Transición energética no puede sacrificar crecimiento e inversión
2 Diciembre 2022

Transición energética no puede sacrificar crecimiento e inversión

En el foro “La ruta de la Transición Energética” organizado por CAMBIO, se ratificó la importancia de transitar hacia energías más limpias sin frenar la exploración de hidrocarburos. La ministra de Minas dijo que no habrá “un salto al abismo”, mientras que Ecopetrol anunció el primer bus del Sitp movido por hidrógeno.

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Colombia debe tomar acciones para adaptarse y mitigar los impactos del cambio climático y transitar hacia energías más limpias bajas en carbono, pero no debe cerrar las puertas a otros energéticos por los graves impactos fiscales y económicos para el país y porque ahuyentaría las inversiones hacia el sector.

Así lo consideraron expertos que participaron en el foro “La Ruta de la Transición Energética”, organizado por CAMBIO en alianza con la Universidad EAN, en el que se reiteró la importancia de promover el uso de energías renovables de manera ordenada, responsable y en los tiempos adecuados. 

El debate cobra relevancia por los anuncios del gobierno de acelerar la transición hacia energías limpias como la solar y eólica, disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles como el petróleo y el gas. Hay que señalar que Colombia tiene una de las matrices más limpias del mundo porque el 68% de la generación de energía proviene de las hidroeléctricas y cerca del 30% de plantas térmicas movidas por gas y carbón. Las renovables como la eólica y solar tienen menos de 2% de participación, pero se espera que aumente a 10% o 15% en los próximos años.

En el evento intervino la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, quien propuso hacer una transición energética pensando en la equidad y sostenibilidad, que sea gradual e intensiva en conocimiento “sin que sea un salto al abismo”. Para ello se están revisando los 381 contratos de hidrocarburos vigentes. De ellos 118 están en fase de exploración y 35 se encuentran suspendidos por problemas de licencias ambientales o conflictividad con las comunidades. 

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En cuanto a gas se revisa cuáles tienen recursos contingentes y se identificó que, con los contratos de Uchuva, Gorgon 2 y Sinú, el país podría abastecerse hasta el año 2037. “La transición energética será gradual y segura, queremos propiciar un pacto social y político para que se entienda su relevancia ambiental y económica”, dijo la ministra, al precisar que se fijaron seis meses de trabajo para establecer metas, hitos, recursos, tiempos y para el desarrollo del hidrógeno verde.

El gas, el combustible de la transición

En el foro, patrocinado por la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen) y con el apoyo de Isagen y Naturgas y los aliados EPM, Alcanos y T.EN Technip Energies, se insistió en la importancia del gas como energético de transición. Luz Stella Murgas, presidente de Naturgas, sostuvo que se debe hacer una transición justa y responsable con el bolsillo de los colombianos. El gas es un energético barato, que ayuda a reducir la pobreza, disminuir el impacto en el medio ambiente y cerrar las brechas de desigualdad.
 
Para Juan Benavides, investigador de Fedesarrollo, el gas está para quedarse y debe seguir siendo parte de la canasta energética del país ya que lo más importante es la seguridad y confiabilidad en el sistema y que se envíen mensajes claros para fomentar la inversión y promover el uso de nuevas tecnologías.

Por su parte, Francisco Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), consideró que Colombia no puede comportarse como un país europeo y no puede dejar de explorar petróleo y gas: “Estamos en el debate equivocado. No es incompatible seguir produciendo gas y petróleo y tener una matriz energética limpia”.

En ese sentido, Manuel Rodríguez, ex ministro de Ambiente, enfatizó que sería absurdo que Colombia realice un proceso de transición que sacrifique el crecimiento económico, al tiempo que cuestionó el compromiso de reducir en 51% las emisiones contaminantes al 2030 sin ningún condicionamiento.

“Diez países son responsable del 70% de las emisiones globales. Si ellos no resuelven este tema, no lo resuelve nadie”, afirmó Rodríguez quien citó un estudio de McKinsey que señala que para reducir a cero las emisiones en el 2050 los países en desarrollo tendrían que invertir el 10% del PIB”. Colombia, con tantas necesidades y con emisiones que solo llegan al 0,6% del total del planeta, tendría que hacer esfuerzos gigantescos para lograr este objetivo.
 

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Precisamente, crece el consenso entre expertos en torno a que el mayor aporte del país para reducir las emisiones contaminantes es combatir la deforestación (el año pasado se talaron 204.000 hectáreas), revisar los temas relacionados con la ganadería extensiva, la agricultura y otros usos del suelo, la industria manufacturera y el transporte. Las emisiones del sector eléctrico son menores y ahí no deberían centrarse los mayores esfuerzos. 

Para Natalia Gutiérrez, presidente de Acolgen, el tema no es la lucha contra el cambio climático, en el que todos están comprometidos, sino la velocidad de la transición y el costo que se debe asumir. Un costo que lo están sintiendo países europeos como Francia, que está con racionamientos energéticos, y Alemania que considera esa posibilidad.  

