La sirena cantora
La suya no es política de izquierda ni de derecha, que según Petro ya no existen, sino “de la vida contra la muerte”. ¿Y quién va a estar en favor de la muerte?

La suya no es política de izquierda ni de derecha, que según Petro ya no existen, sino “de la vida contra la muerte”. ¿Y quién va a estar en favor de la muerte?
El presidente Iván Duque tiene una curiosa relación con la historia de su país, Colombia. Se nota que se la enseñaron en Washington. Y encima no la asimiló bien.
Ahora quiere Duque, de rodillas, como es lo habitual en la muy cantada “alianza estratégica” entre Colombia y los Estados Unidos, que estos declaren a la Venezuela de Nicolás Maduro “país promotor del terrorismo”, y lo castiguen en consecuencia.
Un periodista colombiano no puede concebir que nada exista sin que algo sospechoso o siniestro esté detrás. Suele tener razón. Es un titular inevitable.
A los norteamericanos, republicanos y demócratas revueltos, les encanta creerse los más fuertes, y por eso se embarcan en guerras de las que después, cuando empiezan a perderlas, no saben cómo salirse.
Los oficiales de la reserva activa del ejército, encabezados por el retirado (a) general Jorge Enrique Mora Rangel, expidieron un inquietante comunicado.
Este gobierno de Colombia se resiste a firmar el acuerdo ecológico de Escazú entre los países de la región precisamente por lo que tiene de bueno: el compromiso para la protección de la vida de los líderes ambientales de las regiones.
¿Con qué clase de gente se mezcla Álvaro Uribe? Y hay que preguntarse también: ¿Por qué han terminado asesinados tan numerosos testigos de las actividades de Uribe?
Anuncia el Comité del Paro, como un cualquier Álvaro Uribe, que hay que poner el ojo en el año 2022. Porque en Colombia todo, siempre, por grandes que sean la violencia y el caos (Duque lo pronuncia en inglés), todo termina en una elección presidencial.
Porque tal vez no haya habido en la historia de la Colombia independiente, si es que de verdad alguna vez lo ha sido, un gobierno tan torpe en sus relaciones internacionales como este de Iván Duque.
Pero la novedad es que este terco gobierno del presidente Iván Duque no promete. Y ni siquiera negocia para prometer. Las que desde el presidente para abajo llaman “conversaciones” o “diálogos”, solo lo son del gobierno consigo mismo. No cumple, sin haber prometido.
Al pobre presidente Iván Duque, a quien todo esto le queda grande, le corresponden las burlas. Y eso es sano: porque se dirigen al imbécil que accidentalmente dirige el Estado en este país.
Dice Bruce MacMaster, presidente de la Andi, que los nuevos impuestos que se consideran necesarios para sostener las finanzas del Estado se les cobren a ellos, los empresarios, y no a la gente corriente. Es, por fin, una buena idea.
Su jefe el “presidente eterno” Álvaro Uribe es más explícito, y pide más: invita a incitar a policías y soldados para que usen sus armas contra los manifestantes, y a que el gobierno saque el ejército a la calle. ¿Por qué no los tanques? Quiere más sangre.
Razones para la protesta hay de sobra. No solo las objetivas, creadas por la inequidad estructural de este país; sino las subjetivas, agravadas por la arrogancia del gobierno, encarnadas en su ciega y sorda reforma tributaria.
Las tropas de los Estados Unidos se retiran de Afganistán dejando a sus espaldas un país arrasado, cientos de miles de muertos “colaterales”, millones de refugiados y una guerra civil.
Este portal de Los Danieles en el que escribo después de haber sido expulsado de la revista Semana es uno de los últimos refugios de la libertad de prensa.
Hace apenas veinte años, la mitad del país estaba cubierta de bosques. Hoy esa proporción se ha reducido a un tercio. La deforestación avanza exponencialmente.
Duque propone la tercera reforma tributaria de su gobierno para recuperar de la clase media la plata que en las dos anteriores les regaló a los muy ricos y a las grandes empresas.