como el Valle o el Cauca? ¿Usted qué haría si fuera ministro de Defensa? 

E.P.L.: Si yo fuera el ministro de Defensa haría una revolución. Recuperaría la vocación de las Fuerzas Militares—Ejército, Fuerza Aérea y Fuerza Naval— en el control de la frontera marítima y terrestre del país. Le encargaría a la Policía Nacional proteger la seguridad en los centros urbanos y crearía una nueva unidad: una Guardia Nacional, como existe en Canadá y en Francia, para las zonas rurales. En este momento tenemos unidades adscritas a la Policía Nacional para el tema de la seguridad rural, pero habría que fortalecerlas como una verdadera Guardia Nacional, porque Colombia está siendo muy vulnerable por la presencia de los grupos armados ilegales en las fronteras. Y pongo solamente un ejemplo: Colombia tiene 12 fronteras marítimas y terrestres. ¿Cuántos países del mundo tienen eso? Muy pocos. Colombia tiene cinco fronteras terrestres —Panamá, Ecuador, Perú, Brasil, Venezuela— y siete marítimas que abarcan hasta las islas del Caribe. Y esas fronteras son de una complejidad enorme: casi todas las terrestres son amazónicas, donde los flujos ilegales son impresionantes. Colombia es una de las diez potencias mundiales en número de ríos navegables, y son autopistas de doble carril. Por un lado, salen coca y oro, y por el otro entran armas y explosivos. Y el responsable de cuidar los ríos en Colombia es la Infantería de Marina, que cuenta con 25.000 hombres que deben controlar a uno de los diez países del mundo más ricos en ríos navegables. 

Necesitamos un nuevo modelo de presencia del Estado en los territorios y un nuevo modelo de Fuerzas Militares. Necesitamos fortalecer la Infantería de Marina para controlar las autopistas de la criminalidad, que son los ríos, y necesitamos una Fuerza Naval mucho más poderosa para controlar los flujos criminales en el Atlántico y en el Pacífico. Colombia es un país muy vulnerable por su ubicación geopolítica, que es privilegiada. Es uno de los pocos países bioceánicos del mundo y ese es un privilegio geopolítico para el comercio mundial. Pero al mismo tiempo nos hace muy vulnerables para la criminalidad internacional.

CAMBIO: Usted es un gran conocedor del mundo militar. ¿Qué sabe del impacto que han tenido en las Fuerzas Armadas esas barridas que se han hecho? Petro hizo una barrida de 53 altos mandos, entre generales y almirantes. Y ahora De la Espriella sacó a 19 generales, más 9 almirantes y vicealmirantes…

E.P.L.: El impacto es terrible porque para tener un general se necesitan más de 30 años de formación. Un general ha pasado por cursos de formación en Colombia y en el exterior, ha aprendido las reglas del manejo militar… En eso no se puede improvisar. Decapitar de esa forma a las Fuerzas Militares es dejarlas sin un mando preparado. En el caso de Gustavo Petro tuvimos una experiencia muy negativa porque hubo una depuración muy grande de generales. Y coroneles que no habían hecho los cursos de ascenso para general comenzaron a ocupar cargos de carácter estratégico, sin haber tenido la preparación necesaria. Y eso debilita el mando. Por otra parte, hay sospechas de que bajo la administración Petro hubo nombramientos de carácter político, pues muchos coroneles que, por su hoja de vida, no tenían méritos para ascender, ascendían porque mostraban lealtad hacia el Gobierno. Entonces comenzó a haber cierta politización. Es lo que ocurrió en Nicaragua y en Venezuela, donde pasaron de ejércitos de Estado a ejércitos de partido. A mí me preocupa que este modelo de politización se repita. Ojalá que De la Espriella y el ministro de Defensa, el general Mora, asciendan a generales a los coroneles por hoja de vida, por sus méritos, y no por consideraciones de carácter político.

CAMBIO: Además está el antecedente de que objetaron la ley de meritocracia, aun cuando eso no aplica para los militares. Pero sí es sintomático.

E.P.L.: Es sintomático y muy preocupante, porque necesitamos un Ejército profesional, apolítico, que esté por encima de los partidos y que adhiera a los principios institucionales. Y una politización, sea de izquierda o de derecha, puede debilitar radicalmente a las Fuerzas Militares y ser algo muy dañino para Colombia.

CAMBIO: ¿Qué tal es el nuevo ministro de Defensa? 

