13 Abril 2022

El todo vale: la metamorfosis de Petro

Gustavo Petro Urrego es el candidato favorito en las encuestas hasta la fecha.

Crédito: Foto: Colprensa

Iván Moreno, César Gaviria, Luis Pérez. Análisis de hasta dónde es capaz de llegar Gustavo Petro en su camino a la Presidencia.

La visita del hermano de Gustavo Petro al condenado exsenador Iván Moreno, recluido en la cárcel La Picota, ha causado revuelo en el mundo político. No es para menos. Por más justificaciones y piruetas retóricas que los líderes del Pacto Histórico pretendan darle al asunto, lo cierto es que la charla entre el hermano del candidato y el hermano de Samuel Moreno, exalcalde de Bogotá también condenado por corrupción, es solo el más reciente en una seguidilla de episodios que dejan una cosa clara: para ganar la Presidencia, el Petro de hoy está dispuesto a lo que sea. 


Juan Fernando Petro reconoció el encuentro. Afirmó que no se trató de un “mandado” de su hermano, sino más bien de un esfuerzo autónomo para conversar sobre derechos humanos y políticas carcelarias. Se sabe también que, además de la audiencia con Moreno, tuvo charlas con otros políticos presos como Manuel Carebilla (exgobernador de Amazonas), Jimmy Díaz Burbano (exgobernador de Putumayo), Óscar Rodríguez y Javier Zapata (exgobernadores de Guainía) y Álvaro García Romero, conocido como “el gordo García”, entre otros. La cosa pudo haberse quedado de ese tamaño, pero cuando al candidato le preguntaron por el tema, en lugar de apartarse, dijo que se trataba de un ejercicio de “perdón social”. Sin embargo, en plena campaña por la Presidencia, la visita de un hermano del candidato puntero a personas tan cuestionadas deja más de un sinsabor. 

"A precios de hoy, la prioridad es ganar a como dé lugar y, así las cosas, cualquiera que llegue con votos debajo del hombro será bien recibido."

Hay en todo esto dos realidades que difícilmente pueden desligarse: 1) muchos políticos siguen manejando los votos desde la cárcel, 2) Petro ha sido criticado en esta contienda por recibir respaldos de personas cuestionadas.

La estrategia de Gustavo Petro en este 2022 es bien diferente a la de su campaña de hace apenas cuatro años. Aunque el mensaje político es el mismo, el modus operandi electoral en nada se parece al de 2018. En ese entonces, el líder de la Colombia Humana tenía un discurso que, además de ser atractivo, era cierto: “Por primera vez en la historia de este país toda la clase política está del lado del mismo candidato. Si votan por mí, y no por Duque, sacaremos del poder de un tacazo a las estructuras clientelistas tradicionales”. 

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde esas elecciones. Ahora, cargando sobre los hombros las lecciones de su derrota, Petro ya no parece estar dispuesto a quedarse por fuera de la Casa de Nariño por haberles hecho el feo a los apoyos de partidos tradicionales. A precios de hoy, la prioridad es ganar a como dé lugar y, así las cosas, cualquiera que llegue con votos debajo del hombro será bien recibido. 

Estamos entonces ante el resultado de una estrategia que se venía fraguando desde hace casi cuatro años. Petro, intuyendo tal vez que para hacer viable su aspiración iba a necesitar una estructura política sólida, fue muy hábil al presentar su apuesta como “pacto” y no como coalición. La figura, novedosa en la política colombiana, le permitió al candidato un inmenso margen de maniobra a la hora de justificar sus alianzas cuestionadas por escandalosas o incoherentes. Una coalición, como la que armaron en el centro y en la derecha, reúne a un grupo de personas que, aunque puedan tener matices, defienden un mismo modelo de país. En un pacto, en cambio, cabe cualquier persona que esté dispuesta a suscribirlo. 

Nadie se imagina que una coalición de derecha acepte en sus filas a un dirigente de izquierda, ni que en una de izquierda reciba a un conocido de líder de derecha. En el “pacto”, como se ha presentado, se recibe a cualquiera, venga de donde venga y piense como piense, con la excusa de que un pacto es precisamente un entendimiento político entre distintos. Desde que la figura del denominado Pacto Histórico empezó a imponerse en el juego electoral, poco a poco, manzanillos de siempre fueron llegando a la guardia petrista. El candidato, por su parte, ahora desfila por los micrófonos de los medios justificando todo aquello que en el pasado criticó. 

El principio del “Pacto”

La nueva apuesta electoral de Gustavo Petro se inauguró con el polémico aterrizaje de Armando Benedetti, el primer manzanillo en saltar. Se trataba de un hombre que ha enarbolado las banderas de Germán Vargas Lleras, de Juan Manuel Santos, de Álvaro Uribe o de cualquiera que esté de turno en el poder. A pesar de lo anterior, y de los varios líos judiciales que aquejan al senador costeño, Petro no tuvo problema en recibirlo. Benedetti traía votos y mecánica política. Eso era más importante que todo lo demás. Después llegó Roy Barreras, político hábil como pocos, quien tampoco se ha caracterizado propiamente por sus posiciones de izquierda. Roy, como Benedetti, ha militado más en partidos y gobiernos de derecha. 

Aunque en su momento la jugada fue polémica, Petro se tragó el sapo y los convirtió a ambos en sus principales escuderos. Benedetti es el amo y señor de la campaña y Barreras el “jefe de debate parlamentario”. Hay que decir que los dos han cumplido. El primero, además de ser su mano derecha, se encarga de llenar las plazas y organizar las manifestaciones a lo largo y ancho de país. El segundo, logró diseñar una estrategia para elegir la bancada de izquierda más grande que haya existido en la historia de Colombia. 

