
Confirmado: Iván Cancino será ministro de Justicia en el gobierno de Abelardo de la Espriella
El abogado penalista, que hoy lidera el empalme del sector justicia, aceptó la propuesta que le hizo el presidente electo Abelardo de la Espriella y será el próximo ministro de Justicia. Una de sus primeras tareas será ejecutar la reforma que busca convertir esa cartera en un viceministerio adscrito al Ministerio del Interior. Pero ese será apenas uno de los desafíos que enfrentará al frente del sector.
Una de las primeras llamadas que hizo Abelardo de la Espriella tras ganar la Presidencia fue para una de las más carteras más sensibles de su gobierno: el Ministerio de Justicia. Según conoció CAMBIO, el presidente electo le ofreció el cargo a uno de sus hombres de confianza, el penalista Iván Cancino, quien hoy lidera el equipo de empalme del sector y ya aceptó asumir la cartera. La decisión tiene una paradoja: una de sus primeras tareas será liderar la reforma que convertiría el Ministerio de Justicia en un viceministerio adscrito al Ministerio del Interior, una fórmula que el nuevo gobierno estudia como parte de su plan para reducir el tamaño del Estado.
Hasta hace pocas semanas, Cancino repetía públicamente que su prioridad seguía siendo el litigio y que no aspiraba a ocupar un cargo en el Ejecutivo. Sin embargo, la transición cambió el panorama. Personas cercanas al proceso aseguran que el abogado se sintió cómodo al frente de la mesa de justicia y que ese protagonismo terminó por convencerlo de aceptar la cartera. Quienes lo conocen dicen que el penalista que durante años defendió que no dejaría los estrados ahora cambiará la toga por el despacho desde el que se diseñará la política de justicia del nuevo gobierno.

Cancino no heredará un ministerio de trámite. Tendrá sobre el escritorio algunas de las reformas más ambiciosas —y también más controvertidas— del gobierno de Abelardo de la Espriella. Entre ellas aparecen la implementación de la cadena perpetua para determinados delitos sin necesidad de reformar la Constitución, la construcción de megacárceles, la reestructuración del Inpec y el fortalecimiento jurídico de la Fuerza Pública, uno de los ejes centrales del discurso de seguridad con el que el presidente electo ganó las elecciones.
Pero esos no serán sus únicos desafíos. El programa de gobierno también propone revisar el futuro de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), endurecer el sistema de responsabilidad penal para adolescentes, fortalecer las herramientas de extinción de dominio contra las organizaciones criminales, ampliar las facultades de investigación de las autoridades judiciales y replantear la política criminal frente a fenómenos como el microtráfico y la reincidencia. A eso se suma la promesa transversal de campaña de acelerar los tiempos de respuesta de la justicia ordinaria, uno de los reclamos más frecuentes de los ciudadanos frente al sistema judicial.
Antes de sacar adelante cualquiera de esas reformas, Cancino enfrentará una tarea todavía más compleja: reorganizar el propio ministerio que encabezará. Como reveló CAMBIO, el equipo del presidente electo estudia eliminar el Ministerio de Justicia como entidad independiente y trasladar sus funciones a un viceministerio dentro del Ministerio del Interior, una fórmula que Colombia ya ensayó entre 2003 y 2011 y terminó desmontando porque no produjo los ahorros prometidos ni mejoró la coordinación institucional. La propuesta hace parte del plan de De la Espriella para reducir cerca del 40 por ciento del aparato estatal, simplificar la estructura del Ejecutivo y eliminar funciones que considera duplicadas dentro del Estado.
Ese paquete convierte la cartera de Justicia en una de las más complejas del próximo gobierno. No solo tendrá que sacar adelante reformas que previsiblemente enfrentarán un intenso debate en el Congreso y llegarán al examen de las altas cortes, sino administrar una política criminal que busca modificar algunos de los pilares de la justicia transicional y del sistema penitenciario. En el entorno del presidente electo creen que ese desafío explica la elección de Cancino: más que un administrador público, De la Espriella parece buscar un litigante curtido en los estrados, con capacidad para librar esas batallas jurídicas y políticas.
El empalme en el sector justicia
El equipo de empalme del gobierno entrante fue instalado el pasado 30 de junio en la Universidad Sergio Arboleda. El vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, bautizó ese ejercicio como un "Arca de Noé", integrada por más de mil participantes distribuidos en veintidós mesas sectoriales. La de justicia quedó bajo la coordinación de Cancino, acompañado por Margarita Araújo y Hernando Herrera, dos juristas que también participan en la mesa de Interior y Gobierno encabezada por Rodrigo Lara.
A esas reuniones se ha sumado además el exministro de Justicia Wilson Ruiz, cuya experiencia al frente de la cartera lo convirtió en una de las voces más consultadas durante la construcción de la hoja de ruta del nuevo gobierno. El perfil del equipo deja ver una apuesta distinta: menos académicos y más litigantes, abogados acostumbrados al funcionamiento cotidiano de la Fiscalía, las altas cortes y el sistema penal.
Que Cancino haya quedado al frente del empalme no fue un dato menor. En Colombia suele ocurrir que quien coordina la transición de un sector termina convertido en la primera opción para dirigirlo. En este caso, la coincidencia terminó confirmándose.
Las primeras piezas del gabinete
El nombre de Cancino no es el único que empieza a tomar forma dentro del gabinete. Rodrigo Lara fue confirmado para el Ministerio del Interior y tendrá la tarea de construir las mayorías del nuevo gobierno en el Congreso. En Hacienda estará Miguel Gómez Martínez, mientras que en las mesas de empalme también aparecen nombres como Fabio Arjona en Ambiente, Viviane Morales en Educación y el general (r) Jorge Mora en Defensa.
En ese mapa, la mesa de justicia tiene una particularidad: quien dirigió el empalme del sector será también el próximo ministro. La decisión obligará a Cancino a cerrar temporalmente una de las oficinas de litigio más reconocidas del país para asumir la conducción de una de las carteras más sensibles del nuevo gobierno.
El nombramiento convierte a Iván Cancino en el hombre llamado a ejecutar algunas de las promesas más ambiciosas de Abelardo de la Espriella. Tendrá que defenderlas ante el Congreso y las altas cortes y, paradójicamente, podría convertirse en el primer ministro cuya principal misión sea liderar la transformación —o incluso la desaparición como cartera independiente— del ministerio que acaba de asumir. Esa paradoja resume el tamaño del reto que tendrá por delante.
En todo caso, al Ministerio de Justicia también lo ubica en una cartera que, históricamente, ha servido de plataforma para algunos de los cargos más influyentes del sector judicial. El antecedente más conocido es el de Néstor Humberto Martínez, quien ocupó ese ministerio durante el gobierno de Ernesto Samper y años después fue elegido fiscal general de la Nación. En sentido inverso ocurrió con Alfonso Gómez Méndez, que primero dirigió la Fiscalía y luego asumió el Ministerio de Justicia durante el gobierno de Juan Manuel Santos. No es un tránsito frecuente, pero sí un antecedente que recuerda que esa cartera suele convertirse en una vitrina para los grandes debates del sector judicial.
Y, si el Ministerio de Justicia termina desapareciendo como cartera independiente, como lo estudia el nuevo gobierno, la Fiscalía podría convertirse en el siguiente escenario natural para un abogado que ya habrá pasado por el principal despacho de la política criminal del país.
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