E.P.L.: Conocí mucho a su hermano, el General Mora. Al actual ministro lo conozco muy poco. No puedo juzgarlo. Simplemente le plantearía la necesidad de mantener la tradición civilista, profesional, de las Fuerzas Militares de Colombia como un gran valor histórico, de modo que no caiga en la tentación de la politización y de convertir a las Fuerzas Militares, no en unas Fuerzas de Estado, sino de partido. Es que Colombia, después de Estados Unidos, es el segundo país del mundo por el número de presidentes electos. Eso, los colombianos, no lo reivindicamos suficientemente. Nosotros solo hemos tenido tres gobiernos militares desde la independencia: el de José María Melo en 1853, que duró siete meses. El de Rojas Pinilla de 1953 a 1957, y el de la Junta Militar de Gobierno de 1957 a 1958. Lo de Colombia es excepcional a nivel latinoamericano y, en buena parte, mundial. Esa tradición civilista de las Fuerzas Militares hay que defenderla porque es uno de los grandes orgullos de la institución militar. Cuando los militares se encuentran con sus colegas de América Latina en las reuniones periódicas de los ejércitos latinoamericanos, siempre reivindican su tradición civilista.

CAMBIO: ¿Cree que ella puede estar en riesgo ahora? 

E.P.L.: Puede estar en riesgo si hay una politización de las Fuerzas Militares; si hay una adhesión al Escudo de las Américas; y si hay una decisión de comenzar a utilizar métodos indeseables y criticables para la lucha contra la insurgencia y la criminalidad.

CAMBIO: Eso sería retroceder mucho tiempo. 

E.P.L.: Todos hemos sido críticos de la desviación de algunos miembros de la Fuerza pública en el tema de los ‘falsos positivos’, y de sus alianzas con los grupos de las Autodefensas Unidas de Colombia. Yo soy conferencista permanente en la Escuela Superior de Guerra y sé que los militares sienten vergüenza de que algunos de sus compañeros hubieran caído en esas prácticas ilegales. Creo que las Fuerzas Militares hoy han disminuido mucho las conductas que pueden afectar el campo humanitario. Cada vez hay menos denuncias de asesinatos fuera de combate o de prácticas ilegales. Hoy tenemos un Ejército que ha logrado abandonar, por parte de algunos de sus miembros, este tipo de prácticas. Sería un enorme retroceso que las hubiese otra vez en el futuro de Colombia.

CAMBIO: ¿Y cómo ve a la nueva cúpula militar?

E.P.L.: Hay que esperar a ver cuál va a ser su comportamiento. Tengo una enorme esperanza en que el carácter civilista histórico de las Fuerzas Militares se conserve y que ellas tengan la voluntad firme de no volver al pasado.

CAMBIO: Todavía no se ha nombrado la cabeza de la Dirección de Inteligencia. ¿Qué expectativas hay? 

E.P.L.: Ese es un tema complejo porque el presidente Santos, cuando tomó la decisión justa de disolver el DAS, creó la DNI, basado en el modelo inglés. En Colombia teníamos el modelo estadounidense, donde hay una multiplicidad de agencias que compiten entre sí para mostrar mejores resultados. Es un modelo de competencia entre la CIA, la DEA y los otros servicios de inteligencia. Y Santos, que había vivido años en Inglaterra, había estudiado el modelo británico que cuenta con el MI6, que centraliza toda la inteligencia británica y está bajo control de la Cámara de los Comunes. Entonces decidió replicar el modelo inglés y crear una DNI que recibiera información de todo el Estado. Pero Petro nombró personas que no tenían experiencia de ningún tipo y esto ha llevado a un desastre, porque nadie, ni el Ejército, ni la Fuerza Aérea, ni la Marina, ni la DEA, ni la inteligencia británica, que es extraordinaria, colaboran con la DNI, pues no les genera confianza. Así que Colombia retrocedió muchísimo debido a la politización y al nombramiento, como cabeza de la DNI, de un exguerrillero del M-19 sin experiencia. Entonces tenemos hoy una DNI con la cual nadie colabora.

Creo que, si el Gobierno actual, decide mantener la DNI, debería hacer un replanteamiento profundo y, sobre todo, recuperar la experiencia inglesa. Esa Dirección de Inteligencia tiene que estar bajo el control de la Comisión de Inteligencia de Senado y Cámara —como en Inglaterra, que está bajo la Cámara de los Comunes— y tener relaciones muy fluidas con los servicios de inteligencia internacionales, porque hoy ningún país del mundo, ni los más poderosos, puede escapar a la criminalidad global. Y necesitamos tener una gran relación con los servicios de inteligencia internacionales para luchar contra el lavado de activos, el tráfico de drogas, de oro, etc. Necesitamos una DNI que esté bien estructurada. Y hoy, desgraciadamente, ese no es el caso.

CAMBIO: Hablemos de narcotráfico. En alguna entrevista que le hice, usted dijo que es partidario de fumigar los cultivos de coca y ahora se espera que, de un momento a otro, los fumiguen. ¿Qué opina de eso? ¿Cómo va a ser la reacción de esas familias que viven de la hoja de coca?

