16 Julio 2022

La mansión inexplicable

Esta es la mansión de Luis Alberto Rodríguez a las afueras de Valledupar.

Crédito: Guillermo Gómez

El exdirector del Departamento Nacional de Planeación, Luis Alberto Rodríguez, no ha explicado de dónde sacó el dinero para construir una gigantesca casa en las afueras de Valledupar. CAMBIO la visitó y también la sencilla vivienda del barrio obrero donde creció el exfuncionario.

Por: Alfredo Molano Jimeno

* Este artículo contó con aportes periodísticos de Sebastián Nohra, Valeria Santos y Angélica Gómez. 

Luis Alberto Rodríguez Ospino tiene 35 años recién cumplidos, dos hijas, un carro, un apartamento en Bogotá, una casa de campo en Valledupar y un lío jurídico del tamaño de sus ambiciones. Hasta este fin de semana, muchos lo daban como el próximo contralor general de la república, pero terminó por fuera de la lista de elegibles por no cumplir los requisitos. Sin embargo, ese no es su mayor problema. Las declaraciones de renta y de bienes del exfuncionario muestran que sus ingresos declarados no permiten justificar su patrimonio y especialmente la mansión de Valledupar.

La casa de la que todo el mundo habla en el Cesar fue construida en un lote de 2.517 metros cuadrados que Rodríguez y su esposa, la influencer Andrea Lucía Olmos Aponte, compraron en febrero de 2019. El inmueble hace parte del exclusivo condominio Ecoforestal Monte Ameraum, ubicado en el kilómetro 2,5 de la vía Valledupar-Los Besotes. Un conjunto que se ubica entre el río Guatapurí y las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, justo al lado del Colegio Bilingüe de la Sierra, donde se educan algunos hijos de la élite vallenata. 

La casa en el aire

“La casa en el aire”, le dicen unos, “la casa blanca”, otros. También se habla de sus finos terminados. Con mármol italiano, un sistema inteligente que permite controlar las luces y cortinas con las palmas y comandos de voz. Sobre la piscina, cuentan que tiene una gigantesca tapa que al activarla se convierte en tarima para conciertos. Tiene ocho cuartos, terraza parrandera, grandes ventanales polarizados, planta eléctrica y garaje cerrado. CAMBIO le envió una comunicación a Luis Alberto Rodríguez para que pudiera dar cuenta de los detalles de su nuevo inmueble y otros asuntos, pero no contestó el mensaje ni las llamadas.

La atención nacional sobre la mítica casa coincide con las investigaciones periodísticas de Valeria Santos y Sebastián Nohra, de Blu Radio, sobre el saqueo de los dineros de paz. Un funcionario del Departamento Nacional de Planeación, Álvaro Ávila, director del Sistema General de Regalías y persona muy cercana a Luis Alberto Rodríguez, ha sido señalado por varios alcaldes de cobrar coimas para aprobar los proyectos. 

El origen familiar de Luis Alberto Rodríguez, a quien el presidente Iván Duque llama cariñosamente el “Pollo”, tampoco justifica la suntuosa propiedad. Es uno de los hijos del exgobernador del Cesar Lucho Rodríguez Valera. Un hombre oriundo de un corregimiento llamado Los Venados, que gozó de prestigio y poder político en el departamento, pero no dejó mayor herencia. “El Pollo es hijo de una relación extramatrimonial de Lucho Rodríguez con Estela Ospino, sin embargo, Luis Alberto no recibió nada de su padre. Ni siquiera lo conoció, pues Lucho murió en un accidente de tránsito el mismo día que Luis Alberto nació en Bucaramanga, donde por ese tiempo trabajaba su mamá”, narra un vallenato conocedor de la vida social del Cesar, y quien pidió mantener el anonimato porque asegura que “Luis Alberto Rodríguez es solo el canto de la soga que conduce a un enorme escándalo de corrupción que involucra a buena parte de la clase política vallenata”.

El hijo del barrio Obrero

Luis Alberto creció en el Obrero, un barrio popular de Valledupar. En una modesta casa transcurrió la infancia del aplicado estudiante del colegio Hispanoamericano. La educación de Luis Alberto, como la de su hermano por parte de madre, Guido Ruiz Ospino, y también la de su madre, corrió por cuenta de Francisco Leonel Ustariz Villazón, un transportador de material de construcción que acogió a la familia Ospino y financió sus estudios. 

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Francisco Leonel Ustariz Villazón y su hijo Éibar José, quienes acogieron a la familia de Luis Alberto Rodríguez. Foto: GuIllermo Gómez.

