16 Marzo 2022

Íngrid Betancourt: amigable descomponedora

Sean muchos o sean pocos los votos que Íngrid tenga bajo la manga, Fajardo va a necesitar que toda persona que se declare de centro vote por él para tener un chance de pasar a la segunda vuelta. Pero Íngrid no está dispuesta a dar un paso al costado.

Crédito: Colprensa

De rechazar las maquinarías a acercarse con el Centro Democrático. De conciliadora o contrincante. De árbitro a candidata presidencial. ¿Cómo la persona que llegó de Francia para salvar el centro se encargó de sepultarlo?

Por: Redacción Cambio

Tal vez cuando Angélica Lozano y Claudia López decidieron importar desde Francia a Íngrid Betancourt, con la única misión encomendada de unir al centro político, no supieron calcular lo caro que les iba a salir ese tiquete. Pasados ya unos meses desde que Íngrid aterrizó en Colombia, es preciso afirmar que, en lugar de sumar, el proceder de la ahora candidata logró acabar con la ilusión de muchos de construir un centro unido. 

La última jugada de Íngrid, la de acercarse al Centro Democrático, luego de rechazar sumarse a la campaña de Sergio Fajardo por invitación de Humberto de la Calle, vuelve a alejar al centro del Palacio de Nariño. Una opción que, pase lo que pase, de por sí ya se ve más que complicada. 

Para tener opciones, la única salida posible era que los dos candidatos de esa corriente que quedan, Betancourt y Fajardo, se unieran en un solo tiquete.

Y además de dinamitar el centro, acusando a varios de sus miembros de tener alianzas con maquinarías políticas, se encuentra en la búsqueda del aval del Centro Democrático. Este jueves, le confirmó a Caracol Radio sus acercamientos con el partido de gobierno: “si hay una voluntad de acabar con las maquinarias, que venga de cualquier nivel o espectro ideológico”, afirmó. El expresidente Álvaro Uribe le dio su visto bueno en su cuenta de Twitter: "Estoy agradecido con la doctora Ingrid Betancourt. Muy importante avanzar en el diálogo con ella, su equipo y el Centro Democrático". 

De hecho, en la mañana de este viernes, Alejandro Gaviria, quizá el más grande damnificado del cambio de actitud de Ingrid Betancourt, escribió en su Twitter las mismas palabras que le dijo en un debate de la revista Semana y el periódico El Tiempo, en enero pasado: "Hipócrita y oportunista". 

Hay que decir que al principio la idea no sonaba mal. Se trataba de una mujer que llevaba años alejada de la actividad electoral y que, precisamente por eso, inspiraba confianza entre todos los líderes del llamado centro. Como la propia Íngrid había repetido hasta la saciedad que no tenía ni el más mínimo interés en participar de la elección, era la persona perfecta para asumir el rol del árbitro imparcial en una pelea que no era fácil de solucionar. 

Cualquier análisis que se pretenda hacer sobre la crisis política que atraviesa el resquebrajado centro, necesariamente, tiene que examinar el papel que hasta ahora ha cumplido Íngrid Betancourt. O, más bien, los papeles. Ahí está el origen de todo. Lo cierto es que en los pocos meses transcurridos desde su regreso, la aspirante presidencial ha mostrado varias facetas. Los bandazos han sido tantos y tan frecuentes que, a veces, Íngrid pareciera haber adoptado múltiples personalidades que se adaptan en función de la circunstancia para sacar el mayor provecho posible. ¿Cómo pasó Íngrid de hacer las veces de madre Teresa de Calcuta a convertirse en la bomba atómica que dinamitó al centro político? La novela tiene tres capítulos: 

