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Poder

La historia secreta de la salida de Mauricio Lizcano

Mauricio Lizcano saldría esta semana de la Secretaría General de Presidencia.

El secretario general de la Presidencia saldrá de su cargo en los próximos días. Perdió un pulso de poder con la jefa de gabinete, Laura Sarabia, y su retiro le abre el camino a un político desconocido, cuestionado y poderoso.

Por: Redacción Cambio

Mauricio Lizcano saldrá esta semana de la Secretaría General de la Presidencia por una razón tan inexplicable como la que lo puso en el puesto. Llegó al corazón de Petro quince días antes de la posesión y fue designado en el cargo que por años se consideró el más poderoso de Palacio. A su trayectoria electoral como representante, senador y presidente del Congreso; le sumaba una importante dosis de preparación. Recién llegaba de estudiar en las prestigiosas universidades de Harvard y MIT. Un congresista armó un gracejo con el nuevo papel de Lizcano: “Ahora MIT quiere decir manzanillo y técnico”. Dada su cancha política todo el mundo esperaba que fuera el hombre del “computador” de Presidencia, que apacentara a los congresistas, se entendiera con los directorios políticos y que tuviera el oído del presidente. Nada de eso pasó. La jefa de gabinete, Laura Sarabia, de apena 29 años de edad, politóloga de la Universidad Militar Nueva Granada e hija de un sargento mayor de la Fuerza Aérea, fue tomando discretamente las riendas de la Casa de Nariño y se convirtió en la médium para invocar la presencia de Gustavo Petro, quien tiende a aislarse incluso de sus ministros.

El pulso de poder entre Sarabia y Lizcano arrancó en los albores de la administración por una razón que parecía baladí: la oficina más cercana a la del jefe de Estado. Los dos querían el mismo lugar de trabajo, un espacioso aposento con grandes ventanales hacia la Plaza de Armas y el patio Núñez; y lo más importante con una puerta lateral que permite el paso directo al despacho presidencial. Mientras que todos los demás funcionarios deben llegar a la oficina del mandatario a través de un corredor central, al habitante de la privilegiada oficina no le toca anunciarse, le basta con abrir su puerta para encontrarse con el recinto de las secretarias ejecutivas suya y del presidente. Un paso más y queda frente al escritorio del mandatario. En todos los palacios la proximidad con el jefe de Estado es el símbolo más evidente de poder. En muchos casos ese poder se mide en metros o en yardas.

La pelea la ganó Laura Sarabia. Se quedó con el codiciado despacho y Mauricio Lizcano fue relegado al otro lado del corredor a la que históricamente ha sido la oficina de la secretaria privada, también muy importante pero de un nivel distinto a la Secretaría General.
Ese fue apenas la primera batalla de una guerra fría que había empezado años antes por cuenta de la mala relación entre Mauricio Lizcano y Armando Benedetti, el mentor político de Laura Sarabia. Hace nueve años Lizcano y Benedetti eran senadores del Partido de la U y los dos aspiraban a la Presidencia del Congreso. En una agitada junta partidista terminaron yéndose a los puños. Como resultado del incidente surgió un tercer aspirante, Iván Name, que se quedó con el puesto mientras que los dos contendores eliminados siguieron odiándose para siempre. El sinsabor que no se superó terminó heredándolo Laura Sarabia quien antes de trabajar con Petro fue miembro de la Unidad de la Trabajo Legislativo de Benedetti.

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