“Hay que darle más flexibilidad a nuestra matriz energética, que es limpia pero que tiene una gran vulnerabilidad al cambio climático. Es necesario superar los obstáculos que enfrentan proyectos que no han entrado en operación”, dijo Gutiérrez al llamar la atención sobre el impacto de la reforma tributaria porque desincentivaría la confianza de los inversionistas y generaría incertidumbre en las reglas de juego. “No podemos caer en la trampa de que nos pongan a escoger entre energías renovables y no renovables. Lo más importante es la confiabilidad del sistema y el abastecimiento de energía”.

Otro de los panelistas, Alejandro Mesa, socio de Baker & McKenzie, coincidió en que no se puede “macartizar” el sector de hidrocarburos y poner en riesgo las inversiones porque la plata del gobierno no alcanza para todo, mientras que Jorge Tabares, vicepresidente Financiero del Grupo Energía Bogotá, afirmó que se necesitan tres pilares para promover la inversión: el capital, el conocimiento y la tecnología y reglas de juego claras. “Tenemos las mejores empresas del mundo, está desarrollada la tecnología y los inversionistas esperan entrar a la fiesta, pero si Colombia no es competitiva se van para otros países”, anotó.   
 

Hidrógeno en transporte público

Uno de los temas que abordó el foro fue el desarrollo del hidrógeno, un energético en el que trabajan actualmente Promigas y Ecopetrol. Alejandro Villalba, vicepresidente de Operaciones e Innovación de Promigas, dijo que siguen con el proyecto piloto en las refinerías y destacó el hecho de que este energético se pueda utilizar en el transporte, por ejemplo, en la electrificación de vehículos de carga. Las compañías analizan el porcentaje de las mezclas de gas e hidrógeno y la resistencia de los oleoductos para transportarlo, teniendo en cuenta que muchas tuberías tienen más de 50 años de operación.

Ecopetrol tomó la delantera y le apuesta a negocios de bajas emisiones, entre ellos el hidrógeno para descarbonizar sectores responsables de emisiones contaminantes como el transporte de carga pesada, el marítimo y aéreo y la producción de cemento y acero. Yeimy Báez, vicepresidente de Soluciones de Bajas Emisiones de Ecopetrol, anuncio que la compañía, junto con Fanalca, pondrá en operación el primer bus del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) movido por hidrógeno, que tendrá una autonomía de 500 kilómetros y podrá recargarse en solo 18 minutos. 
 

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Este es un gran paso en el desarrollo de este energético para el que se le deben encontrar nuevas oportunidades de negocio. Así lo consideró Santiago Acosta, vicepresidente de Transformación de TGI, quien cree que el problema no es la tecnología ni producir hidrogeno, sino identificar los proyectos en un marco regulatorio que genere estabilidad para los inversionistas.

Por su parte, Clemens Muller-Falcke, socio de Mckinsey & Company, sostuvo que el mundo debe dejar de utilizar el hidrógeno gris para contribuir al objetivo de descarbonizar al mundo, e impulsar el hidrógeno verde que se produce con energías renovables. “El 7% de la demanda de energía va a estar en el hidrogeno verde por razones económicas”, dijo.

Tarifas de energía justas

En medio de este debate sobre la transición energética otro de los grandes interrogantes es cómo se van a beneficiar los consumidores, si la energía será más barata y si su suministro está garantizado. 

Luis Fernando Londoño, gerente de Comercialización de Isagen, afirmó que se necesitan tarifas justas, es decir, las que produce el mercado, con reglas de juego estables que permitan la sostenibilidad y confiabilidad del sector y pagar la inversión que hacen las empresas para mejorar el servicio. “No se pueden bajar las tarifas 20% o 30% cuando se requieren tantas inversiones. Al usuario final no se le puede mentir”, sostuvo.

Para Alexandra Hernández, vicepresidente de Asuntos Económicos y Regulatorios de la ACP, el energético más caro para los usuarios es el que no hay. Por eso dice que hay que revisar las metas de la transición porque no son realistas y se debe “apelar a los mangos bajitos”, es decir, al gas y a estabilizar las mezclas de biocombustibles.
 

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Por su parte, Carlos Orduz, vicepresidente de Generación de Energía de EPM, sostuvo que se necesitan señales claras para incentivar el suministro de energía porque de lo contrario nos quedaremos con un servicio muy costoso, al tiempo que reconoció como un triunfo para el país y para la ingeniería la entrada en operación de las dos unidades de Hidroituango, que le darán mayor confiabilidad al sistema. “Nos preocupa la sostenibilidad del sector y que no corramos el riesgo de tumbar el edificio para volverlo a construir”, aseveró.

En la confiabilidad juega un papel fundamental la entrada en operación de la línea de transmisión Colectora, en La Guajira y Cesar. Juan Diego Granada, director de Transición Energética de la Universidad EAN, reconoció la importancia de este proyecto porque permitirá incorporar al Sistema Interconectado Nacional (SIN) la energía eólica y solar del norte del país y continuar adelante con el proceso de electrificación del país. El proyecto tiene retrasos por las consultas previas con más de 200 comunidades étnicas.

Sobre este proyecto, el ex ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, indicó que los 2.400 megavatios de energía asignados en renovables no han podido entrar por la demora en Colectora. “En lugar de parques eólicos vamos a tener parques de ventiladores”, dijo. 

El debate de la transición energética apenas comienza. De las decisiones que se tomen en los próximos años se definirá la suerte de un sector clave para la economía y el bolsillo de todos los colombianos.

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