La madre Teresa

Antes de que Íngrid apareciera en el panorama, Alejandro Gaviria y los miembros de la Coalición de la Esperanza ya habían tenido un fallido intento de acercamiento. Para entonces, la tan mentada palabra “maquinarias” no era parte del debate. La manzana de la discordia tenía nombre y apellido: César Gaviria Trujillo. Aunque el exrector de Los Andes en ningún momento había aceptado formalmente el apoyo del Partido Liberal, las varias manifestaciones del jefe de esa colectividad y de sus parlamentarios en favor de su campaña daban para pensar que el partido del trapo rojo era el amo y señor de esa candidatura. Así las cosas, en su primer encuentro, Alejandro Gaviria fue a conversar con los integrantes de la coalición con ánimo conciliador. Sin embargo, todos los candidatos le dejaron claro cuál era el precio de la boleta de entrada: “Usted es bienvenido en estas filas si dice abiertamente que rechaza el apoyo del Partido Liberal”. 

Es imposible que Fajardo, a estas alturas del partido, dé un paso al costado para sumarse a la campaña de Íngrid.

El exrector, quien se había metido en la carrera presidencial con la idea de que, para hacerse viable, el centro no podía vetar a los partidos políticos, rechazó de plano la posibilidad de entrar en esas condiciones. La cosa había quedado de ese tamaño. Y fue ahí cuando Íngrid Betancourt llegó a imponer el “orden”. 

Coalición Esperanza

Su consigna era sencilla: “No voy a permitir que el centro se divida por cuenta de César Gaviria”. Íngrid dio una ronda de entrevistas a medios de comunicación para explicar que no iba a resignarse a que el exrector se quedara por fuera de la coalición, incluso si para lograr ese propósito había que llegar a acuerdos con el Partido Liberal.

Betancourt le declaró la guerra a la coalición que ella misma había ayudado a formar. incluso llegó a publicar un video para pedirles a los colombianos que no votaran en las consultas para no quedar atrapados en las “maquinarias de Alejandro Gaviria”. 

Pero la exsecuestrada fue más allá de eso. En entrevista con Semana, la entonces Madre Teresa dio declaraciones que podían confundirse con una apología al expresidente Gaviria: “¿Por qué tenemos nosotros que arrinconar a César Gaviria y acusarlo de los males de copartidarios cuestionados?”, “Esta es la hora de deshacernos de las maquinarias. Estoy convencida que si hay alguien que puede hacerlo en el Partido Liberal, es César Gaviria”, “hay un pensamiento liberal que está vivo y César Gaviria representa parte de ese pensamiento. Hoy él está en la posición de darle esta vez “el revolcón” al Partido Liberal, cuando más se necesita. Ya empezó a hacerlo, porque le apuesta a Alejandro Gaviria, que es lo más opuesto a cualquier maquinaria”, fueron apenas algunas de las frases que usó, todas ellas llenas de halagos, para referirse al jefe del Partido Liberal. 

Para nadie es un secreto que, cuando de maquinarias se trata, César Gaviria es el amo y señor de la manada. Su condición de manzanillo, pragmático y calculador, quedó más que demostrada con los resultados de las elecciones del domingo pasado. Pero en ese entonces Íngrid parecía no tener mayor problema con las famosas maquinarias.

La Íngrid del preultimátum, ultimátum y posultimátum 

Un día, sin que nadie lo esperara, Íngrid Betancourt decidió que se había aburrido de jugar el papel de árbitro. Una vez había logrado que Alejandro Gaviria fuera aceptado en el combo, se puso los guayos y las canilleras y entró a jugar a la cancha con los taches arriba. De un momento a otro, y sin consultarlo con sus compañeros de coalición, anunció que se lanzaba como candidata oficial a la Presidencia de la República. Atrás quedó entonces la Íngrid conciliadora, inmaculada y comprensiva. Una nueva era estaba por venir. En su primera aparición como candidata, en un debate televisado, Íngrid entró pateando el tablero. 