E.P.L.: Primero, hay que diferenciar los cultivos campesinos de los ‘industriales’. Sería profundamente negativo fumigar cultivos campesinos de una o dos hectáreas. Ahí hay que privilegiar la sustitución de cultivos, con apoyo del estado, hacia el cacao u otros productos. Los cultivos ‘industriales’ de los grandes traficantes de droga que tienen cinco, seis, siete hectáreas, deberían ser fumigados con glifosato.

CAMBIO: Eso lo prohibió la Corte... 

E.P.L.: La Corte puso limitaciones a su uso hasta que no hubiese plenas garantías de que no afecta ni la salud ni los cultivos campesinos. En estos momentos, el glifosato fue aprobado por la Unión Europea (UE)  para usarse en parques y bosques, con el argumento de que, en dosis adecuadas, no es cancerígeno. Los lectores de Cambio pueden entrar a Google y poner: ‘glifosato, Organización Mundial de la Salud, cáncer’, y aparece que es tan cancerígeno como las carnes rojas. La Organización Mundial de la Salud lo que sí dice es que los precursores químicos que se usan para procesar la hoja de coca (gasolina, cloro, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico) son muy negativos para la salud.

CAMBIO: Y eso se transporta tranquilamente. 

E.P.L.: Yo le pregunté a un empresario colombiano de la industria química si usaba esos productos. Me dijo: “Sí, pero con gafas, guantes y vestidos especiales, en salones especiales. Si yo expongo a uno de mis trabajadores a usar el glifosato sin ninguna protección, puede contraer cáncer o dañar su sistema digestivo, o afectar sus ojos o su piel”. Lo que está matando a la población campesina en las zonas productoras de hoja de coca son fundamentalmente los precursores químicos. En el Perú ese debate ya está vivo. Pero en Colombia no hemos abierto esa discusión.

CAMBIO: Y ahí las afectadas serían las industrias multinacionales que los producen… 

E.P.L.: Que los producen y los venden sin control.

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"Un país en guerra no le da seguridad a nadie", aseguró Eduardo Pizarro en entrevista con CAMBIO. Crédito: Colprensa. 

CAMBIO: Otro tema dramático es el reclutamiento de menores. ¿Qué puede hacer el Gobierno frente a eso? 

E.P.L.: Se requiere que toda la política de seguridad tenga un alto componente social, porque en las zonas rurales muchas veces tenemos jóvenes sin futuro que son tentados a ingresar a los grupos armados ilegales ya que eso les da seguridad e ingresos para ellos y sus familias. Una política de seguridad sin una política social lleva al fracaso.

CAMBIO: Un punto fundamental para empezar a solucionar la situación de seguridad y de guerra en Colombia es entender el porqué del conflicto. Y ahora nombran en el Centro de Memoria Histórica al doctor Córdoba, que niega la existencia del conflicto, según dice la prensa. En la práctica, eso es negar que en el país hay 10 u 11 millones de víctimas. ¿Qué vamos a hacer con las víctimas, Eduardo? ¿Dónde las metemos? 

E.P.L.: El negacionismo que nos ofrece el nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica es profundamente preocupante, porque Colombia sufre el segundo conflicto más antiguo del mundo contemporáneo. El más antiguo es el de Israel-Palestina, que surge con la creación del Estado de Israel en 1948. El segundo más antiguo es el colombiano, que se extiende con el asesinato de Gaitán ocurrido el 9 de abril de 1948. Y cuando hay un conflicto de esas dimensiones, se necesita una gran reflexión sobre su por qué. ¿Por qué las disidencias de las Farc y el ELN son los únicos grupos guerrilleros que quedan en el mundo occidental? Terminó el conflicto en Centroamérica, en Guatemala con la Unión Revolucionaria Guatemalteca y en El Salvador con el Frente Farabundo Martí. Terminó el conflicto en Irlanda del Norte con IRA. Terminó el conflicto con ETA en el País Vasco español. Terminaron todos los conflictos en el mundo occidental, salvo el de Colombia. ¿Por qué?

CAMBIO: ¿Usted qué se responde? 

E.P.L.: Mi respuesta es que cuando hay un conflicto tan prolongado, la guerra termina siendo una forma de vida para acumular rentas, poder y reconocimiento público. Porque esos niños reclutados lo único que conocieron en su vida fue la guerra. Tenemos que pensar en Colombia: ¿Qué ha alimentado esa guerra? ¿Cómo se reproduce de manera permanente?

