1 Agosto 2022

Así recuerda Beatriz Caballero a su hermano Luis

En 1995 murió Luis Caballero, uno de los pintores más arriesgados, fascinantes e importantes de la pintura del siglo XX en América Latina. Su hermana Beatriz, escritora y titiritera, desempolvó sus recuerdos y toda la información que ha recopilado como albacea de la obra de su hermano y escribió 'Luis, hermano mío', que acaba de publicarse en Colombia.

 

Por Eduardo Arias
Biografía, memorias, diario, álbum de fotografías… bastante de lo anterior se encuentra en Luis, hermano mío, libro de la escritora y titiritera Beatriz Caballero, editado por el sello Taurus (del grupo Penguin Random House), en el cual la autora plasma sus recuerdos del pintor Luis Caballero, que falleció en 1995.

Es un texto que sigue la línea de vida de Luis Caballero desde diversas miradas. La de la hermana, la de la espía, la de la historiadora, la depositaria del legado del artista que se ha encargado de recopilar y administrar la obra del pintor. Como ella señala en el epígrafe con que inicia el libro, “si Luis se llega a enterar de que estoy escribiendo un libro sobre él, me mata. O, quien sabe, a lo mejor se muere de la curiosidad”.

El libro está escrito de manera exquisita. Párrafos conmovedores donde aflora la complicidad de los dos hermanos en su manera de relacionarse con el resto de la familia y el mundo que los rodea se combinan sin ningún sobresalto con páginas que parecieran haber sido escritas por un biógrafo sin ningún vínculo sentimental con el artista pero apasionado por la huella que dejó.

'Releía un trozo, un capítulo, me ponía a corregirlo gramaticalmente, volteaba frases, recortaba o aumentaba con algo que encontraba en los papelitos que no había incluido, entonces se me desvolcanaba el párrafo, el capítulo, el orden de ideas y lo volvía a meter al cajón': Beatriz Caballero


Fotografías y reproducciones de dibujos y pinturas de Caballero ayudan a completar el perfil de un artista que llevó hasta límites extremos su pasión por la pintura y el dibujo.

Esa inmensa declaración de amor filial que está presente a lo largo de todo el texto todas las páginas del libro no son obstáculo para que aparezcan, y en gran cantidad, datos, fechas, nombres de galerías y museos. Y más importante aún, una nueva mirada sobre uno de los artistas más admirados del país.

Precisamente el miércoles 3 de agosto, en la Galería El Museo, de Bogotá, a las 2 p.m. se abrirá una exposición con obras de Caballero y a las 5 p.m. será el lanzamiento del libro, a través de una conversación de la autora con el periodista y escritor Sandro Romero Rey, quien así se refiere a Luis, hermano mío, en la contraportada del libro: “Las memorias de su hermana Beatriz Caballero se convierten en un complemento inesperado y necesario para la comprensión integral del misterio fascinante de su creación”. Para conocer mejor cómo se gestó este libro CAMBIO habló con su autora.
 

CAMBIO: ¿Cómo nació la idea del libro?
Beatriz Caballero: 
Poco a poco. Desde cuando se murió Luis hace 27 años yo me dediqué al manejo de su obra y de su archivo. La gente me hablaba de él, unos querían venderme cuadros suyos, otros comprarlos, otros saber cómo era él, de manera que yo empecé a vivir inmersa en él. Me acordaba de él todo el tiempo: de su risa, de su gusto por los chismes, de su inmensa generosidad, de todo lo que aprendí con él. Tuve que meterme en sus zapatos cuando algún inocente me traía un cuadro falso, (¿lo rompo?) cuando me pedían certificaciones de autenticidad (¡pero si yo soy titiritera!), cuando me pedían una contribución para la campaña de Álvaro Uribe (pero, ¿cómo?, ¿si él había ayudado a los palestinos?) o una autorización para hacer un afiche para la Liga Colombiana de Lucha Contra el Sida. Me leí todos los textos de los catálogos de sus exposiciones, textos suyos, entrevistas, y todo eso me fue llenando de él a tal punto que fui haciendo una lista de recuerdos, de épocas de su vida con la mía, de papelitos con frases suyas que fácilmente se fueron resumiendo en capítulos y en ganas de contarlo todo para que los demás supieran de él también. Al menos del Luis que me tocó a mí.
Aunque tenía una contradicción: lo que importa de un artista es su obra, no su vida personal. Luis lo dijo mil veces cuando querían esculcarle su historia íntima, su sexualidad. ¡Soy marica y qué!” publicó una vez el periódico El Espacio en primera plana y a cinco columnas, aburrido de tanta curiosidad morbosa. Pero es que la gente busca eso. Desde los niños que al terminarse la función de títeres se precipitan al escenario a mirar los muñecos inanimados detrás del retablo, y los grandes con los chismes de las revistas de la farándula, de la obra de teatro detrás de bambalinas. Por eso lo interesante de los “detrás de cámaras” de las películas. Se quiere conocer el truco, el secreto, el misterio, la verdad.
CAMBIO: ¿Por qué decidió emprender esa tarea?
B. C.: 
Tal vez yo caí en lo mismo, pero fue una necesidad. Primero lo escribí más o menos de un tirón, pero al leerlo me llené de dudas. Yo no soy experta en pintura, esto parece escrito por una niña de 12 años, desistí pero lo guardé en un cajón. A veces lo sacaba, lo releía y persistía en la misma impresión. Pero no podía sacármelo de la cabeza y le metía mano otra vez. Releía un trozo, un capítulo, me ponía a corregirlo gramaticalmente, volteaba frases, recortaba o aumentaba con algo que encontraba en los papelitos que no había incluido, entonces se me desvolcanaba el párrafo, el capítulo, el orden de ideas y lo volvía a meter al cajón.
CAMBIO: ¿Cuánto tiempo le tomó escribirlo?
B. C.: 
Llegué a tener hasta cuatro versiones de cada capítulo y era incapaz de discernir cuál era el bueno porque decía siempre lo mismo pero de otra manera y me enredaba con esa supuesta ventaja del computador de poder tener en pantalla varios textos a la vez, lo que me embrollaba aún más. Entonces le di a leer el texto a María del Mar Ravassa, editora, a quien le encantó y desde ese momento hasta el final me estuvo animando para que lo sacara adelante. Luego a Juan David Giraldo, también editor, quien tuvo la generosidad y la paciencia de coger el libro y escoger lo mejor de cada versión. Y así sí pude agarrarlo por los cuernos y hacer una versión final. ¿Que cuánto tiempo duré? Ni idea. Unos tres años, tal vez, y casi uno de espera a que la editorial lo publicara.
CAMBIO: ¿Cuál es el legado de Luis Caballero visto con la perspectiva del tiempo transcurrido?
B. C.: 
El legado de Luis es una gran obra, considerada de lo mejor del siglo XX en Colombia. Su visión personal de la belleza del cuerpo del hombre en la que encontró similitudes en los gestos del éxtasis del amor, con el éxtasis religioso y con los desgarramientos de la violencia. Su maestría en el dibujo. Su persistencia en encontrar “la imagen deseada”, en hacer “una obra necesaria”, en mantenerse firme en contra de la corriente, en reconocer sus influencias y llegar a ser único en el medio artístico del país.