En el auditorio se podía percibir la sorpresa de sus compañeros cuando Íngrid soltó la bomba. Mirándolo a la cara, increpó a Alejandro Gaviria por haberse tomado fotos con los senadores Miguel Ángel Pinto y Germán Varón. La recién entrada en la contienda jugó sus fichas para poner contra las cuerdas al hombre cuya entrada a la colación ella había impulsado con tanto fervor. Al término del debate, Íngrid anunció un ultimátum, que no cumplió. Le puso un plazo perentorio a Alejandro Gaviria para rechazar los apoyos políticos que había recibido. El exrector dijo que no iba a permitir que le pusieran esas condiciones. Fue ahí cuando Íngrid decidió retirarse de la coalición con el argumento de que Gaviria había dejado entrar a las maquinarias. 

Desde entonces, Betancourt le declaró la guerra a la coalición que ella misma había ayudado a formar. incluso llegó a publicar un video para pedirles a los colombianos que no votaran en las consultas para no quedar atrapados en las “maquinarias de Alejandro Gaviria”. 

Íngrid, la empoderada

La salida de Íngrid de la coalición agravó una dinámica que ya venía creciendo. En adelante, los miembros de ese equipo dejaron de ser noticia por sus propuestas. Cada vez que la Coalición de la Esperanza aparecía en la prensa, era para registrar un nuevo agarrón entre sus integrantes. Aunque se daba por descontado que la pelea de Íngrid era solamente con Alejandro Gaviria, en cuestión de días la candidata amplió el espectro de sus enfrentamientos. Cuando puso el ultimátum que acabó en su salida de la consulta del centro, sus compañeros de coalición no quisieron tomar partido. Desde ese entonces Íngrid los declaró a todos objetivo militar. 

La lógica de su argumentación era que, como ninguno había rechazado las “maquinarias” de Alejandro Gaviria, el silencio los hacía cómplices de un sistema político corrompido. Aunque mucho se había especulado sobre su posible llegada como fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, Íngrid se adelantó a las elecciones y nombró coequipero al coronel José Luis Esparza, el militar que comandó la Operación Jaque que le devolvió la libertad. En entrevista con Cambio, Íngrid aseguró que Sergio Fajardo había perdido su confianza por aliarse con las maquinarias. 

Luego de los resultados del domingo, la candidata de Verde Oxígeno y Fajardo se reunieron a conversar. Poco tiempo después, Íngrid trinó que estaba dispuesta a recibir el apoyo de Fajardo, pero no a sumarse a su campaña como segundo renglón. Pero hay una realidad jurídica innegable. Sergio Fajardo es el ganador de una consulta entre candidatos de coalición. Por esto, la ley no le permite retirar su aspiración, a menos de que pague la plata de la reposición de los votos que obtuvo en la consulta. Es decir, es imposible que Fajardo, a estas alturas del partido, dé un paso al costado para sumarse a la campaña de Íngrid.

El centro llega a la primera vuelta debilitado por la modesta votación que obtuvo el domingo pasado. Para tener opciones, la única salida era que los dos candidatos de esa corriente que quedan, Betancourt y Fajardo, se unieran en un solo tiquete. No obstante, como eso en la práctica es un imposible jurídico, el camino lógico hubiera sido que Íngrid aceptara ser la fórmula de Fajardo. Eso ya quedó descartado. En las últimas horas Fajardo anunció que su fórmula será el exministro Luis Gilberto Murillo, un hombre que tiene todo, menos votos. 

Las matemáticas no dan. Sean muchos o sean pocos los votos que Íngrid tenga bajo la manga, Fajardo va a necesitar que toda persona que se declare de centro vote por él para tener un chance de pasar a la segunda vuelta. Pero Íngrid no está dispuesta a dar un paso al costado. Ella, ya dueña de su propio letrero, no está inclinada a adherir a nadie. Habrá que ver si Íngrid, que ya dejó a los demás en el camino, logra que Fajardo se arrodille a sus pies. Ahora, como dijo Betancourt el día que fue liberada, queda demostrado que la estrategia que edificó para quedarse con el centro fue “una operación perfecta”.