CAMBIO: Los poderes locales tienen mucho que ver con eso, ¿o no? De alguna manera, aunque no se puede generalizar, están mezclados con esas economías ilegales… 

E.P.L.: Absolutamente. Lo preocupante es que en muchas fronteras marítimas y terrestres las autoridades civiles y militares se benefician de grupos armados ilegales, por ejemplo, para destruir los bosques y la ganadería, o para explotar minerales como el oro. Y estas autoridades, además, utilizan a estos grupos no solamente para acumular riquezas, sino para acumular poder, porque influyen y determinan la conducta de los electores a su favor. Entonces tenemos una simbiosis entre grupos armados, grupos militares o policiales, autoridades y partidos políticos que se retroalimentan, y todos se benefician de la existencia de estos grupos armados. 

Y eso hay que romperlo. Las Fuerzas Militares deben hacer un gran esfuerzo para acabar con la corrupción de algunos oficiales y suboficiales en esas zonas que son fácilmente vulnerables al enriquecimiento ilícito.

CAMBIO: Nos falta un tema, Eduardo: el ELN. Cuando Maduro estaba en Venezuela, el ELN tenía su amparo. ¿Pero qué pasa ahora que en Venezuela está Trump?

E.P.L.: El tema del ELN es muy complejo porque ellos han estado negociando con todos los gobiernos desde 1991. Y yo he leído todos los de documentos de sus congresos y nunca, en ningún documento, ni en ningún congreso del ELN, se ha hablado de la dejación de las armas.

CAMBIO: O sea que nunca han tomado la decisión. 

E.P.L.: No, incluso en su último congreso, que se celebró en junio de 2024, tampoco plantearon esa tesis. Y el ELN no está en capacidad de acceder al poder por la vía de las armas. En Colombia, con 7.000 hombres, guerrilleros o milicianos, acceder al poder es imposible. El ELN se mueve estratégicamente de tres maneras: es una guerrilla binacional en defensa de la Revolución Bolivariana; es un componente del sur global en la lucha contra el imperio; y es una guerrilla de resistencia frente a la violencia estatal en los territorios donde tiene presencia en Colombia.

CAMBIO: Pero ya el primer punto se acabó: ya no hay defensa binacional de la revolución bolivariana, pues ya llegó Trump a Venezuela... 

E.P.L.: En el último Congreso, el ELN no se plantea transitar de las armas a la política, sobre todo por el fracaso del Partido Comunes, un partido que todos pensamos que iba a ser un fenómeno político y resultó un gran fracaso y hasta perdió su personería jurídica porque no obtuvo ni siquiera el 3 por ciento de la votación.

CAMBIO: Sin embargo, son 13.000 personas que dejaron las armas y están tratando de llevar una vida legal y de sobrevivir con el ‘rebusque’, como la mayoría de los colombianos. 

E.P.L.: Pero es una tristeza que el Partido Comunes haya perdido la personería jurídica. Es un golpe para la democracia. Sin embargo con respecto al ELN le hago este pronóstico: si mañana, por presión de los Estados Unidos, Venezuela expulsa al ELN, y por eso pierde toda su retaguardia estratégica, el ELN se va a ver en serias dificultades, porque una retaguardia estratégica es fundamental para un grupo armado, ya que representa tránsito de armas y de municiones. Y si el ELN pierde su retaguardia estratégica en Venezuela, se va a debilitar.

CAMBIO: ¿Pero por qué Trump no le ha exigido a la presidenta Delcy Rodríguez que lo haga?

E.P.L.: Mi pronóstico es que eso va a ocurrir muy pronto. Y me parece que ello, finalmente, abrirá la posibilidad de desarrollar una negociación exitosa.

CAMBIO: ¡Pero si De la Espriella dijo que no va a negociar y no va a dialogar! Bueno, Eduardo, le hago una última pregunta: usted que ha sido víctima de todas las violencias (a usted lo quisieron matar las Farc), ¿qué le diría al presidente De la Espriella?

E.P.L.: Que necesitamos mantener una política exterior multilateral, con relaciones con todos los países, para que haya un apoyo de todas las naciones a las necesidades de Colombia en Naciones Unidas y en otros organismos internacionales. Que no debemos alinearnos con un bloque porque eso nos va a aislar y no vamos a obtener beneficios. Que una salida puramente militar en Colombia puede llevar a excesos y fracasos. Que necesitamos tener siempre una puerta abierta por si hay grupos que decidan abandonar las armas. Que tener esa puerta abierta ha sido importante en los últimos años para disminuir la intensidad del conflicto. Y que necesitamos una sociedad más justa. Colombia no puede seguir siendo uno de los países más desiguales del mundo.

CAMBIO: Muchas gracias por esta entrevista, Eduardo. Muy interesante, pero muy preocupante también. 
E.P.L.: Muy preocupante el panorama. Hay que abrir un gran debate nacional para que tengamos un futuro más amable.

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