14 Marzo 2022

Sergio Fajardo: dueño de nada 

Sergio Fajardo presenció pasivamente el enfrentamiento público sin hacer nada para llamar al orden y retomar el sentido de la unidad. Las semanas que siguieron fueron de agonía y el triunfo de Fajardo no le devolvió la alegría irremediablemente perdida a la Coalición de la Esperanza. 

Crédito: Wilmer Huertas

Quizás nunca en la historia política de Colombia se había vivido un triunfo más amargo que el del ganador de la llamada Coalición de la Esperanza. Fue una larga carrera de errores en donde los líderes del centro acabaron con la esperanza de sus votantes y le abrieron el paso a la repetición de una película que el país ya vio en  2018. 

La moda de las tercerías llegó a la política colombiana de la mano de Antanas Mockus. Lo intentó en 1998 asociado con Noemí y Carlos Lleras de la Fuente para enfrentar a Horacio Serpa y a Andrés Pastrana, que a la postre resultó ganador. Con la fórmula patentada volvió a tratar en 2010 haciendo equipo con otros dos exalcaldes de Bogotá: Enrique Peñalosa y Lucho Garzón. La receta era relativamente sencilla. Consistía en hacer campaña juntos, no darse golpes bajos, privilegiar la visión de equipo sobre la figuración individual y proclamar que todos estaban dispuestos a cargarle la maleta al ganador. Todo lo contrario de lo que hicieron Sergio Fajardo, Alejandro Gaviria, Juan Manuel Galán, Jorge Enrique Robledo y Carlos Amaya. 

"Todo el mundo quedó inconforme con la lista pero el más insatisfecho era Alejandro Gaviria, que no pudo meter ni un renglón. Quizás pensando en compensar esa iniquidad el exrector empezó a recibir manzanillos en sus filas".

La historia de este desastre arrancó cuando a Angélica Lozano y a Claudia López se les ocurrió importar de Francia a Íngrid Betancourt para que actuara como amigable componedora y encontrara la fórmula para abrirle la puerta de la Coalición de la Esperanza a Alejandro Gaviria. La idea sobre el papel sonaba bien. La coalición representaba la despolarización. La forma de alejarse de los extremos y proponer un gobierno de equipo que juntara lo mejor de cada uno de sus jefes. Íngrid llegó a decir que incluso había que ampliar la coalición hacia el Partido Liberal y César Gaviria porque necesitaban a todos para vencer. Su primera meta era concretar la entrada de Alejandro Gaviria. 

Fajardo tenía desconfianza de Alejandro Gaviria por sus coqueteos con el jefe del Partido Liberal, César Gaviria. También cierto temor de que un recién llegado pudiera quedarse con el grupo que él llevaba años armando. Al mismo tiempo sabía que el exrector de la Universidad de los Andes le podía agregar frescura e interés a una coalición que ya no despertaba emociones y que venía desgastada por los cuestionamientos contra Fajardo, principalmente derivados del caso Hidroituango.  

"Apenas salían de la reunión cuando los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, que estrenaban la personería jurídica del Nuevo Liberalismo devuelta por la Corte Constitucional, decidieron armar tolda aparte en las listas de Congreso. Confiados en que el nombre de Luis Carlos Galán y el millón de votos que había obtenido Carlos Fernando para la Alcaldía de Bogotá serían suficientes para tener una bancada propia".

Por su parte Alejandro Gaviria se demoró mucho en dejar la rectoría y cuando por fin se lanzó al agua ya estaba pasado de punto. Quien más celebró su decisión fue César Gaviria porque veía en él una persona capaz de devolverle la vocación de poder a un partido que llevaba ocho años sin tener candidato propio y que hace 28 años, desde Ernesto Samper, no ha podido ganar una elección presidencial bajo la bandera roja. 

Alejandro Gaviria fue por unos días la novia más codiciada. Lo buscaba el Partido Liberal y le coqueteaba el centro. Lo malo es que jamás encontró la manera de combinar los dos pretendientes. Para llegar a la Coalición de la Esperanza tuvo que darle un portazo a César Gaviria y fue entonces cuando Íngrid Betancourt empezó a jugar el papel de amigable componedora. 

Apenas salían de la reunión cuando los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, que estrenaban la personería jurídica del Nuevo Liberalismo devuelta por la Corte Constitucional, decidieron armar tolda aparte en las listas de Congreso.
Apenas salían de la reunión cuando los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, que estrenaban la personería jurídica del Nuevo Liberalismo devuelta por la Corte Constitucional, decidieron armar tolda aparte en las listas de Congreso.

