Un proceso de paz con el ELN: ¿Será el definitivo?

Crédito: Yamith Mariño Diaz

Gustavo Petro ha planteado la necesidad de iniciar negociaciones con esta guerrilla. Los expertos coinciden en que es un excelente momento, entre otras cosas porque el triunfo de Petro la dejó sin argumentos para continuar en armas.

Por: Maria F. Fitzgerald

Nuevamente se ha puesto en la agenda nacional el tema de negociar con el ELN. Así lo ha planteado el presidente electo, Gustavo Petro.

Desde junio de 2014, el ELN ha tenido varios intentos de negociación, tanto con el gobierno de Juan Manuel Santos, como con el gobierno de Iván Duque, pero ninguno ha funcionado. El de ahora tendrá que ser un diálogo distinto si Petro quiere consolidar el proceso y lograr la desmovilización. ¿Qué retos hay por delante para no volver a fallar?

La construcción de la confianza

“Hay varias cosas que tienen que pasar. Más que todo, tiene que haber un ambiente de confianza entre las partes. Esa confianza muchos creen que ya está, porque es Petro hablando con el ELN, pero yo no creo que sea necesariamente así”, asegura Kyle Johnson, cofundador e investigador de Conflict Responses (CORE). Para él, en este momento existe una especie de empate técnico; es decir, ningún lado le puede ganar al otro en caso de que continúe el conflicto. Por eso, justamente, el diálogo es urgente. 

Johnson señala que lo más importante será la voluntad de las dos partes. Sin embargo, considera que es necesario que sea un consenso mutuo, porque el ELN no tiene un proceso interno enfocado en alcanzar la paz aún, y eso podría hacer que una parte de la guerrilla no esté interesada en trabajar en un proceso de negociación que lleve a buen término. Con un factor adicional: el ELN es una guerrilla regional y binacional, lo que ha llevado a que ellos se crean más grandes de lo que son en realidad. Johnson considera que es importante que el gobierno y la guerrilla reconcilien sus visiones sobre el poderío real de los elenos y desescalar el conflicto en las zonas donde sí tienen poder. 

“La realidad evidencia que el ELN es uno de los actores más fuertes en las crisis humanitarias de muchas zonas. Sin embargo, es cierto que los Elenos consideran tener una visión política mucho más importante de la que en realidad tienen; por lo mismo, es bueno que de parte y parte se llegue a un consenso para la negociación”, afirma Johnson, para quien lo ideal es que ese proceso incluya a otros grupos armados, para que estos territorios no queden sometidos al poderío de una nueva autoridad irregular. Solo así podría alcanzarse una paz real. 

 

La influencia territorial 

“Al ELN no le interesa estar necesariamente en la política nacional, pero sí en la territorial, como ellos mismos lo han planteado. Ya lo sabemos por los diálogos anteriores, con el gobierno Santos, que esa es la política sobre la que quieren tener incidencia. Desde ahí puede partir mucho de lo que se negocie”, considera Naryi Vargas, analista en temas de seguridad.  

Una de las ventajas de una eventual nueva negociación, piensa ella, será que buena parte de lo que el ELN ha intentado trabajar antes ya está incluido en el plan de gobierno de Gustavo Petro, como la soberanía alimentaria, la recomposición de los términos de la extradición y la renegociación del TLC. Lo que queda por negociar es mínimo, en términos de aterrizar esas peticiones. 

Lo que sí se podría convertir en un tema álgido es el sistema preestablecido de justicia y verdad que ya se aplicó con las Farc: “Sobre eso siempre se dijo muy bajo la mesa que no se va a negociar otro sistema de justicia, verdad y reparación. El ELN tendría que llegar a acogerse a este sistema y no estoy segura de que ellos quieran ajustarse a esto. Y tendríamos que hacer varias preguntas. Por ejemplo: ¿va a existir otra Comisión de la Verdad?, ¿cómo se ajustarían a todo esto? Son detalles que tendríamos que analizar”.

Otra cosa que le preocupa a Vargas es lo que pueda exigir cada una de las facciones de esa guerrilla. Una cosa es el ELN en Arauca, donde han logrado capturar contrataciones, funcionarios de elección popular y economías ilegales –y lo que quedaría para ofrecerles sería mínimo–; y otra cosa es el ELN en otros territorios, en donde su poderío es menor y habría más espacio para negociar ciertas condiciones. 

 

Lo que se puede aplicar del Acuerdo de Paz con las Farc

Pese a que la experiencia es distinta, pues las reivindicaciones del ELN y las Farc son distintas y han tenido formas de actuar diferentes, los expertos aseguran que hay muchos aprendizajes que quedaron y que pueden ser aplicados en este nuevo proceso.

“Frente a los actores internacionales, ya tenemos experiencia de trabajo con los países garantes de los acuerdos. Ahora, lo importante es que los actores internos también trabajen por la paz en los territorios. Quienes podrían cumplir esta labor son los miembros de la Iglesia Católica”, piensa Andrés Aponte, investigador de la Fundación Ideas para la Paz y autor del libro “¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?”. 

Sin embargo, para Aponte, buena parte del éxito de este proceso pasará por entender que el desarme y la desmovilización no garantizarán que la guerrilla no vuelva a armarse. Así las cosas, sugiere la posibilidad de que sean admitidos en las Fuerzas Armadas. El conocimiento de los combatientes podría contribuir al control sobre ciertas zonas en conflicto que los elenos conocen a la perfección. Falta ver qué opinan los militares.

En lo que están de acuerdo los tres expertos es en que las condiciones están más que dadas para empezar a hablar, pues ya nadie quiere saber de conflicto armado. “La vía armada quedó deslegitimada con el ascenso de Gustavo Petro. Su victoria cambió la narrativa, fue una victoria de la Constituyente, que le dio cabida a las expresiones políticas múltiples. El país de los nadies y de las nadies le ha quitado las banderas al ELN”, concluye Aponte.