12 Mayo 2022

¿Cómo afectó la pandemia a la juventud?

Crédito: Yamith Mariño Diaz

En todo el mundo se han prendido las alarmas por las profundas afectaciones que trajo la pandemia a la salud mental. Sin embargo, han sido los jóvenes de los países pobres quienes más han sufrido estas consecuencias. Los motivos: la inseguridad financiera y sistemas de salud precarizados, que no logran garantizar una buena atención.

Por: Maria F. Fitzgerald

“Fue como un baldado, no de agua fría, sino caliente, que me quemaba por todo lado y me hacía completamente insoportable estar conmigo misma”, asegura. Ella, una psicóloga de 32 años, dice que nunca antes había pensado en su propia salud mental, a pesar de su profesión: “Yo ya tenía una personalidad ansiosa y depresiva de base. Pero con la pandemia todo se agudizó. Al punto en que mi cuerpo dejó de reaccionar, para avisarme que mi mente necesitaba apoyo urgente”. 

La pandemia por covid-19 dejó secuelas en muchos niveles, pero hay una que, hasta ahora, estamos empezando a ver a plenitud. Las afecciones a la salud mental se han agudizado y ha sido la población más joven la que se ha llevado uno de los golpes más fuertes. Cuadros depresivos y ansiosos disparados, sistemas de salud en extremo insuficientes, estigmas alrededor de los tratamientos y tasas de suicidios que no paran de aumentar. Es un fenómeno global que, por supuesto, toca a Colombia y la poca conciencia sobre el tema ha causado que aún no lo asumamos en sus reales proporciones. 

Para empezar, es importante entender qué implica un trastorno a la salud mental, y todo inicia con un modelo que, desde la psiquiatría, se entiende como el modelo de vulnerabilidad-estrés. En este modelo, lo que se analiza es el supuesto de una predisposición a ciertos trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad, a nivel genético. Esto es la vulnerabilidad. Cuando esto se suma al estrés, que viene conformado por procesos ambientales que afectan a la persona y la detonan, se puede presentar un trastorno a la salud mental. 

Los factores externos que influencian ese estrés pueden venir de muchos lados: pueden ser biológicos, como ocurre con la infección por covid que, como se ha encontrado en diversos estudios, afecta profundamente al cerebro también. Así mismo, puede ser por procesos sociales, como el aislamiento que tuvimos que sostener durante la pandemia, que causó pérdidas, duelos y desconexiones sociales. 

Todo este panorama es explicado por el doctor Gabriel Oviedo, médico especialista en psiquiatría y psicoterapeuta, profesor del Departamento de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y médico del ala de psiquiatría del Hospital San Ignacio. Explica que, además, no es la primera vez en la historia que hemos tenido que enfrentar este tipo de afecciones luego de una pandemia: “se ha revisado el impacto psicológico de la cuarentena en otras epidemias que han afectado el planeta en el siglo XX, como la fiebre española en 1918, en la que murieron 50 millones de personas. Sabemos que en general han tenido un efecto negativo en la salud mental de las personas.  Se ha descrito una mayor prevalencia de ansiedad, duelos complicados, depresión, psicosis, insomnio, estrés postraumático y suicidios”. 

El doctor Oviedo señala que, para el muestreo actual y los estudios que han adelantado en la misma Universidad Javeriana, han encontrado que la población joven, que va desde los 18 hasta los 34 años, es la que ha tenido una afección más profunda y desproporcionada respecto a los otros grupos poblacionales. Seguido por una población incluso más joven, que comprende a los niños y adolescentes, quienes han tenido un incremento de cuadros ansiosos y depresivos del 65 por ciento, desde que inició la pandemia. 

 

Un fenómeno global en el que incide la pobreza

Sin embargo, Colombia no es el único país donde se ha visto este fenómeno. A nivel global las alarmas están encendidas. De acuerdo con un informe en The Lancet, un espacio de publicación de informes médicos que tiene especial énfasis en la salud mental, la proliferación de casos de afecciones a la salud mental que derivaron por la pandemia ha sido, hasta el momento, incalculable. El informe señala, además, que la derivación en autolesiones y suicidios ha sido especialmente fuerte entre personas jóvenes de países con bajos y medianos ingresos. 

