8 Julio 2022

Rosemberg Sandoval: el desplazamiento visto desde el arte

Terminó hace pocos días en Gdansk, Polonia, una exposición del artista colombiano Rosemberg Sandoval que recogió buena parte de sus 'performances'.

Rosemberg Sandoval

Por Diego Garzón Carrillo
El artista Rosemberg Sandoval (Cartago, Valle del Cauca, 1959) ha vivido el desplazamiento en carne propia. También su familia, sus antepasados, como si ese flagelo hubiera sido una constante en generaciones enteras. Y en su obra Labriego, que hizo parte de la exposición en el Centro de Arte Contemporáneo Laznia, en Gdansk, Polonia, dispuso en las paredes 500 bolsas plásticas para hacer mercado y dentro de ellas un puñado de tierra. Cada bolsa tenía el nombre de un familiar suyo. La obra cobraba una connotación especial porque esa ciudad ha padecido el desplazamiento también permanentemente. Desde los tiempos de las Segunda Guerra Mundial hasta hoy, cuando cientos de ucranianos han llegado ahí para huir de la amenaza rusa. Cada bolsa podría ser una vida y, con ella, la tierra despojada.

Sandoval confronta al espectador con una realidad a la que siempre le tratamos de dar la espalda, pero de la que no podemos escapar cuando está dentro de un museo.


En ese espacio Sandoval realizó un performance junto a su esposa y su hijo. Ante la mirada de los espectadores, los tres, vestidos de blanco, ingresaron a la sala. El artista tendió un par de sábanas en el piso para que la mujer y el niño se acostaran sobre ellas. Al comienzo, rasgó pañuelos blancos en forma de quipu ancestral (nudos para los quechuas) y los puso sobre la cara de los dos. Después, rasgó sábanas para construir “una nube caótica de trizas de algodón” que iban pegadas a las paredes. Parecía una especie de cambuche, una casa improvisada, frágil, temporal. El blanco, como un color que alude a la pureza, parecía darle una “dignidad” a ese hogar hecho a medias.

Cada bolsa podría ser una vida y, con ella, la tierra despojada.


Como en acciones anteriores -algunas de ellas se pudieron ver en esta exposición en los registros de video- Sandoval confronta al espectador con una realidad a la que siempre le tratamos de dar la espalda, pero de la que no podemos escapar cuando está dentro de un museo. La construcción de una “vivienda” blanca “en vivodecanta la crudeza de la vida diaria y adquiere un carácter poético donde las reflexiones se asoman por todas partes.
Así ocurre, por ejemplo, en su obra Mugre, que tuvo su primera versión a finales de los años 90. Allí cargó sobre sus hombros a un habitante de la calle y entró con él a un museo. Lo llevó justo ante un panel blanco dispuesto sobre el piso y ahí acostó al hombre sosteniendo sus piernas con sus dos manos. A medida que lo movía, la espalda de Mugre iba creando un dibujo sobre esa superficie blanca.

Mugre
Labriego, de Rosemberg Sandoval.


Algo similar planteó en Baby Street cuando entró a un museo con un habitante de calle y comenzó a limpiarle el rostro, los brazos, los pies, con gazas y alcohol, en alusión a la fe católica, donde lavar los pies es un gesto de humildad, de servicio, tal y como lo hizo Jesús con sus discípulos en la última cena, aquí esa persona siempre vista con menosprecio, en un lugar “sagrado” como lo puede ser un museo, hace visible su humanidad.
Otro video que da testimonio de una de sus acciones más recordadas es Rose Rose, en donde Sandoval, vestido de blanco, empuña un gran ramo de rosas repleto de espinas. Las hojas, los tallos, van cayendo sobre una superficie “pura” y la sangre del artista también. La belleza de una rosa, metáfora de tantas cosas “bonitas” de la vida, refundida también en el sufrimiento y el dolor, ejemplificado en esas gotas de sangre.
El trabajo de Sandoval es extenso y siempre comprometido con la realidad colombiana. Es uno de los pioneros del performance en el país y su obra ha estado en varias ciudades del mundo. La exposición en Gdansk fue un gran homenaje a su trayectoria.