Dos procesos corrían de manera paralela: armar la baraja de candidatos a la Presidencia y conformar las listas al Congreso por el Pacto Histórico. Con la misma consigna, la de recibir a todo aquel que tuviera votos, se formaron unos equipos cuando menos improbables. Para la consulta Petro sí incluyó a políticos de su línea, como Camilo Romero. Pero también dejó entrar a personas como Alfredo Saade, pastor cristiano que no tiene ni media coincidencia ideológica con él. Incluso Francia Márquez, hoy fórmula vicepresidencial, tiene profundas diferencias con su ahora compañero de tarjetón. 

En las listas al Congreso pasó algo parecido. Varios compromisos previamente adquiridos con las bases del Pacto, y con la propia Francia, fueron quedando en el olvido. En la baraja se incluyeron candidatos con padrinazgos políticos y se les dio prioridad sobre los demás para así mantener alineados a quienes sí tenían votos. 

Los sapos

Para Petro el proceso de armar el muñeco fue difícil. Pero lo que vino después, buscar acercarse a los partidos, lo llenó de críticas, muchas de ellas provenientes de sus propias filas. En sus épocas de senador, Gustavo Petro había sido determinante en los debates sobre la Operación Oríon. Sin embargo, cuando estuvo coqueteando con Luis Pérez, tuvo que tragarse sus palabras. Empezó, entonces, una dinámica que se mantiene hasta hoy: matizar lo dicho en el pasado y echar mano de grandilocuentes comparaciones históricas para justificarse. Luis Pérez aún defiende la Operación Orión y hasta llegó a decir que la repetiría. No obstante, Petro sostuvo que a Pérez no le cabía responsabilidad en el episodio y justificó el intento de alianza evocando a Álvaro Gómez: “Si para la Constituyente Gómez pudo pactar con el M-19, que lo había secuestrado, yo por qué no puedo buscar un pacto con Luis Pérez”. 

Petro y Gaviria
Gustavo Petro y César Gaviria

Lo mismo pasó con los liberales. No han sido pocos los intentos de Petro por sumar al expresidente César Gaviria al Pacto Histórico. El candidato ha dicho, a pesar de las críticas de Francia Márquez, que esa sería una alianza programática y no burocrática. Aunque Cambio reveló que en uno de los encuentros Gaviria pidió los ministerios de Defensa y Hacienda para los liberales, Petro defiende sus acercamientos con el expresidente equiparando al Partido Liberal de hoy con el de los tiempos de Alfonso López Pumarejo y la revolución en marcha. Atrás quedaron sus reparos con Gaviria y sus críticas al modelo neoliberal que muchos le atribuyen.

Luis Pérez y César Gaviria fueron los más sonados. Pero la fórmula de la patraseada de Petro se ha repetido en más de una ocasión. El caso más reciente es el de Alfonso Prada, recién designado jefe de debate. El candidato lo recibió con los brazos abiertos a pesar de que Gustavo Bolívar, uno de los más cercanos consejeros de Petro, en un trino de hace unos años lo haya señalado como “el hombre que se robó el Sena”. 

Sería injusto cuestionar a Petro por sumar a su campaña nombres que le den piso político. Evidentemente no es el único. No obstante, no deja de ser interesante ver al candidato y a sus defensores usando su imaginación para inventarse fórmulas que permitan justificar alianzas con personas a las que antes criticaban tan duramente. 

El perdón social

Por más polémicos que resulten algunos de los apoyos que está recibiendo Petro, hay que decir que la mayoría de ellos obedecen al curso normal de cualquier campaña por la Presidencia. Lo que no salió bien fue la visita de su hermano a políticos presos y condenados por corrupción. 

"La jugada no se entiende. Si algo ha faltado en este país no es perdón, sino más bien sanción social, para los llamados ladrones de cuello blanco."

Juan Fernando Petro puede decir que esas visitas se hicieron a cuenta propia y que tenían un sentido puramente humanitario. Pero a este punto de la campaña es imposible que el candidato y su hermano sean percibidos como dos entidades independientes. Más aún, cuando Gustavo Petro salió a decir que con esas personas había que empezar un proceso de perdón social. La jugada no se entiende. Si algo ha faltado en este país no es perdón, sino más bien sanción social, para los llamados ladrones de cuello blanco. Para nadie es un secreto que en Colombia las personas que ostentan cargos públicos y terminan envueltas en un escándalo de corrupción, suelen salirse con la suya. 

Ellos no sufren los hacinamientos en las cárceles que les toca padecer a los reclusos de a pie. Y casi siempre gozan de privilegios que van desde celdas muy cómodas hasta salidas irregulares de la prisión. Como si eso fuera poco, abundan los casos de condenados que compran la guardia, hacen fiestas, tienen chefs personales, lujos propios de una mansión y encuentros con prostitutas cada cierto tiempo. Muchos de los políticos presos se siguen eligiendo en cuerpo ajeno y hacen de la cárcel su centro de operaciones políticas. 

Los hermanos Moreno están condenados por un hecho gravísimo: el carrusel de la contratación de Bogotá. Uno de los episodios más vergonzosos de la administración distrital. Nada tiene que hacer el hermano de un candidato presidencial promoviendo el “perdón social” en las cárceles en plena campaña electoral. 

Dicho esto, las críticas de otros candidatos presidenciales a Petro, aunque son entendibles, en ocasiones carecen de autoridad moral. En esta campaña, a diferencia de la 2018, no se ve un aspirante que, en cuanto a apoyos y adhesiones cuestionadas, pueda tirar la piedra libre de pecado.