Y es que justamente, según el informe, allí viene un factor complejo: los estudios de programas que puedan ayudar a la salud mental han sido comunes en países desarrollados, que han empezado a llevar procesos públicos de mitigación y atención en salud mental para sus ciudadanos. Ese no es el caso de países de medianos y bajos ingresos; entre ellos Colombia. 

“No. Ni el sistema público ni el privado tiene la  posibilidad en este momento de responder de manera más oportuna al acceso a la salud mental. No hay suficiente recurso humano y locativo, y nos encontramos de manera intermitente en emergencia funcional en salud mental (es decir, que no hay suficientes camas ni centros de atención de salud mental)”, asegura el doctor Oviedo para quien es una urgencia dar una respuesta efectiva, con medidas adecuadas a la hora de formular programas de atención, que den prioridad al manejo de los duelos y que haga especial énfasis en los grupos sociales más vulnerables. 

Para la psicóloga que sufrió profundas afecciones a su salud mental, es claro que empezó a recuperarse porque tuvo la posibilidad de acudir a atención particular. “Todo este tiempo fue ayuda privada. En términos de salud pública, de prepagadas, de EPS, la ayuda era mínima y no se daba ese aporte. Al menos en la parte privada era una videollamada, pero por ayuda pública era a duras penas una llamada que muchas veces no solucionaba nada”, asegura. Ella considera que también existe un claro déficit a la hora de conseguir atención, incluso ante procesos de urgencia como los que ella tuvo que atravesar. 

Recuerda cómo su cuerpo empezó a pedirle atención urgente: el vértigo, sentía la boca muy seca, sentía que no lograba respirar bien, además de sentir mucho susto por salir a la calle. Pero todo empezó a agravarse cuando ya notaba que ni siquiera le era posible estar tranquila dentro de su propia casa: “Tenía que irme agarrada de las paredes para poder llegar al baño porque sentía que me iba a caer. Empezó a dolerme tanto todo el cuerpo que incluso si me ponían una mano encima para acariciarme inmediatamente sentía un corrientazo de dolor en todo el cuerpo, y eso me generaba más ansiedad. Empecé a tener bajonazos de tensión, que nunca fueron reales, todo fue creado por mi estado emocional. Todo venía por una carga somática muy fuerte”. 

 

Crisis en aumento

A todo este panorama hay que sumar un factor adicional sobre el que aún no se han tenido suficientes procesos de atención y que preocupa mucho a los médicos del país: el suicidio. Durante 2021, Colombia tuvo un pico preocupante en casos de suicidio que llevó a que se registrara la cifra más alta de los últimos 10 años. Fueron 2.350 personas quienes decidieron quitarse la vida, de acuerdo con Medicina Legal. Fueron, en total, 447 mujeres y 1.903 hombres, entre ellos 255 menores de edad y 335 personas entre los 20 y 24 años. Este último fue el rango de edad con mayor cantidad de casos. 

El doctor Oviedo señala que todo esto puede venir de la serie de estresores que mencionamos al principio de este artículo, pero, además, a esto se suma que el confinamiento hizo más visibles problemas como: la violencia intrafamiliar, el consumo desmedido de psicoactivos, la limitación de las interacciones sociales y por lo mismo la pérdida de la proyección académica y laboral. Es una situación tan compleja que el doctor lo pone así: “el aislamiento tiene un impacto serio en las emociones humanas, tan  severo, que es un castigo flagrante en las cárceles, aislar a los presos por faltas o mal comportamiento”.  

Es por ello que tanto el doctor Oviedo, como la psicóloga de este caso, insisten en que es urgente empezar a crear programas de atención que permitan que todas las personas puedan acceder a cuidar de su salud mental. Pero, además, que es urgente perder el tabú alrededor de los diagnósticos que pueden ayudar a que, con un adecuado tratamiento, los desenlaces no sean trágicos. Ella asegura que justamente, recibir acompañamiento certero, la salvó: “A mí me medicaron y no pasó sino una semana cuando ya pude caminar, salir, pararme, sentirme bien otra vez. Eso me hizo sentir que muchas veces nos negamos a ver cosas que están ahí en frente por tabúes, por estigmas, y nos terminamos haciendo más daño”.