6 Mayo 2022

Los hombres detrás del paro armado

Dos son los cabecillas que se disputan el control del Clan del Golfo: alias Chiquito Malo, experto en el control del narcotráfico, y alias Siopas, líder del ala militar.

Por: Javier Patiño C.

Once departamentos del país están semiparalizados. Hay 150 acciones reportadas por las autoridades. Al menos 10 vías nacionales están bloqueadas. Doce homicidios han sido reportados. Ya se perdió la cuenta de los camiones y carros incendiados. Habitantes del sur de Bolívar, Santander, Sucre, Boyacá y Córdoba dicen que la presencia de la fuerza pública es mínima, cuando no totalmente inexistente. Semejante retrato es producto de un paro armado que supuestamente empezó para protestar por la extradición a Estados Unidos de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, jefe de la estructura criminal que parece superar  en tamaño, control territorial e influencia, las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que en su momento comandó Carlos Castaño. 

El paro armado deja imágenes de poblaciones aterrorizadas, viviendo un toque de queda con el comercio cerrado, con poblaciones patrulladas y controladas por hombres de civil portando fusiles automáticos y en algunos casos golpeando de manera inmisericorde, o disparando contra quienes se atreven a desafiar sus órdenes. Hasta hace unos días, en las evaluaciones de los organismos de seguridad el llamado Clan del Golfo, o los urabeños o Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), eran tenidos como bandas aisladas de narcotraficantes unidas bajo una razón social. Una especie de franquicia, donde cada capo local usaba la marca, ponía la bandera y pagaba un porcentaje del negocio a un pretendido comando central. Pocos analistas de inteligencia creían que estos criminales pudieran  tener una capacidad de control como la que han exhibido en una inmensa zona del país durante las últimas 72 horas. 

Como era previsible, el tema de la campaña presidencial ha sido mencionado en las amplias regiones donde se desarrolla el paro armado. Cambio conoció versiones encontradas en el sentido de que el paro está hecho para favorecer a un candidato o a otro. En el sur de Bolívar circuló durante la mañana del sábado un mensaje de WhatsApp amenazando a los potenciales electores de Gustavo Petro. Por otro lado, una fuente vinculada con una agencia de inteligencia estatal aseguró que existe una comunicación de Wilmer Antonio Quiroz, alias Siopas, en la que supuestamente manifiesta su simpatía por el candidato del Pacto Histórico. Es difícil saber qué tanto hay de realidad, y cuando de desinformación en estas versiones. Lo innegable es que el núcleo del Clan del Golfo está conformado por estructuras narcotraficantes residuales herederas de los paramilitares de Carlos Castaño, aunque también hay algunos exguerrilleros, incluyendo al propio Siopas. Sin embargo, los urabeños no se caracterizan por la fortaleza de su ideología sino por su voracidad por el dinero.    

Detrás de esta parálisis se esconden dos de los cabecillas que ahora están llenando el lugar que tuvo Otoniel: Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, y Wilmer Antonio Quiroz, alias Siopas.

Chiquito Malo

Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, fue integrante del bloque Bananero de las Autodefensas e ingresó al Clan del Golfo después de la desmovilización paramilitar en 2007, de la que no quiso hacer parte. 

chiquito malo
Alias Chiquito Malo

Tras las capturas de cabecillas como alias Marihuano y alias Nicolás, fue ascendió dentro de la organización por su conocimiento de las rutas del narcotráfico y sus contactos con los carteles mexicanos y europeos. Otoniel lo encargó de las finanzas de la droga, negocio que al final del día es la razón de ser de esta organización.
 
Rápidamente se convirtió en cabecilla de la zona de Urabá, donde ejerció el mando con mano dura, realizando extorsiones y generando el desplazamiento de cientos de familias, mientras contenía el ataque de la fuerza pública.

En la actualidad, bajo su mando tiene cerca de 300 hombres, encargados de manejar una red de exportación de droga con carteles mexicanos, italianos, españoles y balcánicos desde los puertos de Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, La Guajira y el Golfo de Morrosquillo.

En la actualidad, tiene bajo su mando cerca de 300 hombres, y maneja una red de exportación de droga a México, Italia, España y los Balcanes desde los puertos de Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, La Guajira y el Golfo de Morrosquillo.

Organismos de Inteligencia lo señalan también como el hombre que coordinaba el círculo de seguridad de Otoniel.

En marzo de 2018, el gobierno de Estados Unidos envió a Colombia una solicitud de extradición de Chiquito Malo por los delitos de producción y tráfico de drogas. Desde entonces, es uno de los hombres más buscados por la Policía.

En su contra hay cuatro órdenes de captura y una circular roja de la Interpol por los delitos de homicidio, desplazamiento forzado y uso de menores de edad para la comisión de delitos. El Gobierno ofrece una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos por información que permita su captura.

Siopas

Wílmer Antonio Giraldo Quiroz, alias Siopas, de 42 años de edad y nacido en Apartadó, Antioquia, fue integrante del frente 5 de las Farc, bajo el mando de alias Iván Márquez, con influencia en el Urabá antioqueño, Córdoba y Chocó.

En 2008 se desmovilizó pero continuó delinquiendo. Ingresó al Clan del Golfo por su experiencia en las labores de extorsión y guerra de guerrillas. Asumió la comandancia de la estructura Jairo de Jesús Durango Restrepo, que actúa en el suroeste de Antioquia  y Chocó.

Bajo su mando hay cerca de 400 hombres, que se disputan el control territorial con el ELN, lo cual ha ocasionado el desplazamiento de las comunidades indígenas y afros del Alto Baudó. 

Bajo su mando hay cerca de 400 hombres, que disputan el control territorial con el ELN, lo cual ha ocasionado el desplazamiento de las comunidades del Alto Baudó. 

Uno de los negocios más crueles que maneja es el de tráfico de personas que buscan ingresar a Panamá por las selvas del Darién, tratando de hacer su camino hacia Estados Unidos. Según información de agencias de seguridad, Siopas obliga a estos migrantes indocumentados a transportar cargamentos droga.

En su contra, hay tres órdenes de captura en Medellín y Chigorodó por los delitos de desplazamiento, reclutamiento de menores y homicidio. Por su captura, las autoridades ofrecen una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos.

La disputa por el poder

Para Andrés González, analista político, lo que va a ocurrir, luego de la extradición de Otoniel, es una lucha por el poder. “Con el jefe lejos del país, su sombra no será obstáculo para que los integrantes busquen tomar el control”. 

Lo que las autoridades se preguntan ahora es quién tendrá más aliento para dirigir el clan: si Chiquito Malo, por el poder que ejerce sobre el negocio, o Siopas, que ostenta el poder militar.

“La inteligencia tiene que actuar rápido para aprovechar la falta de dirección y capturar a los principales cabecillas, con el objetivo de que a la culebra no le salgan más cabezas”, opinó el analista militar Carlos Gaitán.

De igual manera piensa Pedro Fernández, profesor de la Universidad Central, y añade un detalle no menor: por primera vez, no hay ninguna persona de la familia Úsuga en la cúpula de la organización, lo cual puede generar un enfrentamiento entre los cabecillas del mismo clan.

El día que el gobierno de Iván Duque anunció la captura de alias Otoniel, el presidente, además de afirmar que se trataba del golpe más contundente al narcotráfico desde la caída de Pablo Escobar, dijo que con ese resultado "el Clan del Golfo llegó  a su final".  La terrible realidad del paro armado se está encargando de contradecir al jefe de Estado.