25 Junio 2022

Lo que significa vivir sabroso

Foto: Reuters

Mábel Lara escribe sobre cómo muchos creen que vivir sabroso es holgazanear. Pero no. Vivir sabroso es vivir sin temor a ser asesinado, discriminado o estigmatizado, como lo ha sido la Vicepresidenta electa Francia Márquez.

A Francia Márquez la conocí en el año 2018, cuando los reflectores de todo el mundo la presentaron como la ganadora del Premio Internacional Medioambiental Goldman (Goldman Environmenta Prize), un reconocimiento entregado a los líderes ambientales en el mundo que trabajan por la defensa del territorio y la protección de los recursos naturales.

Recuerdo que Francia entró a la cabina de la emisora con una sonrisa de oreja a oreja y se dejó llevar con preguntas y contrapreguntas por las sendas de su vida, su proceso de comunidades negras y, especialmente, esa obsesión que tiene por la representación de su pueblo.

Francia Márquez nació en La Toma, vereda del municipio de Suárez-Cauca, a dos horas de Jamundí, en el Valle. Su población está ubicada en las entrañas de la cordillera Occidental e históricamente ha trabajado la minería artesanal para sobrevivir. Las comunidades que se asentaron allí tienen una connotación especial: son producto de los procesos de resistencia de la trata esclavista y el cimarronaje. 

En la época de la esclavitud, los negros del Norte del Cauca que trabajaron en las haciendas esclavistas sumaban cientos de personas bajo el dominio de la Iglesia y de familias como los Arboleda o los Chaux. Gran número de ellos participaron en la revolución de Simón Bolívar, José María Obando y José Hilario López, quien fuera el principal abolicionista de Colombia.
 
El espíritu beligerante de sus gentes permitió que solo allí, como en ningún otro lugar, los libertos mantuvieran sus apellidos africanos: Popó, Ararat, Carabalí, Lucumí, Possú, Viafara, Dinas y el Mina de Francia; todos se preservan como testimonio de las luchas por la emancipación. 
 
El espíritu de la sabrosura

Nuestras gentes han vivido allí históricamente sabroso. Cuando se saluda a las mujeres de Yolombó y La Toma y se les pregunta sobre su estado de ánimo, no dudan en reconocer que están bien: ‘Aquí sabrosito’ - responden.
 
Vivir sabroso, para la gente de Suárez y el Norte del Cauca, es poder levantarse a pescar, ir a la mina de oro de aluvión a buscar algunas “pepitas doradas” para pagar los útiles del colegio de los niños o comprar algunos alimentos. Vivir sabroso significa tener la tranquilidad de compartir en comunidad en una tierra donde todos son familia: la vecina es tía, los hijos primos, los abuelos autoridades mayores y se tejen hilos, no por la misma sangre que corre en sus venas, sino porque cohabitan como familias desde hace siglos. 
 
Vivir sabroso es vivir en paz, y cuando la nueva vicepresidenta hace referencia a ello, nos remite a las luchas que ha dado con su comunidad, con las mujeres, por la protección medioambiental debido a las amenazas que llegaron con la construcción de la represa de Salvajina, o la entrega de títulos mineros que hicieron que decenas de familias se desplazaran por la presencia de los violentos, quienes les exigían no pronunciarse contra las multinacionales que contaminaron las fuentes hídricas.
 
Vivir sin miedo a ser asesinado, perseguido o atacado es vivir sabroso. Que los niños en Colombia estudien lo que se les antoje, no como en el caso de Francia, quien se vio obligada a estudiar derecho en la Universidad Santiago de Cali porque ante el silencio del Gobierno Nacional, su pueblo le entregó la responsabilidad de defenderlos; gracias a ello, lideró una acción colectiva que permitió que las operaciones ilegales cesaran. Pocos saben y reconocen, por ejemplo, que el sueño de Francia no era ser abogada. En su adolescencia elucubraba con ser actriz o cantante, aún hoy, de cuando en vez deja sacar los recuerdos del arte para componer canciones a su río, a sus montañas, a sus ancestros y a esos ‘nadies’ que ha puesto en la escena principal de la política colombiana.  
 
Es ignorante, racista y misógino caricaturizar a una mujer olvidando de dónde viene, las luchas que la soportan, los lenguajes que la comunican y lo más importante: la sangre batalladora que la sostiene en pie. 
 
Los ataques a Francia Márquez, desde todos los espectros, están revelando las conversaciones que sostienen algunas familias colombianas en privado respecto a cómo se concibe a las mujeres negras. Francia ha llevado a las personas a concentrarse en la preocupación que les genera que una mujer afrodescendiente, considerada en la cotidianidad como un ser de menor valor, pase al centro de la dirección de la vida nacional y lidere el futuro del país. 
 
Como mujer negra del Norte del Cauca, celebro que por fin podamos sostener esta conversación. Que una figura como la de la vicepresidenta haya sacado de entre las piedras lo profundamente racista que es Colombia y que esté derribando los clichés de negación sobre las construcciones sociales derivadas de la esclavización, es ya un triunfo. El siguiente paso será educarnos en el concepto filosófico del buen vivir que recoge la visión del mundo centrada en el ser humano como parte de un entorno: la consecución de la calidad de vida y muerte digna, la satisfacción de las necesidades básicas; la convivencia en armonía con la naturaleza, la prolongación indefinida de las culturas humanas, en conclusión, el amar y ser amado, que para asuntos del capítulo de la historia que hoy estamos escribiendo, deberá titularse simplemente: vivir sabroso.