Por unas horas las cosas parecían marchar sobre ruedas. Se reunieron en el viejo barrio La Candelaria en algo que pretenciosamente llamaron cónclave. Firmaron dos hojas con unos puntos básicos de mecánica. Íngrid Betancourt ofició de sacerdotisa del matrimonio que no tuvo luna de miel. 

Apenas salían de la reunión cuando los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, que estrenaban la personería jurídica del Nuevo Liberalismo devuelta por la Corte Constitucional, decidieron armar tolda aparte en las listas de Congreso. Confiados en que el nombre de Luis Carlos Galán y el millón de votos que había obtenido Carlos Fernando para la Alcaldía de Bogotá serían suficientes para tener una bancada propia. 

Los Galán desestabilizaron la Coalición e incluso pasaron por encima dirigentes históricos del Nuevo Liberalismo como Iván Marulanda y el exfiscal Alfonso Valdivieso, primo del asesinado líder. Lo más grave es que los de centro entraron debilitados a negociar la conformación de la lista de Congreso con los verdes, nombre bajo el cual hay muchas tonalidades. Desde el verde Claudia, hasta el verde Petro, pasando por el verde Íngrid. 

"Tan desconcertante era la actitud de Ingrid como la de Alejandro Gaviria que había rechazado el millón y medio de votos del Partido Liberal para pagar su tiquete de entrada al centro pero que ahora aceptaba el riesgo por los 85 mil votos de Varón Cotrino y Pinto sumados".

La negociación de la lista estuvo a punto de acabar con la alianza. El jefe del Partido Verde se llama Carlos Ramón González, un exguerrillero del M-19 que antes de convertirse en verde hizo escala en el cuestionado Partido PIN, del parapolítico Luis Alberto Gil. González es más cercano al Pacto Histórico que a la Coalición de la Esperanza. El precio para mantener la unidad fue clavarles a varios alfiles del petrismo en la lista de los de centro, incluyendo a León Fredy Muñoz, llamado a juicio por la Corte por el delito de narcotráfico. Para evitar la ruptura, los de centro se tuvieron que tragar el sapo y aguantar el maltrato de González, incluso a Humberto de la Calle. 

Todo el mundo quedó inconforme con la lista pero el más insatisfecho era Alejandro Gaviria, que no pudo meter ni un renglón. Quizás pensando en compensar esa iniquidad el exrector empezó a recibir manzanillos en sus filas. Algunos, como Germán Varón Cotrino, quien fuera el hombre de confianza de Germán Vargas Lleras por muchos años, y otros francamente más complicados como Miguel Ángel Pinto, cercano al cuestionado Clan Tavera de Santander. 

Cuando parecía que era imposible aumentar el grado de complicación sucedió lo impensable: el árbitro se metió a jugar el partido. Íngrid Betancourt, hasta ese momento, la conciliadora del grupo, decidió correr por la candidatura. No se lo contó a nadie sino que sorprendió a sus compañeros de colación cuando se lanzó en una rueda de prensa. 

El debút de su precandidatura tuvo lugar en un debate en donde Íngrid trató de expulsar de la colación a Alejandro Gaviria por clientelista. Ella, que lo trajo y que afirmaba que había que abrirle la puerta incluso a César Gaviria, ahora lo rechazaba por su acuerdo con las maquinarias. Tan desconcertante era la actitud de Ingrid como la de Alejandro Gaviria que había rechazado el millón y medio de votos del Partido Liberal para pagar su tiquete de entrada al centro pero que ahora aceptaba el riesgo por los 85 mil votos de Varón Cotrino y Pinto sumados. 

Sergio Fajardo presenció pasivamente el enfrentamiento público sin hacer nada para llamar al orden y retomar el sentido de la unidad. Las semanas que siguieron fueron de agonía y el triunfo de Fajardo no le devolvió la alegría irremediablemente perdida a la Coalición de la Esperanza. 

Tuvieron todo para ganar e hicieron todo para perder. Ahora, como los equipos malos, solo pueden esperar un milagro que depende de los resultados ajenos. La única opción para Fajardo es que la derecha llegue tan dividida a la primera vuelta como el centro llegó a la consulta. Es decir, que Fico Gutiérrez, Óscar Iván Zuluaga y Rodolfo Hernández, persistan en su candidatura y que ninguno alcance los tristes 2.200.000 votos que sellaron este domingo la suerte de la fallida Coalición de la Esperanza.