Don Francisco tiene 90 años, sale en las tardes a su porche para tomar la brisa de la tarde en una mecedora Momposina, donde nos dijo: “Acogí a Estela cuando estaba en cuarto de bachillerato, me dijo que no podía estudiar más, y la saqué arquitecta. A Lucho lo cogí yo de tres días de nacido y lo hice bachiller. Luego lo mandé a estudiar a Bogotá”, narra sin malicia, como si no supiera que hoy Rodríguez está en el centro de la tormenta. 

Don Francisco relata que hace un año no ve a Luis Alberto y que de su exitosa carrera nunca ha recibido ningún provecho, ni dinero, ni un detalle. Éibar José, el hijo de don Francisco, lo recuerda con cariño: “Él fue un niño muy inteligente y aplicado. Correcto en sus cosas. Para que estudiara en Bogotá lo apoyaron mi papá y mi tía, que con doña Estela juntaban lo que podían para que viviera”. Sobre la casa en Valledupar asegura que no vale sino 2.000 millones de pesos y que cree que la hizo con unos préstamos. 

Consultamos con un avaluador y varias fuentes que dicen conocer la casa para proyectar el precio. Los más conservadores aseguran que no pudo haber costado menos de $1.600 millones de pesos y los más entusiastas la estiman en más de 3.500 millones. Lo cierto es que estos montos no coinciden con el perfil de sus propietarios. Una pareja de jóvenes de 35 años que no pertenecen a las familias ricas del Cesar, que no recibieron herencias, ni tienen empresas. Jóvenes con apenas una década de vida productiva. Es cierto que a Rodríguez le ha ido bien profesionalmente pero sus declaraciones de renta de 2018 y 2019 muestran que su realidad financiera no cuadra con sus bienes.

En 2018, Rodríguez declaró a la Dian un patrimonio bruto de menos de 88 millones de pesos, deudas por más de 162 millones e ingresos de $174 millones.

En 2018, Rodríguez declaró a la Dian un patrimonio bruto de menos de 88 millones de pesos, deudas por más de 162 millones e ingresos de $174 millones. Su patrimonio líquido estaba en cero. Doce meses después, el Pollo era otro. Su patrimonio bruto fue de $1.303 millones de pesos (13 veces más que el del año anterior), sus deudas llegaron a más de $900 millones; sus ingresos por renta de trabajo se duplicaron hasta $486 millones y su patrimonio líquido quedó casi $400 millones. A juzgar por sus números, fue un año muy próspero para el director del DNP.  

En 2019 su patrimonio bruto fue de $1.303 millones de pesos (13 veces más que el del año anterior), sus deudas llegaron a más de $900 millones; sus ingresos por renta de trabajo se duplicaron hasta $486 millones y su patrimonio líquido quedó casi $400 millones.

Del 2020 encontramos su declaración de bienes y rentas y el registro de conflictos de interés que están obligados a presentar los funcionarios públicos. Aquí Rodríguez declaró, lo que podría ser una crisis en su flujo económico, pues apenas recibió $88 millones de salario, $31 millones por gastos de representación y $30 millones por honorarios. También registró que tenía dos pequeñas cuentas de ahorros, una con un millón de pesos y otra con diez mil pesos. También dijo tener un carro de $70 millones y acreencias con Colfuturo e Icetex, cada una por US$1.000 dólares.

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Un año más tarde, Rodríguez volvió por la senda del éxito. En el mismo documento público declaró ingresos por más de $221 millones, gastos de representación por $112 millones y aseguró que no gastó ni un centavo en arriendo. Ese año se ganó $21 millones de honorarios y su cuenta de ahorros, a diciembre de 2020, atesoraba $55 millones. En este registro figura una propiedad en Valledupar que Rodríguez tasa en $298 millones y un derecho a leasing habitacional en Bogotá por $750 millones. Sus acreencias en este año cerraron con $660 millones del leasing habitacional y $15 millones de deudas en la tarjeta de crédito.

Tanto esplendor no parece haber llegado a su progenitora que sigue viviendo en el barrio Obrero. Los vecinos de la casa del frente de doña Estela hablan con admiración de Luis Alberto, lo recuerdan como un muchacho estudioso y alegre. “Los hijos son el producto de la buena educación. Y eso recibieron de doña Estela, por eso les ha ido bien en la vida”, expresa Yusty Daza, quien lo vio desde niño correr por la calle 13 con carrera 12. Otro vecino se acerca para dar su opinión sobre el hijo ilustre del barrio Obrero: “Cuando él viene a visitar a la mamá, esta cuadra se llena de policía y nosotros nos ponemos felices de que llegue la seguridad al barrio. Él deja la camioneta en esa esquina y llega caminando a la casa a doña Estela”.

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Esta es la casa en la que creció Luis Alberto Rodríguez, ubicada en el Obrero, un  barrio popular de Valledupar.

El aterrizaje en la política nacional

Luis Alberto estudió economía en la Universidad Nacional. Recibió clases de algunos de los más destacados economistas y como buen vallenato su red de apoyo fue la gente de su región. Es el caso del exministro de Vivienda Jonathan Malagón, con quien Rodríguez se ha cruzado a lo largo de sus vidas laborales. Se conocieron en la Nacional, se encontraron de nuevo en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Luego trabajaron juntos en Asobancaria, en 2017, y con diferencias de por medio, se reencontraron en el gobierno de Iván Duque. 

Luis Alberto es conservador, como lo fue su padre, y  ha militado junto a Marta Lucía Ramírez. La persona que los presentó es el diputado Ricardo Quintín Quintero Baute, primo hermano del senador Alfredo Ape Cuello Baute. Todos del conservatismo y este último cuestionado por las irregularidades en el manejo de los recursos del Ocad Paz. “Quintín es la ficha que conecta a Marta Lucía y Luis Alberto. Ella lo llevó al poder nacional, a la precampaña con ella, a la campaña de Duque y al gobierno de los dos”, refirió un joven  vallenato que se mueve como pez en las aguas turbias de la política local.

“El Pollo fue director programático de los temas económicos en la campaña de Duque, donde aterrizó un buen grupo de vallenatos, el Ñeñe Hernández, asesinado en Brasil en un cruce de cuentas; Alfonso Campo, hoy director de la Unidad Nacional de Protección, y Daniel Palacios, financiador de la campaña y ministro del Interior”, detalla un conocedor. 

Lo cierto es que Rodríguez llegó al gobierno por la puerta de Marta Lucía Ramírez. Primero como asesor de la vicepresidenta y luego como viceministro técnico de Hacienda con Alberto Carrasquilla, quien vio en el joven economista potencial para que sirviera de pararrayos en los medios de comunicación para defender la reforma tributaria que encendió el país y sacó a Carrasquilla del gabinete. 

Una persona que conoció a Rodríguez cuando estaba en Asobancaria lo describe así: “El Pollo es un hombre de derecha, en lo político y en lo económico. De ahí su admiración profunda por el exministro Carrasquilla. Su devoción a él fue absoluta en el gobierno”. Entonces Rodríguez Ospino tocó la gloria. Deslumbrado por su inteligencia y su discurso, el presidente Duque, en septiembre de 2019, lo nombró director del DNP, “el más joven y promisorio de la historia”, se decía en Valledupar, donde hasta ese momento Rodríguez era un perfecto desconocido. 

Él no era nadie en el Valle. Nadie lo conocía. Es de esos vallenatos que se cachaquizaron, se fueron a vivir a Bogotá, a estudiar a Estados Unidos y que lograron poder en la capital. Aquí no se le conoce, solo ahora cuando vino a hacer cipote mansión se supo de él”, sentenció un contratista del Cesar que se conoce los engranajes del poder local.

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De este periplo en el poder nacional Rodríguez salió tan airoso, que se metió en la lista de aspirantes a contralor, de la que fue excluido este fin de semana. A juicio de otra fuente: “Luis Alberto se boletea por tres cosas. Porque hizo su casa en Valledupar, por darse boleta en parrandas con Silvestre Dangond y con Abelardo de la Espriella y por su ambición de querer quedarse en el poder siendo contralor general de la república. Ahí atrajo las miradas de los vallenatos, que somos envidiosos y bochincheros, y eso lo tiene con los focos encima. Si hubiera hecho esa casa en Barranquilla y se hubiera retirado a disfrutarla, estaría rascándose la barriga”, añade el prolijo narrador.

La casa de los Rodríguez Olmos ha llamado la atención por su tamaño y su opulencia. Lo que ha dado lugar, muy al estilo vallenato, a toda suerte de relatos y leyendas. El periodista Gonzalo Guillén escribió que la casa costaría dos millones de dólares y publicó un video realizado por el arquitecto sobre el proceso de construcción. En Valledupar CAMBIO constató con videos y fotografías que la casa ya fue terminada y que está en pleno funcionamiento para el descanso de sus propietarios, quienes en una parranda con Silvestre Dangond, amigo personal de la familia, la inauguraron.